Itinerario político/Ricardo Aleman
¡El perdón de Peña Nieto! ¿Cuándo lo pedirá AMLO?
Ricardo Aleman
En democracias consolidadas es común que presidentes y primeros ministros pidan perdón por errores y horrores de sus respectivas gestiones.
El perdón es --en el servicio público--, el más saludable ejercicio de autocrítica --entre mujer y hombre de Estado--, en democracias maduras. Y es que, perdón y disculpa, confirman que en democracia no cabe el pensamiento infalible, intocable, mesiánico y/o autoritario. El perdón es, además, prueba de que presidentes y/o primeros ministros no son dioses; prueba que son falibles. Hasta el Papa Francisco ha pedido perdón.
Y sólo en regímenes populistas, dictatoriales y de sátrapas del poder no hay lugar para la autocrítica y el perdón. ¿Por qué? Porque en su mesianismo los populistas, dictadores y sátrapas son infalibles y sus acciones, decisiones y declaraciones, son propias de una divinidad.
En México han pedido perdón presidentes como López Portillo, Felipe Calderón y Enrique Peña; éste último en dos momentos. En el primer caso, López Portillopidió perdón por no haber acertado a sacar a los pobres de la miseria. Calderón pidió perdón a los padres de desaparecidos y Peña Nieto por el daño causado a las instituciones, por el escándalo de la Casa Blanca.
En el mundo contemporáneo pidieron perdón –por errores de hoy y de la historia--, Barak Obama, Ángela Merkel, FrancoisHolland, Mariano Rajoy, Juan Manuel Santos, Laura Chinchilla, Lula, Juan Carlos de España y el Papa Francisco, entre otros.
Pero el segundo perdón de Peña Nieto tiene tintes históricos. ¿Por qué? Porque el presidente no sólo acepta un error político –el de la casa blanca--, sino que lo acompaña de la solución; el Sistema Nacional Anticorrupción.
Peña Nieto pidió perdón no porque reconozca haber cometido un delito, sino porque cometió un error político; haber permitido que sus acciones privadas dañaran la imagen institucional. Por eso –y en respuesta al daño institucional, de sus gobiernos y del PRI--, ayer Peña Nieto mandó la señal de que el ultimo tercio de su gobierno será de combate a la corrupción, que no habrá “año de Hidalgo” y que caerán los corruptos del PRI y de otros partidos, como dijimos en el Itinerario Político del 1 de Julio.
Por eso el cambio generacional en el PRI y la llegada de Ochoa Reza; por eso el discurso del nuevo jefe del PRIa favor de sancionar de manera ejemplar a gobernantes ratas. Y por eso la acción de inconstitucionalidad de la PGR contra los gobernadores pillos de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua.
Es decir, Peña Nieto lleva a cabolo impensable --luego del resultado electoral del 5 de junio--; inicia una cruzada contra la corrupción, con el ejemplo por delante. Y obliga la pregunta. ¿El PAN será capaz de entender el mensaje? ¿Lo entenderá el PRD? Veremos la congruencia de azules y amarillos.
Por lo pronto, está claro que la transparencia y la corrupción tienen sin cuidado a Andrés Manuel López Obrador, quien nunca pedirá perdón por pillerías como las de Bejarano y Ahumada; por las raterías de los “Segundos Pisos”, por el cobro del diezmo a trabajadores del GDF; por las mentiras de que vive de la venta de libros y donativos de “solovinos”; por las mentiras del fraude electoral de 2006 y 2012; por el daño causado a millones de ciudadanos con el plantón Zócalo Reforma y por el gran engaño de que en más de una década ha vivido sin trabajar, entre una montaña de mentiras y engaños que solapan fanáticos del populismo.
El perdón es cualidad de los demócratas y las democracias maduras; la mentira, el engaño y los políticos mentirosos son propios de dictaduras, populismos y totalitarismos.
Al tiempo.