No a un Mexiteducativo/Erik Avilés Martínez
En estos momentos, la humanidad debate respecto a la pertinencia de continuar con la formulación e implementación de medidas de política pública que continúen dando seguimiento a las tendencias globalizadoras versus la conveniencia de dar paso a las propuestas de movimientos reivindicatorios y localistas que se manifiestan abiertamente en contra de los procesos de mundialización, por las externalidades que han impactado a la economía local de múltiples naciones.
Especialmente, los resultados del referéndum realizado el pasado 23 de junio en el Reino Unido respecto al denominado Brexit, que culminó con la negativa de la mayoría de los ciudadanos de Gales e Inglaterra a continuar perteneciendo a la Unión Europea, han exacerbado internacionalmentelos ánimos de aquellos que se han manifestado abiertamente como antiliberales o globalifóbicos. Por supuesto, México no se ha sustraído a esta serie de reacciones, en donde la oposición a la actual administración federal ha considerado haber encontrado un filón para hacer prevalecer sus posturas tradicionales, reafirmando su rechazo al Tratado de Libre Comercio,al modelo neoliberal y a la globalización.
Sin embargo, dentro de la resistencia recalcitrante hacia el proceso de mundialización, se ha incurrido en la falacia de generalizar y tratar con tabula rasa a todas las reformas. Específicamente, a la Reforma Educativa se le han endilgado etiquetas de corte ideológico, tales como que es neoliberal, que obedece a la OCDE sin tomar en cuenta las necesidades ni contextoslocales; que es privatizadora, punitiva y que fomenta el despido y adelgazamiento del Estado mexicano, el cual claudicará en su obligación constitucional de garantizar el derecho a la educación para todos sus habitantes en los términos y condiciones establecidas en la normatividad vigente.En contrapunto, entender que la Reforma debió conllevar medidas administrativas previas a ingresar al proceso de conformación del modelo educativo nacionalresulta sencillo, ya que es suficiente observar la campaña de violencia orquestada por las cúpulas sindicales pugnando por continuar teniendo canonjías inaceptables. Con esto se dimensiona la necesidad que existía de apuntalar administrativamente a nuestro sistema educativo nacional, lo que hoy requiere implementación cabal.
Coyunturalmente, se dio la convergencia temporal de la denominada “jornada de lucha” de la CNTE con las elecciones de junio pasado en doce entidades federativas, escenario en el que la oposición política aprovechó para doblar torres, alineando dama y alfil en contra de la administración federal, definiendo como blanco la Reforma Educativa, para la cual exigen su abrogación, sin que exista alguna contrapropuesta al respecto, para retornar a la legislación vigente durante el salinismo o el calderonato, o incluso a las épocas de la Segunda Guerra Mundial, que fue cuando se fundó el SNTE. Si esto se consumase, significaría un Mexit educativo, en el que nuestro país abandonaría una serie de medidas progresistas en los ámbitos de asumir la rectoría y responsabilidad del sistema educativo nacional para retornar a la opacidad y a abandonar nuevamente la educación mexicana en manos de intereses mezquinos.
