Violencia y oracion
No podemos cerrar los ojos ante el huracán de violencia que azota el país, y concretamente la Tierra Caliente Michoacana.
Los creyentes tienen un recurso de lo alto, Dios. En las situaciones límite, cuando los hombres y su ayuda no pueden nada, surge una nueva luz de un más-allá.
Un problema histórico es que la fe había sido relegada a la vida personal, a un asunto personal, sin nada que ver con la vida pública. Fue la obra de los liberales del tiempo de la Reforma.
Separar la fe de la vida va contra la naturaleza de la fe del Dios de Jesucristo y de la esencia de la vida. La razón es que la fe brota del corazón del hombre, se encarna en la vida y le da un dinamismo con una presencia, una energía y una orientación nueva y superior.
Muchas personas tienen un concepto reductivo de la fe, creen que consiste en darse golpes de pecho, rezar con los labios sin resolver nada, enajenarse esperando una realidad lejana, etérea, incierta.
Nada más lejano de la realidad, la fe es una fuente de energía que salta hasta la vida eterna. Hombres con esta fe han transformado su vida y su lucha en favor del pueblo, como nuestro Morelos y los héroes de la independencia.
En otros países son dignos de recordar genios y héroes como Gandhi, Kennedy, el general De Gaulle.
Otros le han dado impulso a su búsqueda en la ciencia, como Einstein y Pascal.
El campeón de la fe, el que la fundamenta con la experiencia que tenía de Dios es Jesucristo. En esa fe nos ha dado un modelo de oración grandioso, tremendo.
En lo más negro del torbellino de su pasión, cuando ya los poderes oficiales y fácticos de su pueblo lo van a agarrar, cuando los sicarios y el traidor llegaban, él ora.
Habla con el Señor de la Historia, su Padre, el que tenía el plan de la redención de los hombres y el plan de su vida de Redentor. Pone en él una confianza inconmovible.
El evangelista Mateo nos recuerda sus palabras en los momentos más terribles de la vida del Maestro, en su agonía de terror que lo hizo sudar sangre: “Papá, si es posible líbrame de esta prueba”, suplica. Su oración fue larga, desgarrada, insistente. Invitó a los suyos a orar con él.
Ya durante su vida había marcado una línea de vida, la oración. Pide encarecida e insistentemente a los suyos que oren:
“Pidan y recibirán, toquen y se les abrirá… Invita a pedir por los enemigos porque los que quieren matarte, nos recuerda también Mateo.
Insiste en orar con perseverancia, insistencia, con la confianza de quien va a alcanzar aquello que pide. Enseña a confiarse en Papá que conduce al universo en su orden, de quien depende todo, hasta la caída de un cabello o de la hoja del árbol.
El tiene poder de resucitar muertos y curar con su palabra a enfermos incurables. A la oración de los pobres pregunta: ¿Tienes fe? Si responden que sí realiza el milagro.
La familia de Cristo que peregrina en Apatzingán en su noche del huerto de los olivos, confrontada a la muerte, en la hora del poder de las tinieblas y de su agonía física o moral, ora. Ha decidido hacerlo de una manera pública con una demostración de fe y religiosidad popular.
Organizan una gran manifestación de fe en una procesión, para hablar al Papá del cielo, Dios porque cese la violencia y se restablezca la paz el jueves 31 a las 5 de la tarde por las calles de Apatzingán, capital de Tierra Caliente.
Presidirán la procesión las imágenes de la Madre de Dios, empezando por la imagen de la Virgen de Acahuato, patrona de la diócesis. Marcharán recitando el rosario en vivo y por las radio - difusoras de la ciudad.
Sin duda pedirán por la conversión de los sicarios para que vuelvan al bien, la fraternidad, porque su Papá del cielo los ama y los espera con los brazos abiertos, con su perdón.
La solución más rápida y eficaz, de raíz es que los criminales depongan las armas y se pongan a servir a la vida, sacudiéndose el poder de las bajas pasiones del dinero, el poder y la gloria. La verdadera vida está de este lado.
Ciertamente van a pedir por todos los caídos en la guerra contra el crimen organizado, por los huérfanos, las viudas, por humillados y los afectados en sus bienes materiales.
Quienes compartimos ese precioso tesoro, regalo de Dios, la fe tenemos la oportunidad de unirnos a ellos, desde donde estemos y pedir con fervor al Padre Nuestro con insistencia que cese la violencia y amanezca el día de la paz.