La palabra significa, no se interpreta/Santiago Heyser
Con la afirmación: “La palabra significa, no se interpreta”, mi nieta Maia de siete años me dio otra sorpresa de cómo está siendo educada.
Esto viene a colación porque en la visita que le hice a Santiago, mi hijo, para compartir un seminario sobre Coaching Life me encontré con la sorpresa de que uno de los juegos padre-hija es el de insistir en la precisión en el uso de la palabra para asegurar una comunicación eficaz y así: 1.- Evitar la común corrección de: lo que te quise decir,… y por obvio, 2.- Los errores de comunicación que conllevan problemas de interpretación y generalmente generan problemas de entendimiento o un resultado equivocado derivado de que no se captó el mensaje correctamente.
¡No!, no se trata de un juego superficial, se trata de preparar a Maia para que un mundo cada día más sobrepoblado y por ende competitivo, tenga las herramientas para tener éxito y vivir bien, lo que le permitirá alcanzar la mítica aspiración de ¡Ser feliz!
¡Hablar bien!,… -¡Como si eso fuera una gracia!, diría mi abuela -Eso es una obligación y una necesidad… ¡Sí!, lo es en teoría, pero no lo es en la práctica y ello está generando la construcción de nuevas generaciones de personas, futuros ciudadanos que no saben hablar con las implicaciones personales, económicas, laborales y sociales que trae consigo está deficiencia… Si la gente no habla bien, tendrá con seguridad problemas de aceptación social, no podrá ser eficaz en el trabajo, generará fricciones en la pareja y en la familia, y estará acompañado de un estrés permanente que afectará su rendimiento, la forma de interactuar con los demás y obvio, su calidad de vida… ¿Ves Wey?... ¡No!, no lo digo para que te rías, simplemente me dirijo a ti para que sientas que el presente artículo es personal y es que hoy, el 80% de los jóvenes se llaman: “Wey”, se acabron los Carlos, Jorges, Santiagos, Arturos, migueles, etc. me explico Wey, en esto de hablar o escribir mensajes en celulares, además de darle en la madre al español con las chinches abreviaturas que luego complican entender el mensaje, por ejemplo: “K” en lugar de “que” o “TQM” en lugar de: “Te quiero mucho”, la mayoría se dirige a su interlocutor como Wey, ej.: ¿Qué onda Wey?, ¿cómo has estado Wey?, fíjate que el otro día me encontré al Wey del profesor y me dijo que te iba a reprobar por güey, no mames Wey, si te reprueba ya no vamos a estar en el mismo grupo el año próximo Wey y la neta, te voy a extrañar Wey... Así está “caón” comunicarse, diría Catón y lo comparto, la precisión del lenguaje es un imperativo para el progreso de las sociedades, casi tan importante como para el hombre lo fue el caminar erguido, lo que le permitió tener las manos libres y con ellas, conectarse con la tecnología, escribir, fabricar herramientas, agarrar cosas y otras lindezas que nos llevaron a un estadío de desarrollo evolutivo superior. Lo mismo sucede con el lenguaje, escritura incluida; el habla permitió un desarrollo en la comunicación que nos permitió avanzar a la modernidad comunicándonos; hablar o escribir mal es un retroceso con implicaciones culturales, sociales y económicas muy profundas, por eso festino el énfasis que, en la educación de mi nieta, sus padres ponen para el uso correcto del lenguaje.
¿Qué de que se trató el seminario sobre Coaching Life?, eso lo platicaré contigo en un próximo artículo; solo te adelanto que a diferencia de la psicoterapia, el coaching no busca resolver patologías ni asesorar a quienes lo reciben en como hacer las cosas correctas, sino que el énfasis está en cada cada persona, con el apoyo del Coach, encuentre su propias metas y soluciones para construir, medianter estrategias, su caminos de acción que le lleven a resolver sus problemas de vida a través de un esfuerzo organizado, metodológico e inteligente que dé resultados… ¿me entendiste Wey?
Un saludo, una reflexión.
Santiago Heyser Beltrán
Escritor y soñador