Dependen de Sahuayo municipios de Jalisco
SAHUAYO, Mich., 18 de marzo de 2015.- Pese a las diferencias en el desarrollo económico de los estados de Jalisco y Michoacán, los municipios fronterizos de ambas entidades comparten, historia, ventajas, ventajas, problemas y… no pocas paradojas.
Una de las más notables y curiosas es que en esa estrecha franja muchas mujeres jaliscienses migran a Michoacán para alumbrar, mientras no pocos michoacanos vienen a la vida en hospitales del vecino estado de Jalisco.
“Muchos de los habitantes de Tizapán llevan a sus mujeres a parir a Sahuayo porque aquí la infraestructura hospitalaria es totalmente insuficiente”, dice a Quadratín Ramón Martínez Morfín, presidente de ese municipio jalisciense que colinda con Cojumatlán de Régules, en la ribera del Lago de Chapala.
La revelación de Martínez Morfín coincide con la problemática del municipio michoacano de Vista Hermosa, que colinda con La Barca, Jalisco, en “donde nuestras mujeres tienen que irse a dar a luz en La Barca porque nuestro municipio carece de infraestructura y los vistahermosenses tienen que nacer en Jalisco”, señala Francisco Omar Corza Gallegos, alcalde del lugar.
Aun cuando ambos presidentes refieren problemas de infraestructura hospitalaria en ambos lados de la frontera estatal, el problema parece tener también profundas raíces culturales y comerciales.
En el caso del municipio jalisciense, la gente de Tizapán prefiere desplazarse a la ciudad de Sahuayo para atenderse, a pesar de que se encuentra 30 minutos más lejos que Guadalajara, la capital del estado, que cuenta con una amplia infraestructura para la atención médica.
El alcalde del próspero municipio jalisciense explica que la preferencia de sus habitantes obedece a que una gran parte de la economía de Tizapán históricamente ha dependido de Sahuayo, y esa dependencia ha creado profundos vínculos entre ambas comunidades.
Desde hace muchos años la gente de Tizapán se abastece de productos michoacanos que los comerciantes de Sahuayo llevan al municipio jalisciense todos los domingos cuando se despliegan en el tianguis semanal, uno de los más grandes y diversos de toda la región.
Es tal la diversidad de la actividad económica de los michoacanos de Tizapán que “a mí me hace mi ropa un sastre de Sahuayo que viene a trabajar todas las semanas”, dice el alcalde jalisciense luciendo una fina chamarra verde de lana, pantalón gris de casimir y camisa de algodón blanca elaborados, todos, con material y manos michoacanas,
Para arraigar a su gente al territorio, Martínez Morfín ha hecho crecer la clínica local, en donde un cuerpo de seis médicos cirujanos realiza más de 160 consultas diarias, incluidas algunas cirugías.
“Pero, mire, no nos damos abasto y la gente sigue yéndose a nacer a Sahuayo. Por eso he insistido en traer un hospital a Tizapán, pero hasta ahora no lo he podido lograr”, señala con franqueza el edil jalisciense.
De partidos y orígenes diferentes, el también ribereño municipio de Vista Hermosa, en Michoacán sostiene el mismo discurso y enfrenta idéntica problemática. Y, como el alcalde jalisciense, señala que no ha podido lograr detener este curioso fenómeno de migración y muchos de sus ciudadanos siguen naciendo en Jalisco.