Vendrá el Papa, ¿A qué?
En su visita al Vaticano en días recientes, Enrique Peña Nieto invita al Papa a venir a México. La noticia, que ya circuló es la invitación, no la venida bien programada. De hecho, desde que Francisco fue electo Papa, cualquier católico con sentido común, tiene la certeza íntima de que tarde o temprano, el Papa visitará nuestro país.
Parece sorprendente, al observador crítico que un presidente laico que no ha integrado en su proyecto de gobierno los valores de Cristo, que no ha dado muestras de comulgar con la visión de los problemas que tiene el Papa, invite al vicario de Cristo, cabeza de la iglesia católica.
La medida es espectacular, popular, pero debemos ver, más allá de lo que se afirma o percibe a primera vista, la verdadera motivación que tuvo el presidente priista. Debemos leer entre líneas, por debajo de las declaraciones.
¿Es sólo un protocolo, un acto diplomático, teniendo en cuenta que el Papa es jefe del Estado Vaticano? Al papa Francisco, pastor humilde, este título es lo que menos le interesa.
¿Enrique se vio empujado por sus convicciones profundas, su conocimiento de la Biblia, Palabra de Dios, su comprensión y aceptación del plan de Dios, su deseo de hacer de nuestra situación una lectura desde el plan de Dios? En alguna entrevista ya dejó ver los conocimientos que tiene en la materia.
Heredera de Cristo y de toda la revelación de Dios, la Iglesia tiene una cosmovisión propia. El plan de Dios es purificar, renovar al hombre, elevarlo a la dignidad perdida más que regia, a su condición de Hijo de Dios.
El hombre redimido por la muerte y resurrección de Cristo, renacido a una nueva vida y una nueva esperanza se libera de los vicios mundanos de la ambición de poder, de riquezas, de la falsedad, de la corrupción y del crimen. Vive el Sermón de la Montaña desprendido de todo, de las riquezas de dinero y lujos. Es capaz de servir hasta entregar su propia vida. En su boca no hay engaño y carga sobre sí los pecados y miserias de su pueblo, como se afirma del Servidor de Yahvé, el Siervo de la nación, diría Morelos.
¿O fue el interés de asumir los valores del Evangelio para mejorar los programas del sexenio, darle a los planes de su gobierno un fundamento trascendente, resolver de fondo los problemas del mexicano y dar una solución integral, sabia, humanista a la crisis de corrupción, estado fallido, desigualdad social, miseria material y espiritual, retraso y rezago de México?
El Papa es el personaje que históricamente tiene más atractivo sobre el pueblo de México, pudiera obedecer la invitación a una intención populista. También pudiera haber una motivación vanidosa, adornarse delante de las multitudes mexicanas de creyentes católicos.
En un momento de recesión, violencia y otras dificultades graves e invencibles que hacen perder su encanto al partido en el poder, pudiera Peña buscar un sustento de legitimación de su gobierno y de su gestión siguiendo las huellas de Salinas de Gortari. Este en 1992 firmó las reformas en materia religiosa para sentirse legitimado ante el pueblo católico, el presidente que en 1988 dejó la sospecha de haber llegado al poder mediante un fraude, con la conocida caída sospechosa del sistema y la quema de las boletas de escrutinio, lo que derivó en aquella crisis de legitimidad.
El poder espiritual de la Iglesia, cuya cabeza visible es el Papa, tiene un ámbito, un alcance y una finalidad diferente que el poder civil que encabeza el presidente Peña Nieto. Los dos poderes, el temporal y el eterno, deben estar al servicio de la comunidad, con respeto absoluto y mutuo de la autonomía de cada uno. Uno al otro no se puede manipular ni instrumentalizar. Tarde o temprano las consecuencias serían perversas y desastrosas y se revertirían contra la gente.
El Papa latinoamericano, más cercano a los mexicanos por la cultura, vendrá y causará el entusiasmo de la gente como lo hizo San Juan Pablo. Habrá un renacimiento del fervor religioso, de la esperanza de salir de la crisis y de las ganas de vivir. Su venida escapará a los cálculos políticos del poder civil. Su visita no debe reducirse a Circo Romano, a entretener y distraer al pueblo. Es seguro que el Papa mantendrá el carácter espiritual, pastoral y divino de su visita.
El hermano guardián Francisco, Papa, defenderá los valores universales y fundamentales, más allá de exigencias coyunturales o cálculos de las clases dirigentes y de algunos grupos de la sociedad. Defenderá a la persona humana, a la que Dios sirve en su proyecto de la patria ideal donde los pobres irán delante según el anuncio de Cristo y reinará la justicia y el derecho por el amor. Proclamará la verdad simple y valiente, el amor cristiano.
Los mexicanos, principalmente los católicos, necesitan preparar la visita con criterio, sin dejarse confundir ni manipular. Deben tener muy claro el ejemplo de su Maestro que supo dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.