Modelo de gobernante crisis
Analistas sabios y bien informados señalan que falta un modelo de país actual. Aquí su servidor encuentra que falta también un modelo de líderes, los que tenemos son arcaicos, tienen vicios arraigados y siguen llevando a crisis de corrupción, rezago social y vida miserable. Cristo, el prototipo de hombre, en su Misterio Pascual, muerte y resurrección que celebramos en la semana santa,ofrece un modelo sabio, sólido, coherente.Los mexicanos sufrimos pobreza de bienes materiales y de bienes espirituales: un endeudamiento absurdo de nuestro Estado de Michoacán, falta de inversión por la violencia, empresas que se cierran, una clase dirigente que da la espalda al pueblo y directamente busca dinero y poder para los jefes y sus cercanos. Obviamente, aparenta lo contrario.La pobreza moral se traduce en crisis de verdad, muchos actores sociales fabrican su propia verdad, la venden y la cambian. Hay más formas de crisis moral, narcisismo, promueven su imagen, quieren gobernar con la imagen de una televisora. La pobreza moral escrisis de fe, se creen dioses, pobres dioses de pacotilla. Hay crisis de conversión moral, se repiten los pecados del pasado, pero cierran los ojos ante los errores y se los endosan al partido de enfrente el mal ha infectado las estructuras que oprimen y corrompen. Renace la clase de los fariseos que están ciegos y dicen que ven, pero eso no pueden ser curados, afirma Cristo. Por lo general, no se acercan al Maestro, Hijo de Dios, el más grande conductor de pueblos de la historia, el mejor conocer del hombre, a Jesucristo. Algunos muestran rechazo a Dios, y a la Iglesia Católica. Muchos son pragmáticos, amorales, tienen la fe cristiana como etiqueta o un dato cultural, se guían por sus caprichos, no cumplen la ley del amor. Sus actitudes dicen: “mi palabra es la ley”. No conocen a Cristo, su vida ni su doctrina, no han tenido la experiencia de encontrarse con él, presente en todas partes, en todos los tiempos por ser Dios. No han recibido la fuerza de su amor que triunfa sobre el mal y renueva el corazón humano, las estructuras, el mundo. La influencia de Cristo humanizó al imperio romano y al mundo. Así, pierden el sentido de la proporción, se disparan sus afirmaciones, actitudes y poses, se presentan como falsos dioses que todo lo van a cambiar, a resolver, a crear, cuando sus antecesores no lo han hecho por décadas y siglos. Sus promesas no tienen límites. Cristo es el modelo de jefes que admiraba Gandhi, De Gaulle, Kennedy, al que se convirtió Tony Blair.Existe un secreto para conocer a los gobernantes buenos, fíjate en su humildad que es sentido de los propios límites, sencillez para sentirse el último de los hombres.La fórmula es sencilla para los aspirantes al poder, pero requiere un alma grande, heroica, santa. Necesitan ser como Dios, en su continuo salir de sí mismo, nada de vanidad ni de imágenes del show bussines, ni de soberbia ni prepotencia. El maestro divino no tenía encanto ni nada que atrajera en su pasión.Un rasgo de toda su vida, se destaca notablemente en su pasión y muerte: se despojó de todo, bienes, ambiciones, no persiguió riquezas, ni sueldos escandalosos no devengados, prestaciones ni viáticos. Amó a los pobres, no les sacó nada, no los utilizó, porque los amaba desafió a las autoridades corruptas, la dictadura de los partidos viejos como los escribas y fariseos sabiendo a lo que se atenía. Enfrentó la corrupción, la mentira de los jefes de su pueblo, dio ejemplo de entrega a las multitudes pobres sin reservarse nada para él, ni bienes materiales ni siquiera la vida. Para liberar al pueblo, para ser coherente con su enseñanza de amor se entregó a la muerte. Fue valiente, heroico, coherente, sublime, inefable. Así derrotó el pecado del hombre y de la sociedad, la perversión, la falsedad, la ambición de poder. La maquinaria del mal con sus pesadas estructuras fue derribada. Los jefes, que lo escuchan y se esfuerzan por imitarlo, tienen la posibilidad de construir el mundo nuevo de una vida digna, plena, de justicia social, de progreso para los pobres.Ganaremos muchos si en semana santa nos acercamos a Cristo, lo escuchamos y nos bañamos en su amor que crea un mundo nuevo, sin maldad, de fraternidad y de [email protected]