?Señora tentación??
Hay personas que tienen luz propia, simplemente el tratarlas genera una sensación de alegría, eso me sucede con algunos amigos y con la Señora tentación, musa de esta narración. No solo es cuestión de belleza o sensualidad, hay mujeres que la tienen y otras que no (ella tiene ambas). “No hay mujer fea”, dice el dicho: ¡Se equivoca el dicho!, si hay mujeres feas y hay muchas; algunas físicamente, las más, feas por dentro, de malos sentimientos, posesivas, conchudas, dependientes, chismosas, mala onda, superfluas, vengativas, flojas, cochinas, interesadas, celosas, banales y tontas. Lo sé, lo mismo pasa con los hombres ¡No se me alebresten mujeres!... Y es que la tontería es una forma de fealdad gacha. Nada más desesperante que compartir intimidad o vida con una mujer tonta, no importa que tenga caderas o pechos excepcionales o que su rostro sea de diosa, de cualquier forma el tiempo se hará eterno a partir de que abra la boca… Con esas mujeres se podrá tener una aventura, pero no dejarán huella o peor aún dejarán como huella el mal sabor de haber perdido el tiempo y eso es importante y algo que deberíamos enseñar a nuestros hijos adolescentes; el valorar el tiempo y en función de ello tomar las decisiones de vida… Al no enseñarles el valor del tiempo, que va en razón directa de su propio valor como persona, el adolescente pierde objetividad y orienta sus esfuerzos a pasarla bien, a buscar sensaciones o a meterse de lleno en el torbellino de poseer cosas que caracteriza a nuestra sociedad de consumo.Decía que no hay peor manera de pasar el tiempo que con una persona tonta, pero de la misma manera, no hay mayor riqueza, desde mi punto de vista, que el tiempo compartido con una persona razonable, culta, inteligente, con la que se pueda platicar y reír. Ahora bien, cuando ese tiempo se comparte en intimidad con una mujer como la descrita, entonces hasta se puede estar en silencio sabiéndose mutuamente, porque el tiempo en silencio permite la intimidad del recuerdo compartido, el florecer de las ideas y de los sueños posibles,… y así, la sexualidad y la vida se convierten, como diría el poeta: en el camino al paraíso. Y es que no conozco mayor placer que el de la intimidad de los amantes que se disfrutan en plenitud a través del diálogo que nutre, enriquece y termina en risa… ¡Sí!, a la ternura como base de la intimidad, si al aprendizaje mutuo en la búsqueda del placer compartido, si a dar rienda suelta a las fantasías que se comparten en el lecho como el niño (que todos tenemos dentro) que juega sin restricción; pero todo esto sería paja, incluida la mirada tierna, coqueta y sensual, si no fuera acompañada de la interacción de ideas, diálogos, propuestas, cuentos, anécdotas, sueños y fantasías compartidos con inteligencia, esa inteligencia natural que trae felicidad, alegría y una risa espontanea, porque el buen sentido del humor, nutre la intimidad, da sentido a la vida y enriquece la sexualidad…¡No!, no me mal interpreten, no estoy hablando de que la mejor amante, compañera o esposa debe ser una mujer con doctorado, ni que un título universitario es garantía de felicidad en la pareja, ya que ni el doctorado ni el título son garantía de nada. Inteligente puede ser desde una obrera, secretaria o campesina, hasta un ama de casa, una maestra o una recepcionista. La inteligencia no se mide (no se debería medir) por la capacidad de hacer dinero, tampoco por la capacidad de memorizar o de resolver fórmulas matemáticas complejas, menos por los títulos que muchas veces son síntoma de las carencias; en mi opinión, la inteligencia se debería medir por la capacidad de ser feliz;… y ese es el punto: la Señora tentación es feliz, siempre sonríe, no discute, dialoga, no pelea, concilia, no es dejada, argumenta, no posee, comparte, no lo sabe todo, pero pregunta,… y es que quién pregunta quiere saber, entender, conocer y crecer como persona y quién crece como persona, crece como mujer, como amante, como madre y en el proceso le da sentido a su vida y enriquece las de quienes la comparten con ella… Por eso me gustaría compartir con ella una tarde ¡Lástima que sea casada!,… y es que en nuestra cultura, la libertad, esencia de la persona, se castra con el matrimonio que en automático limita a la persona sobre el uso de su cuerpo, el destino de sus afectos y la capacidad para vivir y soñar… ¡No!, no me malinterpreten, no estoy en contra de la fidelidad, de hecho, no estoy ni a favor ni en contra, me parece que esa es una decisión personal que cada quién debe tomar; como creo que todos tenemos el derecho a vivir la fantasía de una tarde de ternura que deje en la memoria una historia de amor,… que se recuerde toda la vida… Lo que debería ser parte de las vivencias de todo ser humano… Hasta de la Señora tentación.*Escritor y soñador