Trotsky/Arturo Herrera Cornejo
León Trotsky —el artífice de la Revolución Rusa de 1917, el jefe del Ejército Rojo que salvó al país de los soviets de la invasión extranjera, el Comisario del Pueblo de Asuntos Exteriores que pactó el Tratado de Brest-Litovsk—, murió en el Hospital “Vicente Leñero” de la Cruz Verde, en la ciudad de México el 21 de Agosto de 1940, como consecuencia de una lesión propinada con un piolet en la cabeza, el brazo del dictador soviético José Stalin llegó hasta el despacho de Trotsky en Coyoacán para poner fin a la vida del revolucionario.
Los padres de la Revolución de Octubre de 1917 fueron devorados por el aparato estatal encabezado por Stalin. Después de la muerte de Lenin, el georgiano se hizo del poder y para afianzarse fue eliminando a quienes pudieran representarle alguna competencia. Entre 1936 y 1938 tuvieron lugar los “Procesos de Moscú”, privados de su voluntad, los viejos bolcheviques se culparon a sí mismos de ser enemigos de la Revolución y de conspirar contra la Unión Soviética. Zinóviev, Kámenev, Smirnov y Bujarin, entre otros corrieron esa suerte.
Leon Trotski fue perseguido desde 1928, el 16 de diciembre de ese año recibió un ultimátum formulado por la Policía para apartarse de toda actividad política, poco después fue condenado a prisión domiciliaria en Alma-Ata, población ubicada en la actual república de Kazajistán. Borrado de la historia oficial de la Revolución Rusa, en lo sucesivo cualquier referencia a Trotsky en los libros soviéticos implicaría descalificarlo y señalarlo como “traidor”, “renegado”, “enemigo jurado del leninismo”, incluso su imagen fue suprimida de una fotografía de los días de la Revolución de Octubre en la que aparecía junto a la tribuna en la que Lenin pronunciaba un discurso.
Lev Davidovich salió al exilio y vivió en Turquía, país que tuvo que abandonar ante la presiones del gobierno soviético.Residió en Francia y Noruega, pero ninguna nación le quería dar asilo político; por ejemplo los Estados Unidos rechazaron su solicitud para residir.
Las gestiones del pintor Diego Rivera, con el apoyo de Francisco J. Múgica, ante el presidente Lázaro Cárdenas dieron como resultado que México recibiera a León Trotsky. El mandatario mexicano hizo caso omiso de las presiones internacionales y de las protestas que grupos afines a Stalin como el Partido Comunista Mexicano y la Confederación de Trabajadores de México —encabezada en ese entonces por Vicente Lombardo Toledano— realizaron en rechazo a la entrada de Trostsky a nuestro país. Cárdenasconsideró que la presencia del líder ruso no iba a ocasionarle problemas a México y que se justificaba como un acto como un acto de contenido humano la prerrogativa de asilo para los exiliados políticos: al respecto el presidente escribió: “…nada justifica que un país fuerte y perfectamente definido por instituciones propias, por objetivos sociales y económicos auténticamente nacionales y en franco proceso de realización y por una política internacional congruente con sus propias tradiciones, abrigue temores por la presencia de un hombre, cualquiera que sea su valimiento personal o su doctrina política.”
Trotsky viviría en nuestro país poco más de tres años, del 9 de enero de 1937 hasta que la orden de José Stalin fue instrumentada en Agosto de 1940.
El jefe del NKVD, Lavrenti Beria, quien encomendó la tarea de asesinar a Trotsky al español Ramón Mercader —un sobreviviente del bando Republicano en la Guerra Civil Española—, después del fracaso de un comando encabezado por el pintor David Alfaro Siqueiros, que penetró al domicilio de Trostky en la madrugada del 24 de mayo de 1940, acompañado por más de 20 personas armadas con metralletas; llegaron a la recámara de Trotsky, pero su esposa Natalia Sedova reaccionó rápidamente empujándolo a una esquina de la habitación librándolo de las balas.
Mercader llegó a ganarse la confianza de Trotsky tras enamorar a Syvia Agueloff, una trotskista convencida y hermana de una ex secretaria del líder ruso; así pudo entrar a la mansión de Coyoacán; ostentando la falsa personalidad de Franc Jacson, convenció a Trotsky de ser su seguidor; el día que asestó el golpe con el piolet sobre la cabeza del exiliado, le había solicitado que le revisara un texto de su autoría; el impacto llegó mientras Trotsky leía el escrito.
Se escuchó un grito terrible y Trotsky, pese a lo severo de la lesión, golpeó y sujetó fuertemente a su agresor, por ello pudo ser capturado.
Mercader al ser llevado a prisión dijo ser Jaques Mornard, de nacionalidad belga y de profesión periodista, haber estudiado en la escuela de periodismo de París y ser especialista en deportes, jamás habló de los motivos que le llevaron a asesinar a Trotsky.
Fue hasta 1950 que las investigaciones realizadas por el doctor Alfonso Quirós Cuarón —a quien en principio las pruebas de fonética lo llevaron a la conclusión de que no el asesino de Trotsky no tenía acento de un oriundo de Bélgica, sino de alguien que había aprendido francés en un barrio de París—, demostraron que se Jaques Mornard en realidad era Ramón Mercader del Río, luego de corroborar en los archivos de Barcelona las pruebas dactilares.
Mercader dejó la cárcel en 1960, para ir a la prisión por él, comprarle un par de zapatos, un traje y un sombrero, el secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, comisionó al licenciado Carlos Gálvez Betancourt, con la clara encomienda de llevarlo de la puerta del reclusorio a la puerta del avión y asegurarse de que efectivamente salía del país.
Mercader vivió en Cuba, inspirado en su estancia en la nación caribeña Leonardo Padura escribió la novela El hombre que amaba a los perros. El asesino de Trotsky emigró posteriormente a la Unión Soviética en donde fue reconocido como “héroe” y regresó a La Habana para morir en 1978.