Retorno anhelado
Hablar de qué tan efectiva es la política, los políticos o los partidos políticos en México, implica por lo menos considerar algunas hipótesis, por ejemplo: a) un Estado-Nación disfuncional; b) impunidad conveniente; c) corrupción, como algo que parece inherente al ser humano; d) representación política degradada entre políticos mexicanos y los representados.
El Estado como figura de organización política y social, ha transitado en un péndulo histórico que le han significado varios rostros: a) como una creación social, jurídica y cultural, omnipresente y omnipotente; b) como un ente benefactor y/o sobreprotector de las personas; c) como una estructura burocrática que ha tenido la oportunidad de mostrar fines nobles, pero no ha sucedido. Esta podría ser la fotografía de un Estado que agoniza, y comienza a renacer el “espacio público”. Es decir, cobra fuerza ese lugar público en el que el agente social puede influir en las agendas públicas.
Sin embargo, hablar sobre política con frecuencia provoca en las personas reacciones encontradas, buenas o malas y desde luego, también hace que se perciba a una clase política incomoda, pues se siente exhibida. Pero en política la moneda tiene dos caras. Hay quienes celebran un anhelado retorno progresivo del espacio público, después de varios años en los que imperó lo privado, impulsado por la visión de la democracia liberal. “Lo público –frecuentemente asociado con asuntos de Estado-, ha sido visto como sinónimo de ineficiencia, corrupción y obstáculo”, sin embargo, este retorno resulta no solo positivo sino ineludible. Es decir, la reaparición del espacio público implica reconocer que uno de los ejes de la política contemporánea, debe ser la articulación de actividades y representatividad entre el espacio público y el Estado, todo con miras a planificar, ejecutar y evaluar políticas de desarrollo para la persona y para la comunidad.
¿Menos Estado y más Sociedad Civil? Esta es una pregunta que deberíamos responder a la luz de la eficacia de los políticos “profesionales”. El contexto político de los últimos años en Latinoamérica, nos ha llevado a considerar una creencia dogmatizada: “ante la caída de la economía de mercado, debe haber menos Estado y más Sociedad Civil”. Sin embargo, la cuestión relevante es lograr comprender si efectivamente el Estado está siendo percibido por las personas como un ente ineficaz o todo lo contrario.
Datos duros permiten analizar dialécticamente lo anterior. El Informe Latinobarómetro 2011, revela que el Estado trabaja para el desarrollo del país con un 46%, mientras sólo el 35% cree que el Estado hace algo por cada cual y su familia (34% en el caso de México). Ahora bien, los ciudadanos de la región creen de manera creciente que el Estado tiene los medios para resolver los problemas. Esto aumenta de 71% en 2010 a 74% en 2011 (73% en el caso de México). Y ante la pregunta: ¿cree la gente que el Estado puede solucionar los temas pendientes en una sociedad? El 61% cree que puede solucionar el problema de la delincuencia, el 57% el narcotráfico, el 55% la pobreza y el 54% la corrupción (En el caso de México, 39% delincuencia, 35% narcotráfico, 38% pobreza y 34% corrupción). En resumen, en México menos de la mitad de los ciudadanos perciben como eficaz al Estado, por lo tanto, no confían en él. Esto también significa que no se está trabajando bien y no hay los resultados esperados. El Estado, como figura de organización política y social, no está funcionando en México.
Es por eso que se debe acelerar la dinamización del espacio público, ya que es una característica de las democracias políticas exitosas, pero también hay que resolver otros dilemas, por ejemplo: ¿Cómo emerge el espacio público?, ¿en qué consiste? y ¿por qué es tan necesario para un gobierno democrático efectivo? El espacio público dinámico sugiere un escenario autónomo en el cual los individuos actúan en busca de sus propios intereses, compitiendo entre sí para formular las políticas públicas y definir los derechos ciudadanos. Es un escenario para la lucha social y la negociación, por lo tanto, la calidad del espacio público se determina por los grupos incluidos y excluidos. En México el valor del Estado va a la baja, entonces hay que darle mucho más valor a lo que surge y se consigue desde la sociedad. Si la sociedad se organiza y se moviliza, el Estado mexicano estará obligado a ser más eficaz y los gobiernos quedarán forzados a dar mejores resultados. La soberanía radica en lo que el pueblo elige; pero en un pueblo activo, nunca en uno pasivo, por eso es bienvenido el anhelado retorno del Espacio Público.
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