Festejar entre velas, cempasúchil y calabazas; el nuevo sincretismo
MORELIA, Mich., 02 de noviembre de 2015.- “¿No me da para mi calaverita?” gritan los pequeños disfrazados frente a una casa en cualquier rincón de Morelia. Las calles de nuestra ciudad se llenan de panes, catrinas, monstruos, máscaras, disfraces, dulces y gritos. El Centro Histórico de Morelia es un mosaico de cempasúchil, velas, papel picado y otras flores que enmarcan los festejos de Día de Muertos.
La historia de la humanidad está fuertemente ligada al culto a los muertos. Las culturas prehispánicas en México concebían a la muerte como parte de la vida, y estaba incluida en muchas de sus actividades cotidianas. Para los mexicas por ejemplo, el viaje a la muerte tenía que ver con el tipo de fallecimiento de la persona; los muertos en las guerras o las mujeres que morían por parto, iban a Omeyocan, paraíso del sol, que era gobernado por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. Cuando en el fallecimiento estaba relacionado con el agua, el viaje era a Tlalocan, reino de Tláloc, dios de la lluvia. Los que fallecían de muerte natural iban al reino de Mictlán. Y los niños, al morir, viajaban a un lugar llamado Chichihuacuauhco, donde estaba un enorme árbol nodriza que les alimentaba de leche.
Por otro lado, la fiesta católica de Todos los Santos y Los Fieles Difuntos aparece en el periodo que se da entre los años 827 y 844 de nuestra era, por órdenes del Papa Gregorio IV. Cuando los españoles llegaron a América, la conquista se dio por dos vías; a través de la sangre, en las cruentas batallas, y de manera ideológica, por el trabajo de los misioneros. Es por este último que llega el Día de Muertos a nuestro país, debido al sincretismo cultural. Con los años ha sufrido modificaciones, sin perder la parte espiritual, se ha hecho jocosa, alegre, cargada de esqueletos, sabores a pan y fruta, y con ingeniosas coplas llamadas calaveritas:
Llega la huesuda presurosa con su nota
Pide publicar de principal en Quadratín,
So pena de llevarse a la bandota
Le publican y sigue su viaje sin fin
El nombre de La Catrina para la figura de la muerte como un esqueleto elegante y sobrio, surge de Diego Rivera, quien la incluyó en sus obras. Sin embargo, en un periodo anterior de la historia de México, fue el grabador, ilustrador y caricaturista José Guadalupe Posada quien utiliza en sus trabajos de sátira y burla, la imagen de una calavera. Durante el Porfiriato y los gobiernos de Benito Juárez y Lerdo de Tejada, Posada dio vida a la “Calavera Garbancera”, en clara burla a las clases políticas y burguesas de la época. Hoy en día, La Catrina ha salido de la esfera artística y política para popularizarse por todo el país. Hay festivales, artesanías y desfiles dedicados a ella.
¿Y el Jalogüín?
La llamada Noche de Brujas o Halloween remonta sus orígenes a una festividad céltica llamada Samhain, que deriva de irlandés antiguo y significa fin del verano. Esta festividad se llevaba a cabo al final de la temporada de cosechas y era considerada como el “Año Nuevo Celta”, que comenzaba con la estación oscura.
La creencia de los celtas era que la línea que unía al mundo de los vivos con el de los muertos se estrechaba con la llegada del Samhain, permitiendo a los buenos y malos espíritus pasar a través de esa línea. Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras que los espíritus dañinos eran alejados, y se cree que por esta última razón se usaban trajes y máscaras, para ahuyentarlos.
En el año de 1840 el Halloween atraviesa océanos y llega a los Estados Unidos para quedarse. Fueron los inmigrantes de origen irlandés quienes se encargaron de transmitir versiones de la tradición. También fueron ellos quienes difundieron la costumbre de hacer los “Jack-o-lantern pumpkins”, que eran calabazas talladas con ojos nariz y boca, y con una vela dentro, inspiradas en la leyenda de “Jack el Tacaño”, una historia irlandesa sobre un ser que engaña al diablo y se queda vagando en la oscuridad del limbo con una linterna.
La popularización de esta fiesta viene hasta 1921, año en que se celebró el primer desfile de Halloween en la ciudad de Minnesota. Más tarde fueron incorporando esta celebración a otros estados, hasta que tomó suficiente fuerza para convertirse en una tradición nacional, como lo es hasta la fecha.
Hoy en día, en nuestro país, podríamos hablar de un nuevo sincretismo cultural, dado por las fiestas de Día de Muertos y el Halloween, que se celebran sin una clara diferencia entre las calles de nuestras ciudades. Ambas de orígenes distintos se tocan no solo en las fechas. Estas fiestas, sobre todo Halloween, son disfrutadas mayormente por niños. Habría que explicar a ellos la diferencia entre las dos, pero dejarlos disfrutarlas, porque ¿quién quiere privar de una alegría en medio de tanta situación complicada que vivimos en este país?