Se ha estrechado vigilancia ciudadana en Cherán
MORELIA, Mich., 13 de mayo de 2011.- Lupita vende frituras en la plaza principal de Cherán; tiene dos risueñas y sorprendentes hijas de nueve años, gemelas, que hablan de la defensa de los bosques como algo natural; su esposo se dedica a la raspa de maguey para obtener aguamiel que venden al anochecer en la misma plaza.A Lupita se le ha hecho natural ver periodistas en los últimos días y platica a diestra y siniestra con Quadratín lo que acontece en su comunidad hoy en día.Sin embargo su desparpajo natural es representativo de una comunidad como la suya, donde la confianza hacia los visitantes, a quienes llaman “extranjeros” es casi inmediata, siempre y cuando se convenza a la mayoría, de que las intenciones de visitar Cherán no son malas, en el sentido de que pueda tratarse de un espía. Mujer indígena de 26 años, es muestra de la ideología que se ha forjado en las calles, en las barricadas, en las cuadrillas, en las 40 fogatas que existen al interior de la comunidad desde el 15 de abril pasado, día en que los comuneros de Cherán decidieron bloquear carreteras en exigencia de una solución que no llega, por más que las autoridades la anuncian.Derivado de ello, las barricadas en los puntos de entrada a la comunidad continúan desde que fueron instaladas hace casi tres semanas. Y con ellas, diariamente se prenden fogatas en cada dos cuadras y que duran toda la madrugada, como auspiciantes de las reuniones vecinales que día a día se llevan a cabo desde hace 28 días. La vigilancia se ha estrechado, y la circulación por el poblado se ha restringido en la noche y madrugada, siendo que los accesos a la comunidad se permiten sólo de seis de la mañana a seis de la tarde, previa auscultación en las mismas barricadas.La entrada del Ejército a la región sigue siendo la luz de esperanza que ven los cheranenses al final de túnel que están atravesando.A partir del conflicto se ha diseñado un calendario de actividades y responsabilidades en el cual todos los habitantes de Cherán están obligados a participar, so pena de recibir sanciones como el recoger leña para las fogatas, y del cual sólo están exentos los menores de 14 años, y en caso de negarse totalmente podrían ser acreedores de ganarse el menosprecio y retiro de apoyo de la comunidad.Dentro de las tareas asignadas, están las de vigilancia, cocina, recolección de madera para fogatas, mantenimiento y organización del poblado, que se van turnando para distribuir la carga entre todos los habitantes, y que van incrementándose conforme las fuerzas federales y estatales no hacen acto de presencia.“Es parte de nuestro sistema de protección que no podemos quitar porque no llegan los refuerzos que pedimos al gobierno. Las barricadas no se levantarán hasta que nos sintamos completamente protegidos”, advirtió “Juan José”, uno de los vigías en turno.Las quejas rondan en torno a que han sido falsos los anuncios de la llegada de agentes federales a la región. “Solo una vez vinieron helicópteros a darse vueltitas por 15 minutos. Las patrullas de la Policía Federal están bien lejos y los únicos que medio vemos son los policías estatales, que esos ni sirven porque cuando les hemos pedido su intervención no hacen nada”Mientras tanto Lupita enfatiza: “Ya estamos en esto ya no podemos echarnos pa´atrás. Es todo o nada porque ya se trata de nuestras vidas en peligro” expresa al tiempo que enfatiza un pensamiento que es común en los cheranenses hoy en día: “se viene lo más duro, porque no llega el apoyo de las autoridades y los abastos se nos acaban”.Dice que en la última asamblea comunal de representantes de los cuatro barrios de Cherán, celebrada ayer (todos los días celebran una) acordaron racionar al máximo los alimentos, pues las reservas comunitarias comienzan a faltar.La de Cherán es una comunidad paralizada a medias, aunque tiende a aumentar su parálisis gradualmente.Juan Santiago, líder de una de las cuadrillas de vigilancia, refiere: “Los que tienen que salir a trabajar a otros lugares ya cada vez lo hacen menos, y prefieren aguantarse a arriesgarse de que saliendo los vayan a levantar los talamontes en venganza de lo que estamos haciendo. La comida que nos han donado otras comunidades ya se nos está acabando y por eso dimos la orden de racionar lo más que se pueda”.Y aún cuando la comida empieza a escasear, un ´plato d frijoles, un tamal de harina, una gorda como le llaman a las tortillas, un arroz con leche, ó un taco dorado es ofrecido al visitante, cualquiera, sea reportero, sea vecino, sea compañero, sin tener pretexto para negarse a la cortesía.