Perfiles/Arnulfo Mora
LA DIVISIÓN DE UNA RAZA. El municipio de Aquila se compone por una mayoría de indígenas que hablan Náhuatl. Hasta hace poco unidos y encadenados por sus costumbres que reaccionaban en una sola voz ante cualquier intento de afectar sus intereses o su integridad. Hoy esta raza se confronta por intereses de partidos políticos que se confunden con abusos empujados por la delincuencia organizada que sentó sus reales en varias comunidades de este municipio costero. Ahora mismo hay dos bloqueos sobre la carretera costera que une al puerto con los municipios de Aquila, Coahuayana y con el estado de Colima. El primero se instaló a la altura de la comunidad de Ostula luego que fue detenido y actualmente bajo proceso el Comandante de la Policía Rural de Aquila, Cemeí Verdía, a su vez, principal apoyo para el candidato del PRD a la alcaldía de ese municipio, José Luís Ortega,-El Jos-. Otro bloqueo, desde el pasado jueves, se encuentra a la altura de Maruata. Este grupo de indígenas son apasionados militantes del Partido Verde-PVEM-, y defienden a su ex candidato al mismo cargo, el ingeniero Mohamed Ramírez. El grupo acusa que el pasado siete de junio la gente de Cemeí Verdía hizo quemar varias urnas con votos dentro para hacer perder a los ecologistas que hoy señalan a los órganos electorales, estatales y federales, además del estado y la federación, son los principales “asesinos de la democracia” y amenazan con radicalizar sus acciones hasta que les reconozcan el triunfo electoral. Las causas de la división de estas comunidades de raza indígena viene de mucho tiempo atrás y sus orígenes son variados. “Más o menos desde el 2002 se agravan los problemas porque aparece la delincuencia organizada y someten a mucha gente nuestra a sus intereses y viene entonces la división de nuestra raza genuinamente indígena, que habla el mismo dialecto, con las mismas costumbres y que somos de la misma sangre”, narran ahora los dirigentes del bloqueo instalado en Maruata, hasta donde llegamos el sábado un grupo de cinco periodistas procedentes de Lázaro Cárdenas.
EL TEMOR Y LA PASIÓN. Salimos del puerto a las 10:00 horas con la advertencia de que en Huahua había un retén de seguidores de Cemeí Verdía y esto implicaba el riesgo de que no permitirnos el paso hasta Maruata. Concluimos que no debíamos negar nuestro trabajo de comunicadores pero había que inventar un motivo del viaje distinto a la realidad, es decir, que no íbamos al bloqueo de Maruata por ser estos del grupo antagónico al que se encuentra en Ostula. Decidimos decir que nuestro viaje era para dar cuenta de la arribazón de la tortuga marina en Ixtapilla, punto más delante de Maruata y casi a la misma altura de Ostula. El primer temor se disipó al pasar Huahua sin novedad alguna. Pero enesa y otras comunidades se ven grupos de jóvenes que solo observan los vehículos que circulan por la costera en ambos sentidos. Infundado o no, íbamos temerosos de ser perseguidos y luego interceptados por desconocidos. El pesado trayecto y el casi nulo tráfico y la tupida vegetación, hacían mayor presión sobre el grupo de comunicadores. Luego de poco más de tres horas, por fin en el punto del bloqueo en Maruata. Pocos autos detenidos en ambos sentidos. Sin embargo nos extrañó que los automovilistas nos recibieran con aplausos y apurándonos al encuentro con los inconformes. El grupo cerró el paso de vehículos desde las 9:00 horas. “Lo abrimos hasta que lleguen los periodistas”, les advirtieron y por ello la alegría al vernos llegar las familias retenidas. Niños, jóvenes y adultos hicieron círculo a los comunicadores poco acostumbrados a este trato como si de altos funcionarios se tratara. Grabadoras y cámaras guardaron lo que ahí se vio y se dijo. “No somos delincuentes y aquí no hay una sola persona con armas”, reiteraban los voceros del movimiento. “Nos señalan de