¡No más muertes de inocentes!
La vida humana desde su concepción es el regalo más grande de Dios, atentar contra ella es un crimen gravísimo que trae consecuencias desastrosas. Estamos aterrados por tantas muertes, por la ola de violencia, porque reina el crimen, queremos seguridad y paz. Pero nosotros mismos, llevados por los partidos y autoridades,sobre todo de izquierda, estamos causando esta situación de inseguridad. La civilización, la vida digna y tranquila la construye el hombre como una ciudadela, en la expresión de Saint- Exupéry. Es el hombre el que conduce la creación natural y la humanidad hacia su destino definitivo, a la utopía, a las metas más altas. Paradógicamente es el hombre el que introduce el caos, el sufrimiento, la muerte. El hombre dirige la construcción del mundo de fraternidad y tranquilidad que soñamos. En esta vida, el movimiento material y social depende del hombre, es su responsabilidad.Hablamos del hombre espiritual, dotado de facultades superiores: inteligencia y voluntad. Los cimientos, columna y trabes del edificio son los valores espirituales y morales por los que se guía la conducta humana.El hombre de la nueva era derrumba la armazón del edificio social al perder sus valores absolutos y universales. Sin éstos, el ser humano se degrada y viene la descomposición social y las crisis en todos los órdenes: la corrupción de los policías federales que extorsionan y torturan, las madres asesinas, la complicidad con el crimen, la impunidad. Pongo un ejemplo, la pérdida grave fundamental, del valor de la vida humana. Hay autoridades que tutelan la violencia, la tortura, los asesinatos de las criaturas no nacidas. Debemos llamar las cosas por su nombre, no disfrazarlas con maña, por medio de eufemismos. Las mujeres pueden decidir no tener un hijo, entonces que no se embaracen y que hagan uso digno, responsable, racional de su sexualidad según la ley de Dios y de los hombres. ¿Puede la mujer disponer libremente de su cuerpo? Sí, pero conforme a una conciencia formada en los principios religiosos y éticos. En todo caso, el hijo de sus entrañas, mal llamado producto del embarazo, no es parte de ella misma, es un ser humano distinto que tiene derechos. El aborto es la muerte de un inocente, indefenso, decretada por su mamacita, tutelada pro algunos gobernantes y ejecutada, muchas veces en hospitales que tienen como misión cuidar y defender la vida, por médicos y enfermeras. Ninguna autoridad puede decretar que la vida humana de un nonato empieza a las 8 semanas, en tal caso debieran precisar con cuántos minutos y segundos. Ahí hay algo absurdo. Las convicciones de un Jefe de Gobierno, sino respetan este derecho basado en el derecho divino y el natural, son inmorales y atentan contra el primero y más grande de los derechos, el derecho a la vida.Se asustan algunos por cuarenta mil muertos, la mayoría de ellos criminales y aprueban o legalizan la muerte de más de 56 000 hombres nonatos, en el gobierno de alguien que aspira a ser presidente, para su conveniencia. El aborto no se puede descriminalizar, como proclama pomposamente, Ciro Gómez Leyva porque esencialmente es un atentado al derecho sagrado de la vida. También la multitud tiene sus convicciones a favor de la vida desde sus comienzos, basadas en su fe en Dios y en el derecho natural, al que no puede contradecir la Constitución, redactada por un puñado de mexicanos. También esta corriente de pensamiento tiene derecho a expresarse. ¿Queremos que acabe el reino del crimen, el terror, la muerte? Debemos pronunciarnos a favor de la vida, defender dondequiera y ante las mismas autoridades este derecho sagrado. Sólo tratamos de defender la vida. Hay que superar visiones miopes, ligeras, sin fundamento, convenencieras, por intereses particulares o porque alguien paga. Es de sabios corregir errores, y el más grande de los maestros invita a la conversión en la manera de pensar y de actuar. Es impostergable optar por la vida con las bases inconmovibles de que dispone el hombre inteligente, por los valores absolutos, emanados de la religión y la filosofía.Los miembros de la Suprema Corte de Justicia, así como cada ciudadano es custodio de la vida de sus hermanos. Hay que tomar las iniciativas, levantar la voz y militar en la cruzada contra la barbarie y la muerte y a favor de la seguridad y la [email protected]