Desesperadas por promesas incumplidas, familias de 20 michoacanos
MORELIA, Mich., 5 de junio de 2011.- Nueve meses han pasado ya desde la tragedia de aquellos 22 turistas michoacanos que salieron el 30 de septiembre del año pasado rumbo a Acapulco y que a la postre fueron asesinados por el crimen organizado.Han pasado los días, y las promesas de apoyo que recibieron las familias de los victimados se han quedado sólo en eso, en promesas. “No la Presidencia de la República ni el gobierno estatal han cumplido con lo que nos ofrecieron”, expresa Katy Rodríguez, la vocera de los familiares.Pero subraya: “no estamos pidiendo que mantengan a las familias afectadas. Lo único que queremos es que se proporcionen las fuentes de empleo para las madres de familia como se habían comprometido. Ahorita sólo se cuenta con terapias psicológicas y algunas despensas, pero no alcanza para sobrevivir”.Dice que la desesperación es tan grande, que las 20 viudas y los 43 niños que se quedaron sin padre siguen sufriendo estragos en su salud. Compartió que apenas ayer salió del hospital una de las viudas“Es una situación muy triste, muy desoladora, crece el dolor mientras pasan los días. Seguimos pensando que algún día ellos van a llegar. El Día de la Madre por ejemplo, todos estábamos reunidos y volteamos a la puerta esperando que en cualquier momento llegaran. Ahora que venga el Día del Padre no sabremos qué hacer”, platica Katy. Junto a ella, esta Mayra, esposa del contador público Víctor Manuel Corona, uno de los 20 asesinados.Mayra está realmente desesperada. La entrevista se lleva a cabo entre sollozos, entre múltiples nudos en la garganta que no le permiten hablar desahogadamente. Clama desesperadamente apoyo.“Prometieron muchas cosas pero no nos han resuelto nada. Yo soy huérfana, no tengo familia, no tengo trabajo, no tengo casa. Tengo tres hijos y mi situación es inaguantable. Sólo pido una plaza de intendencia, donde sea. Sólo se leer y escribir, pero creo que eso es suficiente para trabajar en intendencia”, expresa.Dice que sus hijos, Erandi, Víctor Manuel e Iris, de seis, cuatro y un año respectivamente, están padeciendo estragos en su salud al no contar más con la presencia de su padre.“Yo sólo quiero un empleo para poder mantener a mis hijos, fue parte de lo que nos prometieron y no nos han cumplido”, pide entre sollozos.