ser caballeros templarios, y sí somos caballeros, pero con las damas, pero jamás delincuentes”, dijo el Encargado del Orden de Pómaro, el único que no mostraba rasgosindígenas. Y en la fila de los viajeros retenidos encontramos a varios conocidos, entre estos al empresario Jesús Cárdenas. “Luego de cuatro años se me ocurre venirme por la costera y me encuentro con esto, no vuelvo más”, dijo el ex candidato del PAN a la alcaldía del puerto. “Llevo pescado a mi madre que está en Colima, creo que lo tengo que tirar al desperdicio”, nos dijo la señora Marisol, vendedora de periódicos en este puerto. Y nosotros seguíamos siendo objeto de “apapachos poco vistos”. Puestos al centro del numeroso grupo, los líderes se dirigían a los suyos hablando en su dialecto y luego nos aplaudían. También había reclamos. “Solo les pedimos que comuniquen la verdad porque hay medios de comunicación estatales y nacionales que no vienen pero bien que nos difaman informando mentiras y esto nos afecta”, nos reclamaban los dirigentes. Una hora más de sofocante calor y ya pensando en el regreso por la sinuosa carretera, se haría tarde y los temores cobraban fuerza en el grupo. Por fin guardamos cámaras y grabadores y “sigan ese auto, ya les dicen a donde los llevan”, nos indicó un líder que hablaba por radio solo el sabia con quién. “Tengan cuidado, aquí hubo infiltrados del otro grupo”, nos alertó en un mocho español una señora indígena. Nos infundió más temor, lo confieso. Seguimos el auto indicado y nos condujeron a una hermosa playa con decenas de ramadas abandonadas y prácticamente destruidas. Solo una en servicio. Fue hasta entonces que conocimos a los líderes del movimiento que defienden el supuesto triunfo del ex candidato del partido ecologista. La mayoría maestros ellos. La informal plática nos ilustró sobre el abandono de las autoridades a esa región con múltiples historias de sus costumbres, de sus antes riquezas hoy convertidas todas en pobrezas. Son también seguidores del presidente municipal Juan Hernández que está preso acusado de varios cargos, entre ellos el de intento de homicidio del Comandante de la Fuerza Rural, Cemeí Verdía. “Es inocente nuestro presidente, pero es un ejemplo más de las autoridades que se prestan a inventar culpables para proteger a los verdaderos delincuentes”, señalan en sus confesiones informales. “La delincuencia organizada dividió a nuestras comunidades y desde entonces nos mantienen en conflictos”, añade uno y lo confirma el resto. “Llegó el momento en que controlaban la economía de la región, los grupos de gente mala compraba todo a los proveedores y lo revendía a los negocios imponiendo muy altos precios a lasmercancías, a todos los productos”, dice uno de los dirigentes de Maruata. Y como buscando poner punto final, afirman que hoy pasa algo parecido con el bloqueo del otro grupo en Ostula. “Todo el comercio de este lado de Ostula, se ve obligado a viajar hasta Lázaro Cárdenas para abastecerse de todo porque no les permiten el paso a los proveedores de Tecomán, a una hora de camino, y ustedes ya vieron que hasta Lázaro son poco más de tres horas, así que de nuevo, los productos se hacen más caros y más riesgo para los comerciantes de la zona”, dice don Teófilo de Padua. Luego de digerir un suculento ceviche y pescado dorado, partimos de regreso y de nuevo el temor en todo el trayecto imaginando “moros con tranchetes”. En Pichilinguillo, un paradisiaco lugar de la costa, una parada obligada y ahí la dolorosa pérdida de un equipo celular de un compañero. Pasadas las 19:00 horas pisamos tierra en nuestra cabecera municipal, nuestra porque al llegar no faltó quien suelta: “aquí estamos seguros hasta de los malosos, que de este lado también son nuestros”. En esto de la comunicación tiene sus riesgos, pero se impone la pasión por el trabajo periodístico. [email protected] HASTA LA VISTA.