Reforma Fiscal: golpe a la población
El pasado 8 de septiembre, tal como lo marca la Constitución, el ejecutivo federal envío el paquete económico al Congreso de la Unión para su discusión y aprobación. Dentro de dicho paquete económico se incluyó la tan esperada Reforma Fiscal que el PRI tanto alardeó sería una auténtica transformación hacendaria, cuyo propósito sería que el sistema tributario fuera más simple, justo, equilibrado y transparente, pero como también era de esperarse, nada de eso resultó cierto, y la iniciativa enviada por el presidente no reúne ninguna de las características citadas.
Por el contrario, la esencia de la reforma es simplemente de carácter recaudatorio, y basa su estrategia en cobrar más a los mismos contribuyentes cautivos de siempre. La reforma propone elevar la tasa del impuesto sobre la renta lo cual afecta a toda la población asalariada y a las personas que perciben cualquier tipo de ingreso ya sea por arrendamiento de bienes muebles o inmuebles, honorarios profesionales, ingresos por intereses y todos los que señala la Ley del Impuesto sobre la Renta. También propone homologar el IVA en la zona fronteriza lo cual desde luego hará que toda aquella región del país pierda competitividad frente a nuestros poderosos vecinos del norte. ¡Vaya forma de alentar el crecimiento económico!
En contraste, la reforma propone eliminar el Impuesto a los Depósitos en Efectivo, IDE, y el IETU, con la consiguiente caída en los ingresos tributarios, pero a la vez propone endeudar más al país a través de incrementar el déficit público, lo cual a mediano y largo plazo se verá reflejado en mayor inflación, tasas de interés, tipo de cambio, devaluaciones y de nueva cuenta en el aumento de la pobreza en el todo el país.
El golpe para la desgastada clase media del país vuelve a ser drástico, al pretender gravar con IVA las colegiaturas y las hipotecas, pero a la vez se hacen pasar como benévolos al haber excluido la amenaza siempre velada de cobrar el IVA a los alimentos y a las medicinas, la verdad es que se pasan de listos si piensan que esas propuestas serán aprobadas.
Por el lado de la transparencia y la rendición de cuentas no existen avances en la reforma planteada al Congreso. El gobierno lo único que pretende es recaudar más y respecto a la calidad del gasto, al destino de los recursos públicos y a la transparencia en el manejo de los mismos no existe mejora alguna.
Bajo todo este contexto, ahora toca el turno a nuestros legisladores quienes habrán de analizar, discutir y desechar todo aquello que no contribuye a hacer de nuestro sistema tributario uno más equitativo, justo y transparente.