Ni Apatzingán es Afganistán ni La Tuta, Osama
Parece existir en el Gobierno Federal la intención de convertir en figuras del imaginario popular a los personajes que, vivos o muertos, se han convertido en el combustible que alimenta el fuego intenso que se vive en Tierra Caliente.
Antes que investigar, perseguir o comprobar, la Comisión Nacional para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán aventura la hipótesis de que el dirigente fundador templario, Nazario Moreno, “es lo que conocemos como una leyenda”, dijo recientemente su titular, Alfredo Castillo Cervantes.
El comisionado no se atreve a confirmar “lo que en su momento fue dado a conocer de manera oficial” –en la administración de Felipe Calderón se reportó su muerte en enfrentamiento-, ni a desmentir lo que aseguran las autodefensas, los sacerdotes y la población que vive entre las balas: Nazario vive y ataca con furia. Para él, sencillamente todos alucinan y son presas una leyenda que, como tal, jamás podrá detener el Gobierno Federal; para él, sólo eso debemos creer los mexicanos.
Castillo Cervantes contribuye, con ingenuidad o con malicia, en la confusión y la ahonda con una declaración insólita: "Cuando tuve oportunidad de ser procurador en el Estado de México se detuvo a una persona que tenía un enorme parecido físico (con Nazario Moreno); llevaba varios kilos de droga y más de 29 armas. No obstante que era originario de Michoacán, que se le conocía con ese nombre y que la persona que lo acompañaba lo reconoció como el sujeto que aparecía en el cártel de los más buscados de la PGR, al final resultó que no era la persona”.
Con tanta evidencia física habría que preguntarle al comisionado cómo llegó a la conclusión de que no era la persona, además de las obvias: ¿y dónde anda el cuerpo –vivo o muerto- de don Nazario, dónde quedó el detenido, a qué grupo delincuencial pertenecía, cuál es su estatus jurídico…?
El comisionado complementa la confusión ciudadana y congela toda esperanza cuando al definir su estrategia para atrapar a Servando Gómez Martínez advierte que “si utilizamos una analogía, podemos decir que hay personajes como Osama bin Laden", a quien sólo se pudo neutralizar muerto tras una larga y desgastante persecución que le tomó 10 años de operaciones extraterritoriales a todas las instancias del gobierno de Estados Unidos.
De esta fantástica y reveladora analogía de Castillo Cervantes se hace eco la columna Bajo Reserva que publica el diario Excélsior, a la que fuentes de la inteligencia mexicana dijeron que Servando Gómez “tiene túneles equipados en la zona de Tierra Caliente de Michoacán, que le permiten resguardarse a la espera que las fuerzas federales se retiren del estado”.
Pero Apatzingán no es Afganistán ni, mucho menos, los templarios son Al Qaeda, y el símil del comisionado parece tratar de convertir al muy de carne y hueso Servando Gómez Martínez en casi una abstracción que justifica los fallidos esfuerzos de la política de seguridad pública.
Este juego de analogías con que ha sustituido la información, sin embargo, podría revertirse y operar en contra del comisionado, no sea que los “túneles” templarios se parezcan más a la Ruta Ho Chi Minh que fue el factor decisivo de la derrota estadounidense en ese pequeño país del sudeste asiático