Los enemigos políticos de la actual administración federal deberían de ser muy cuidadosos y respetar los múltiples avances que representa la normatividad vigente en materia educativa respecto a la anterior, en temas tales como la recuperación de la rectoría de la educación en el país, mayor transparencia y rendición de cuentas, la promoción de la participación social de los padres de familia en las escuelas, la instauración de mayormeritocracia y reforzamiento de la cultura de la evaluación, así como la ampliación de las garantías constitucionales para el derecho a aprender de los mexicanos. Todos ellos, son algunos de los múltiples factores positivos que definitivamente no deberían tener un punto de retrogradación en nuestra nación. Ciertamente, la Reforma Educativa requiere, a la par que plena implementación para convertirse en ley viviente, que haya análisis, diálogo y mejora continua para que ésta se ajuste dinámicamente a las necesidades, intereses y aspiraciones de nuestra nación, por lo que es ya impostergable el debate y construcción de acuerdos respecto al modelo educativo nacional. Al respecto, es positivo que el diálogo entre la SEP, SEGOB y la CNTE esté centrado en criterios como asegurar que todos los mexicanos tengan garantizado su derecho a recibir educación obligatoria, laica y gratuita, así como promover el desarrollo armónico de los educandos, a la par que desarrollar en los niños y jóvenes su intelecto, su carácter y su formación moral, con el fin de que sean capaces de insertarse plenamente en la sociedad del conocimiento. Asimismo, es remarcable que el diálogo se articule considerando diversos principios pedagógicos, para que en todo momento, el bien mayor se considere durante este proceso inacabable de construcción de consensos, en donde toda propuesta o crítica, antes de ser emitida, sea previamente cuestionada respecto a en qué beneficia ésta a los niños y jóvenes mexicanos. Si cada comentario vertido logra superar el tamiz planteado, sin duda habrá un debate constructivo que en mucho beneficiará a nuestro sistema educativo nacional.
Sin embargo, no basta lo anterior: es necesario que continúen implementándose las medidas administrativas estipuladas en la ley vigente, para que los recursos se empleen transparente y efectivamente. Es injusto que hoy se cuestione acremente la poca presencia visible de los beneficios de la Reforma Educativa cuando ésta no ha recibido la oportunidad de ser debidamente aplicada; siendo por el contrario, boicoteada y tergiversada. Resulta incluso cínico que aquellos que acusan a la ley de provocar toda clase de atrocidades sean precisamente los mismos que deberían ser erradicados del sistema educativo: los aviadores y comisionados sindicales.Es indebido que aquellos que a la fecha no han construido una sola propuesta en torno al tema, aleguen por la abrogación de la normatividad vigente en materia educativa, retornando de facto al oscurantismo y discrecionalidad del pasado. Más aún, en símil total con lo suscitado en el Reino Unido con el universo poblacional que votó sobre elBrexit, ¿con qué derecho algunos adultos en búsqueda de preservar sus intereses personales, decidirían por un retorno al sistema educativo opaco e inefectivo, a costa de limitar los derechos de los niños y jóvenes mexicanos de las presentes y futuras generaciones?
Como ciudadanos, no debemos permitir que se negocie un Mexit educativo, bajo ninguna circunstancia. El camino andado no debe sacrificarse en aras de dotar de una infusa sensación de gobernabilidad al mandatario en turno.Debemos alzar la voz y colocar en su justa dimensión a todos aquellos que desean transmutar en capital político las protestas originalmente relacionadas con el sistema educativo. No debemos tampoco de caer en la posición simplona de cuestionar el beneficio de la Reforma Educativa, tan solo por ser perjudicados por las tácticas de presión de los enemigos políticos y sindicales de la normatividad educativa vigente.Que en resultado, los ciudadanos apremiemos al gobierno para que le dé gusto a los manifestantes es exactamente el resultado que los profesionales de la protesta calculan obtener.
Especialmente, en nuestra entidad, no debemos permitir que el anacronismo prospere. Imaginemos una vez más a líderes sindicales y sus brazos armados instalados a su antojo, despachando simultáneamente desde las oficinas de la SEE, de los sindicatos y desde la protesta callejera, girando instrucciones que timoratos subalternos acatarían o replicarían sin titubeo. Una vez más, en Michoacán, el principal vocero de la CNTE sería el secretario de educación y habría fraudes masivos con el presupuesto educativo, simulando ser otra vez una entidad libre de analfabetismo, mientras toda clase de tropelías ocurrirían con el presupuesto y recursos humanos adscritos a la SEE.
En suma, México debe seguir enganchado al tren del sistema educativo internacional y pujando por ser de los primeros vagones, o incluso, la locomotora de la educación mundial; jamás deberíamos siquiera contemplar la posibilidad de estar siendo remolcados. Nuestros niños no merecen estar refundidos en el último furgón del ferrocarril de la evolución humana,ni mucho menos, los michoacanos deberíamos de estar considerando saltar por la ventana del mismo.
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