Los pecados de las elecciones
Todos oímos hablar de conductas deshonestas en las elecciones. Quien pretenda que todo estuvo bien, perfecto ha perdido el sentido de la honestidad y de la verdad en los hechos. A pesar de todo, muchos maquillan la realidad y pretenden que todo fue bueno y derecho, que no hubo nada de malo. Se pregunta el sentido común en qué país y en qué mundo viven. Impugnan la elección presidencial, esto era seguro desde que postularon a Manuel Andrés López Obrador (MALO) como candidato presidencial. Se alegan razones: la compra de votos, es un hecho, hay multitud de testigos, en las cocinas de muchos se guardan trastos con el nombre de un candidato. Que hubo acciones para inducir el voto las hubo. Se violó el primer valor de la convivencia social, la dignidad de la persona humana. Otra razón es la manipulación de las preferencias de voto por cinco casas encuestadoras. La insistente publicación de los datos, las tendencias, eran, por lo menos sospechosas. El error es demasiado grande y no se explica sólo por las leyes estadísticas, ahí hay otros móviles. Es una falta grave de respeto a la dignidad del pueblo sencillo mexicano, es un delito de laesa patria. Otra razón es la cargada de algunos conductores de noticieros y periodistas. La manera incomprensible como exaltaron al candidato puntero después de los debates, los mostraba alineados, en el cortejo del nuevo faraón. Algunos otros guardaron un silencio culpable, cómplice, no se pronunciaron valientemente sobre la manipulación de datos de empresas y comunicadores. Prevaleció el egoísmo chambista, valor coyuntural sobre la verdad, valor absoluto. Otra razón que no se señala: los discursos falaces que manipularon las mentes y las voluntades de las multitudes de los humildes. Se cometieron terribles pecados de lógica como confundir el México de la triste realidad con el México ideal de los discursos populistas. Un candidato fue grande en sus discursos, el mérito fue de quien le escribió el guión. Daban como un hecho algo sumamente difícil que cuestionan los filósofos: el paso de las ideas a los hechos. Es un pecado ancestral de los políticos mexicanos, desde siempre han ofrecido promesas huecas. En cada elección nos bajan el cielo y las estrellas. Según sus discursos, hace muchos sexenios que se resolvieron todos los problemas y se transformó México en un paraíso. Surge una realidad preocupante: el nivel de madurez de las multitudes, su falta de criterio para valorar a las personas, para discernir la verdad. Millones y millones de nosotros siguen a una persona que ha dado muestras suficientes de que quiere el poder por el poder, despreciando en los hechos el Bien Común del pueblo, pasando sobre las instituciones y los derechos de los mexicanos. Qué idea del hombre prevalece. Es el hombre perfecto, impecable, que no se equivoca ni es malvado para pecar contra las leyes absolutas de la convivencia humana y republicana. ¿El superhombre de Nietzsche por encima de la moral? Aparece el hombre mutilado, sin los principios que norman la conducta humana que tiene una inevitable dimensión moral. Se tiene una visión maniquea de la realidad: unos son buenos, químicamente puros, todo lo nacen bien. Los de enfrente son totalmente malos, todo lo hacen malvadamente, producen sólo mal. Hubo irregularidades, delitos electorales como ya se mencionó. Los hombres públicos no son realistas, valientes, humildes para aceptar la realidad que se impone y reconocer los errores. Parten del supuesto de que todo lo hacen bien, como pseudo dioses, de que no cometieron ninguna irregularidad. Hacen malabarismos torpes para tapar las evidencias. No se puede tapar el sol con un dedo. La convivencia social no será sana mientras no se asuma la realidad objetiva y delictiva, de ahí depende que se dé solución adecuada. Tales actitudes son parte de un problema más amplio: se han perdido los valores absolutos, el primero la verdad, que norma las acciones, como cauce seguro para el ejercicio de la verdadera libertad. Para muchos, la verdad es relativa y depende de las conveniencias. Quieren crear su propia verdad, por eso un candidato defiende su visión subjetiva los resultados electorales, tiene sus datos propios, su verdad propia. Para él, la democracia se da cuando él triunfa. Este tema lo abordaremos en otra entrega. No podemos ignorar la verdad sobre el hombre que la Iglesia de Jesucristo anuncia basada en la Revelación de Dios y su experiencia milenaria. El hombre es la obra maestra de Dios, es capaz de realizaciones divinas. Pero está enfermo de pecado, en su interior y en su entorno que lo resquebraja e inclina a la perversión. Es capaz de lo sublime y lo abominable. [email protected]