Voz de lo Alto/Mateo Calvillo
EL PASO AL MUNDO DEFINITIVO
La vida verdadera, con todos los bienes está en Dios. Necesitamos dar el paso a su mundo celestial. Cristo nos lleva de la mano con su resurrección.
En tu vida. Este mundo está lleno de sufrimientos,limitaciones y pecados y muerte. Los poderes y el dinero no nos libran de morir.
Mucha gente está clavada en negocios y bienes mundanos,Sin embargo, no se escapa del sufrimiento y el mal y va a perder la vida verdadera y definitiva.
Dios habla.Dios hace al hombre y lo programa para una vida plena y divina en el paraíso.
Entran en el mundo el mal y el Maligno que hieren al hombre.lo aturden, lo encadenan en sus redes de engaño y crimen.
Los hombres viven clavados en el mundo de los bienes materiales. No levantan la cabeza a un más allá de bienes duraderos de la felicidad plena.
Vive el hombre sólo para los placeres del cuerpo, su mente está llena de sombras, ha perdido de vista los bienes verdaderos.
El hombre está perdido y condenado a perder a Dios con los bienes verdaderos.
Dios hace un plan de salvación, para realizarlo plenamente envía a su Hijo hecho uno como nosotros.
El se enfrenta con el maligno y los malos que dominan la vida de los hombres.
El demonio, moviendo a las autoridades corruptas, opresoras,egoístas y que odian, se apoderan del Mesías y lo aplastan.
Es lo que celebramos en los días santos de pasión y la muerte del Señor.
Dios interviene y de la noche del mal y la muerte hace que su Hijo se levante lleno de gloria.
A través del fuego del juicio aparece un mundo nuevo, una nueva creación, pura como la original.
A través de una historia, larga difícil, de infidelidades del pueblo y destierros, Dios conduce a la salvación.
Está con su Hijo en lo más cruel de los sufrimientos, en sus manos encomienda su espíritu cuando expira.
Le otorga una victoria sorpresiva, inesperada, grandiosa. Lo resucita a un mundo nuevo, celeste, lo eleva a una gloria inmensa, brillante, fascinante.
Dos varones celestes anuncian a las mujeres la resurrección.
Dios pone a los hombres en otra vertiente, otra dimensión. Los alza al mundo nuevo, de arriba.
Cristo, como primero del desfile, pone al hombre, una vez renacido en el bautismo, en un movimiento nuevo.
Le abre un horizonte nuevo de vida, plenitud, inmortalidad.
Lo lleva a la Alianza definitiva, que exige llevar una vida nueva, buscando las cosas de Dios.
Debe desprenderse de los bienes materiales, de sus perspectivas mundanas, para alzarse a niveles más altos de vida, buscando otros bienes, con libertad, pureza, fidelidad a la alianza.
La maravilla de la nueva creación es cantada hermosamente en el pregón pascual, el asombroso amor de Dios que para rescatar al esclavo entrega al hijo.
Un destello de la claridad del mundo nuevo aparece en el esplendor de la liturgia, en la vigilia del sábado santo. En la celebración esplendorosa de la Iglesia resplandece la salvación del Padre Dios.
Hay que vivir la alianza con Dios, alzarse a la pureza, el amor, la conducta de hombres nuevos, clavados en las realidades del cielo.
Hay que renacer en esta noche y llenarse de la luz y energía de la vida nueva, tener una mente limpia, la mirada pura para orientarse a los bienes que sí sacian nuestra sed de amor, felicidad, inmortalidad, plenitud.
Cristo en medio de nosotros. Cristo está en esta asamblea, su gloria llena este templo. Nos da el alimento celestial, su cuerpo y su sangre.
Para reflexionar en familia. Abre las puertas a la luz, la alegría, el gozo, que tu familia se inunde de la vida nueva.