Tata Vasco santo; el proceso de canonización continúa
Don Vasco de Quiroga será santo. La noche del 21 de enero de 2014 se cerró solemnemente la etapa diocesana del proceso.
Don Vasco es aquel laico sublime y genial que de oidor de la segunda audiencia pasó a ser el primer obispo de Michoacán. Tomó posesión el seis de agosto de 1938.
Cautivó a los indígenas que pronto le dieron el dulcísimo nombre de Tata, papa admirable.
Don Vasco es uno de los grandes hombres que han existido en Michoacán, en México y la humanidad. Afirma el Padre Efrén Cervantes que debemos “acercarnos a la vida de este célebre obispo, humanista y evangelizador que es todo una figura por su obra, por sus instituciones que creó con su ingenio de padre y pastor. Es un modelo de creyente, pastor, jurista y civilizador.
Podemos afirmar que la figura de Don Vasco yace y opera en el alma de cada michoacano. La antigua diócesis de Michoacán (abarcaba hasta Colima, San Luis Potosí, Guerrero) tiene una deuda de gratitud con quien puso las bases de lo que hoy es la Iglesia que peregrina en estas diócesis”.
La fe de Cristo ha modelado a grandes hombres de la historia de México: Vasco de Quiroga, los primeros misioneros, Morelos.
Ha dado laicos de gran personalidad, sublimes, geniales. Uno de ellos es Vasco de Quiroga. Siendo laico se formó una personalidad hondamente cristiana, era un laico santo.
Nació en España de una familia creyente y noble, en 1470 según algunos, en 1488 según otros.
Su formación recibió una influencia amplia y profunda de la Orden de los San Juan de Jerusalén, en la que fue nombrado caballero.
“En una solemne ceremonia, los que eran nombrados caballeros prometían huir de las guerras injustas, proteger a los huérfanos, pobres y viudas, así como aliviar a los pobres enfermos. Además, se obligaban a ser hombres ejemplares, caritativos y cuidadosos de vivir los tres votos pobreza, castidad y obediencia, mantener un gozo espiritual, vivir sin malicia, llorar, los pecados, sufrir las injurias, amar la justicia, ser misericordiosos, puros de corazón y sinceros y llevar con paciencia la persecución”.
Estos votos explican el perfil de santo, austero y puro que mostraba Vasco de Quiroga. Estas virtudes serían una gran riqueza espiritual y humana para los Caballeros Templarios de Tierra Caliente, si las asumieran, los llevaría a su conversión y verdadera grandeza.
En su preparación para su espaldarazo de caballero, Vasco vivió la experiencia de servir en los hospitales.
Estudió en la Universidad de Salamanca, obtuvo el bachillerato y el título de licenciado en cánones. La universidad enseñaba el pensamiento tradicional católico, la filosofía escolástica, así como el pensamiento del renacimiento español y un humanismo hondamente cristiano.
Su trabajo destacado y excelente llamó la atención del Rey quien le concedió venir al nuevo mundo. Llegó en enero de 1531 en la situación desastrosa del pueblo indígena conquistado, vencido, humillado. Fue oidor de la segunda audiencia.
Capta la miseria y sufrimiento de los hermanos indígenas, él refleja patéticamente la postración económica social y moral de las multitudes conquistadas y despojadas de todos.
Para ayudarlos funda el pueblo hospital de Santa Fe de México.
“Destacó en el ejercicio de su profesión como oidor y juez, por su austeridad de vida y buen trato que dispensa a todos, en especial a los indígenas, su generosidad y la atinada manera de hacer justicia”.
De laico lo nombran obispo, es un caso muy raro en la historia, lo mismo le sucedió a San Ambrosio de Milán. Es ordenado obispo en diciembre de 1538. Fue ordenado en diciembre de 1538.
“Ahí desarrolló una amplísima labor pastoral, destacándose por su rara habilidad para atraer a la fe a miles de personas. Su capacidad para descubrir los talentos de cada persona y de cada pueblo lo constituyen como un modelo de civilizador. Impulsó un buen número de iniciativas que dando óptimos frutos el día de hoy”.
Su entrega al pueblo humilde está llena de un amor, grande, puro, valiente: civiliza y evangelizaa los indígenas, en su buen natural de sencillez, humildad, desprendimiento siembra los ideales de fraternidad y vida digna del hombre.
Les da una casa grande en el pueblo hospital de Santa Fe de la laguna donde aquella gente se organiza y aprende a vivir como hijos de Dios y hermanos de los hombres. Es una comunidad de gran calidad como las primeras comunidades cristianas, da vida a la utopía de Tomás Moro.
Enseña a los pueblos artes y oficios que hasta nuestros días son fuente de trabajo con expresiones artísticas primorosas como las bandas de música y la policromía de las artesanías que modelan sus manos hábiles.
En la organización y diseño de los pueblos, Don Vasco refleja su concepción humanista y su inspiración hospitalaria.
Dio suma importancia a la educación. Hizo venir de España y de México sacerdotes preparados para atendieran a su grey en esta área unidos a los monjes franciscanos y agustinos ilustres.
Así fundó en 1540 el colegio de San Nicolás en Pátzcuaro. Esta benemérita institución se adelanta por 17 años a los seminarios que establece el Concilio de Trento en 1556 y se transforma con el tiempo en la Universidad Michoacana, nuestra máxima casa de estudios en el Estado.
Son sólo aspectos de su riquísima obra. Don Vasco emigra de este mundo al Reino de los Cielos el 14 de marzo de 1565, en Pátzcuaro.
Luis María Martínez, arzobispo de México, hijo ilustre de esta diócesis, afirma: “Don Vasco de Quiroga en cuya alma gigantesca se enlazan la fe robusta del apóstol con la intuición genial del creador de pueblos, marcó a Michoacán con sapientísimo acierto la ruta del cielo y los senderos de la tierra, fundó una Iglesia y creó un pueblo.
Todavía después de cuatro siglos, no se ha extinguido el fulgor de esa luz ni ha perdido su frescura el aroma exquisito con que aquél prócer embalsamó la ubérrima tierra de Michoacán”.