?El dilema: ser rico o ser pleno?
Uruapan, Michoacán, 28 de julio del 2012Para saber qué hacer, lo primero sería conocer: ¿Quiénes somos y para que existimos?...Primero una reflexión para ponerle sabor al caldo: aunque tratamos de no tener conciencia de ello y de forma inconsciente (y consciente) intentamos ignorar la realidad, todos estamos de paso, es decir, todos vamos a morir ¿Alguna duda con ello?Retomo el tema tratado en mis dos colaboraciones anteriores: “Padre rico, padre pobre” y “Perro rico, perro pobre”, escrita a dúo con el Rufo, porque en forma inesperada mis dos lectores (Catón tiene el doble), escribieron para cuestionar las propuestas y conclusiones que podría yo resumir en que: La aspiración es vivir con plenitud, no el acumular riquezas.Para entrar en tema me voy a permitir citar a mi cuate Faustino Castro, fundador de la Universidad de Zamora en Michoacán, quién adicionalmente es mi confidente y gurú para temas humanos, entre otras minucias; quién con sencillez expresa: “Venimos a este mundo a crecer”; de la misma forma que un grano de trigo es en acto una semilla pero en potencia es una espiga, el ser humano al nacer es lo que es, aunque en potencia puede ser lo que su naturaleza personal le permita. Con una diferencia respecto a la semilla de trigo: el ser humano tiene la capacidad de decidir si se queda en semilla o se convierte en espiga, es decir, somos cada uno de nosotros, ejerciendo nuestra libertad, quienes decidimos que hacer en nuestra vida, hasta donde crecer…Si coincidimos con Faustino y la razón de existir tiene que ver con nuestra oportunidad de crecer, entonces lo que tenemos que dilucidar es si acumulando riqueza crecemos o nos empequeñecemos, o visto desde la otra perspectiva, si al vivir de acuerdo a nuestra humana naturaleza, que no es la de acumular riquezas, crecemos más y así alcanzamos nuestra plenitud.Para saber cómo vamos en la vida, en función del objetivo de crecer y alcanzar nuestra plenitud como personas, Faustino no da una fórmula: “Si quieres saber si creces, pregúntate si estás amando,… y si quieres saber si amas, observa si estas creciendo.” Visto así, si coincidimos en esto amigo lector, entonces ya no solo se trata de una fórmula, sino de una definición respecto a nuestra propia naturaleza, que es amar. Y es aquí en donde creo que está la “Quid” del asunto: El problema no está en acumular riquezas, el problema se da cuando en nuestras vidas alteramos las prioridades y ponemos lo material al frente y en consecuencia, si tenemos que atropellar al prójimo para lograr éxito económico, pues lo hacemos; con lo que degradamos nuestra propia naturaleza humana y suspendemos nuestro crecimiento para alcanzar la plenitud.Con lo expresado quiero dejar claro a mis dos lectores, que no estoy en contra de generar riqueza; a lo que si me opongo, desde un punto de vista filosófico y de vida, es a priorizar el acumular riqueza sobre nuestra humana naturaleza projimal y la corresponsabilidad que tenemos con nuestros semejantes. Y peor aún, a explotar o tomar ventaja de nuestro prójimo para obtener ventajas materiales.Si hasta aquí estamos de acuerdo: ¿Qué seguiría?... Bueno, pues en mi opinión educar a nuestros hijos sobre estos temas y la corresponsabilidad que tenemos unos con otros, mientras construimos un modelo socio-económico humanista. Es decir, enseñar a nuestros hijos quienes somos, porque existimos y que nos toca hacer en ese espacio de tiempo que llamamos vida para alcanzar nuestra personal plenitud. Con esto en mente, no choca el explicar a nuestros hijos el manejo del dinero y las finanzas para que no hagan tonterías (Las lecciones de: Padre rico), siempre teniendo en mente y como prioridad nuestra humana y projimal naturaleza, es decir no joder al de junto para sacar ventaja personal (Las lecciones de: Perro pobre).¿Y eso es todo? ¡Para nada!, eso es solo el principio, ya que en forma estúpida hemos construido en modelo depredador, el Neoliberal, que empuja al ser humano a pisotear s sus semejantes para sobrevivir y tener éxito económico, lo que ha llevado a nuestra sociedad a construir una selva de modernidad en donde el fuerte toma ventaja del débil (Ley de la selva); en lugar de que el fuerte oriente, ayude y guíe al débil para tener un desarrollo social justo e igualitario.En otras palabras, lo que sigue es enseñar a nuestros hijos y futuras generaciones a amar al prójimo como a sí mismos, y a actuar en consecuencia ¡Así de sencillo!Santiago Heyser BeltránEscritor y soñador