Hipólito, fan de Felipe Calderón
MORELIA, Mich. 23 de diciembre de 2014.- El fundador de los grupos de autodefensa abre su casa, el lugar que ha sido su resguardo durante más de una semana, luego del ataque armado donde murió su hijo, el hombre aún se le quiebra la voz al recordar el hecho.
Ahí apostados en las afueras de su hogar se encuentran al menos 15 hombres, algunos vestidos de policías ya que son elementos de la Fuerza Rural, cada uno porta su fusil de asalto y un arma corta.
Hipólito recuerda aquel 24 de febrero del 2013, el día que decidieron hacer frente a Los Templarios, una foto cuelga en la sala de su casa, en la que aparecen quienes lo siguieron, algunos de ellos ya están muertos, otros presos.
Se le pregunta aquel día que se levantaron en armas él dijo ser fan de Felipe Calderón, el ex presidente de México, por luchar contra el crimen organizado y nuevamente lo reitera.
Invita a este reportero a la cochera de su casa, y muestra un automóvil Ford modelo 84, gris, de dos puertas, la unidad dice don Hipólito es muy conocida en La Ruana.
En aquel viejo auto, en el 2007, lo llevó al municipio de Apatzingán, para que ahí él tomara un camión que lo llevara al Distrito Federal, dice que buscó un hotel y posteriormente se dirigió a los pinos.
“Soy fan de Felipe Calderón y no lo voy a negar, por todo lo que hizo” dice el hombre que perdió a su hijo en un ataque hace unos días.
Se autonombra “pendejo” porque ilusionado trató de ver al entonces presidente de México, recuerda que durante tres días estuvo en las afueras de Los Pinos esperando que por alguna de las puertas saliera el moreliano.
Dice que él quería gritarle lo que vivían en La Ruana, lo que hacían Los Templarios, sin embargo no logró nada, su ida fue en vano, su espera también.
A casi dos años, de que integró las autodefensas no se siente arrepentido, estaba consciente que iban a pasar muchas cosas, ahora afirma sentirse muerto en vida, por el dolor que le causa la muerte de Manolo, su hijo.
En el patio de su humilde vivienda, aún se encuentran veladoras encendidas, imágenes de la Virgen de Guadalupe y una fotografía de su hijo, es la señal del funeral de hace unos días, ahí donde hubo llanto, dolor y desesperación.