Ramiro y El Rufo
URUAPAN, Mich,.18 de enero del 2014.- Decía, Ramiro también es agricultor, pues se dedica a sembrar, cuidar y cosechar amistades y relaciones familiares solidas sustentadas en el amor responsable, ese que, como el dicho de mi abuela: “Amor no quita conocimiento”, permite construir relaciones profundas, nutritivas y de vida.
Mi abuela fue un ser excepcional; cuando tengo que describirla; digo que fue una niña que murió a los noventa y dos años; con decirles que todavía a los noventa, se escondía atrás de las puertas para “asustar” a los bisnietos y con esa risa amorosa que tienen los viejitos, festejar su travesura… Pero mi abuela no es el tema de hoy, el tema es que Ramiro tiene un pasatiempo muy peculiar: leer todos mi artículos para ver donde me equivoco, meto la pata, la riego con un concepto o de plano digo pendejadas. Fue en ese contexto que Ramiro construyó su propia relación con el Rufo, ese simpático y perruno personaje que me acompaña en la columna titulada: “Santiago y El Rufo”, en donde el perro, que sí existió y hoy está en el cielo de los perros, cubre el rol de conciencia de la raza humana, para, desde su perruno punto de vista cuestionar lo que hacemos mal y reírse de las pendejadas que cometemos los humanos; que van desde la destrucción de nuestro entorno con un modelo socio económico orientado al consumo, estúpido y criminal, hasta el abuso que hacemos de nuestro semejantes a través de actividades criminales, políticas, comerciales, industriales y empresariales que tienen un solo objetivo, que yo esté a toda madre, a través del abuso y explotación de mi prójimo y del entorno.
Fue en ese contexto, en el del Ramiro que se divierte confrontándome con mis yerros, que me cuestionó el origen bíblico de la cita: “No le des pescado, enséñale a pescar.”, cita que nace de un proverbio chino, no de la palabra del Señor o de la Biblia, como yo escribí. En igual forma fue su señalamiento respecto a mí reiterado uso de la palabra “projimal”, que por cierto, me precisó: ¡No existe! Palabra que “innovadoramente” utilizo para describir o adjetivar acciones o relaciones que tienen como eje el trato respetuoso y amoroso (en el sentido religioso y social de amar al prójimo) entre personas o entidades. En un descuido, como “El burro que tocó la flauta”, dicho repetido por mi abuela, hice mi modesta aportación a la lengua castellana inventando un palabra que permite describir más claramente lo que deseo expresar. Pues bien, en charla con el chómpiras Ramiro, como siempre en forma respetuosa, me sugirió narrara como el Rufo de ser mi perro, mi amigo y mi compañero, se convirtió en personaje literario, crítico de la raza humana, escritor emperrernido, analista político, consejero económico, experto en cuestiones sociales y agrarias, asesor conyugal, maestro en sexualidad y galán… Con esa encomienda en mente, inicie el presente artículo, lo que me generó nostalgia, ya que extraño a mi perro, a veces más que a algunas ex novias, y es que la relación con el “mejor amigo del hombre” tiene como eje el desinterés. Comparto: en la casa de Uds. que no es de ustedes porque es mía, pero que tampoco es mía porque es rentada, acostumbraba reunirse un grupo de jóvenes a las diez de la noche para charlar conmigo, debatir diferentes temas y soñar. En una ocasión, cosa que no me gusta, llegué unos minutos tarde; de inmediato vinieron la bromas y críticas respecto a mi supuesta puntualidad, yo, para defenderme y tocar un tema reviré: Mi llegada tarde no es casual, decidí llegar tarde para darles una lección de amor; acto seguido, abrí la puerta de la casa: salió el Rufo y con expresiones perrunas de alegría se abalanzó sobre mí, moviendo la cola. Enseguida, precisé a los jóvenes: Se fijaron como el perro no reclamó el que llegara tarde, tampoco me dijo: Por tu culpa no fui al super, ni a visitar a mi mamá ¡No!, el Rufo solamente se alegró de mi llegada y de que estuviera bien, lo demás no importa. El día que en la pareja nos amemos de esa forma incondicional y en la total aceptación de lo que el ser amado es, se acabarán los conflictos de pareja y probablemente los divorcios… Los jóvenes rieron y la lección quedó aprendida.
La parte literaria con el Rufo es otro tema, inició cundo mi cuate Pepe Ríos, fundador de El Oportuno, en Uruapan, me regresó una colaboración con el argumento de que yo escribía como banquero ¡Qué vergüenza!, le dije al Rufo que estaba echado a mi lado, yo escribiendo como banquero (Sí, a mi me daría vergüenza ser banquero, en mi opinión, hoy, vividores que lucran con el sistema y las necesidades humanas en aspectos financieros.), y de inmediato, con un chispazo de inspiración, reinicie de nuevo mi colaboración, pero ahora en diálogo con el perro. Ese día nació el Rufo literato ¡Con éxito!, ya que la colaboración publicada fue el inicio, no solo del perroescritor, sino de una amistad con Pepe Ríos (qepd), que duró mientras vivió y a quién también extraño.