Itinerario político/Ricardo Alemán
No conozco a Nicolás Alvarado. Tampoco me gusta –y no comparto--, su periodismo cultural. Creo, además, que está muy lejos de ser –en sentido estricto--, un intelectual.
Lo que creo, sin embargo, es que el reportero y ex director de TV UNAM regaló uno de los más grandes favores a la democracia mexicana; el favor nada despreciable de exhibir la profunda incultura democrática de millones que permanecen agazapados detrás de las endiosadas redes sociales.
Pero esa es sólo una parte del favor del reportero a la democracia. Con su crítica a Juan Gabriel, el señor Alvarado también sacó del clóset la grosera y creciente intolerancia social hacia los que se atreven a disentir, a los pocos que en todo el espectro mediático tienen “los webos” no sólo de pensar distinto sino de hacer público el pensamiento diferente y políticamente incorrecto.
Y tampoco ahí termina el asunto. Alvarado también arrancó la peor cara de las matonas redes; bendición tecnológica que lo mismo sirve para derrocar tiranos que para matar democracias; que igual endiosa la unanimidad de pensamiento, que persigue a los que piensan distinto.
Y es que buena parte de quienes apalearon al periodista en redes, en el fondo rinden culto al pensamiento único; son adoradores y practicantes de la intolerancia y combaten la diversidad de ideas. Y ay de aquel que se atreva a imaginar –siquiera imaginar--, un pensamiento distinto a la unanimidad inducida en redes, porque entonces es traidor a la patria y aliado de la mafia del poder.
Quedó al descubierto que una de las mayores taras sociales de la democracia mexicana es el odio a libertades fundamentales, como la libertad de expresión. Es decir, miles o millones domesticados por las redes, aplauden que sean callados todos aquellos que se atrevan a disentir.
En el fondo, la crítica a Juan Gabriel pasó a segundo plano, frente al pavor que provocan disenso y crítica en millones de nativos digitales que --a pesar de sus habilidades tecnológicas--, son brutalmente incultos en los básicos democráticos.
Y frente a una realidad de idiotas, los ya clásicos de la crítica a las redes se magnifican.
Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas"
Javier Marías: “Estamos en época de matones. No sólo físicos, hay también un matonismo incruento, que no cesa de propagarse y que ejercen grandes porciones de la sociedad desde los teclados de sus ordenadores. Son individuos que ponen el grito en el cielo por cualquier cosa, que se contagian y azuzan entre sí, que linchan verbalmente al que hace, opina o dice algo que no les gusta; que no “se cargan de razón” porque la razón suele estar ausente de sus cabezas, y que simplemente exigen y condenan”.
Guillermo Sheridan. “El artículo en cuestión trata de la visceral violencia que se esgrime contra los escritores en las llamadas redes sociales y en las zonas abiertas a los comentaristas, instantáneos tribunales inquisitoriales presididos por torquemadas digitales, orondos bajo los cucuruchos de su anonimato.La Internet propicia esta variante de la bravuconería: la libertad total induce a los cobardes al agravio y la invectiva, a tirar la piedra y esconder el mouse”.
Nativos digitales que poco piensan y mucho gritan. Matones digitales que parecen destinados a matar a la democracia.
Al tiempo.