La verdad, un criterio objetivo y universal
Este servidor no pretende ser catastrofista, sólo realista, al prever que las acciones subversivas de los seguidores de Andrés Manuel López Obrador para defender el triunfo de su mente van a volver, como hace cuatro años, casi exclusivamente en la capital del país. Ojalá me equivoque.Estos hechos, que arrastran a multitudes que actúan y afectan a muchos que sufren las consecuencias, plantea el problema de la verdad. ¿Creen realmente los izquierdistas en el fraude de hace seis años? ¿Creen que la elección de ahora es nula y debe reconocerse como tal y así hasta que triunfe su candidato?¿Son sólo sofistas que juegan con las palabras para construir la falacia de su triunfo? Dicen que quien no actúa como piensa acaba pensando como actúa ¿Su manera de pensar ya se conformó a sus acciones determinadas por sus intereses, al margen del bien común? La verdad es una para todos, depende de los hechos exteriores a la mente, históricos y verificados. La verdad es la conformidad de la mente con los hechos, de las palabras con los hechos y la mente. La verdad es la sana coherencia de lo que sucede fuera de nosotros, con lo que pensamos y hacemos. Observamos la falta de coherencia en muchos actores sociales. La verdad no es democrática ni totalitaria está por encima de eso, como el Bien Común, la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales, que, por ningún motivo, pueden manipularse ni venderse.Afirma el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que la verdad “es un criterio objetivo y universal para establecer el fundamento y la correcta jerarquía de valores”(n. 407) y sustentar el orden social. La situación de desorden y de violación de los derechos de las mayorías que vivimos parece ser el fruto natural de la corriente actual del pensamiento, el relativismo. Sostiene éste que la verdad es inexistente o no es válida para todos los casos, que es relativa a las circunstancias. Se niegan las orientaciones y asideros estables de la conducta humana. El relativista es fácilmente oportunista, convenenciero, no importa la verdad sino la conveniencia. La visión es miope, egoísta y perjudica a los demás.Sobre el relativismo,muchos pretenden construir la democracia. Piensan que no hay valores objetivos que no dependen del hombre, que están fuera de él o sobre él, estables, válidos para todos. Piensan que la verdad depende de las mayorías y no que la verdad la establecen los hechos independientemente de las mayorías. La verdad es un valor objetivo, no se da por consenso. En el relativismo se piensa que quienes están convencidos de conocer la verdad y se adhieren a ella no son confiables sino sospechosos de ser antidemocráticos, autoritarios. Construir sobre una verdad nacida del consenso de la mayoría es construir sobre un terreno movedizo y cambiante de los intereses o del capricho humano. La voluntad, sin valores objetivos y universales es veleidosa y va dando bandazos sin rumbo fijo y sin avance. La enseñanza de la Iglesia de Cristo basada en la Revelación de Dios y en una experiencia de milenios señala que “si no existe una verdad íntima, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas para fines de poder” (Ibid.).Una democracia sin valores objetivos y universales se convierte fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto de una persona o un grupo, como lo demuestra la historia: Cuba, Venezuela, los regímenes comunistas, el capitalismo sin rostro humano.Tenemos manifestaciones de este relativismo, de pérdida de la verdad, valor en sí mismo, universal.Para muchos, la verdad es relativa y depende de las conveniencias. Quieren crear su propia verdad. El candidato de las izquierdas tiene su verdad sobre el resultado de las elecciones.Él tiene su propia verdad de la democracia, ésta se da cuando él triunfa. Las mayorías, que están fuera de ese movimiento que busca el poder, perciben nítidamente la realidad de las cosas, que es de otra manera. La verdad es un valor en sí, metafísico, es innegociable, está por encima de los intereses particulares de los grupos, es inviolable, participa de la eternidad y de la inmutabilidad de Dios, por eso es absolutamente confiable. La democracia es obra del comportamiento humano, éste tiene una dimensión moral, es decir, debe regularse por las leyes divinas, naturales, positivas. Esto implica que tiene que estar al servicio de la persona humana, buscando su realización integral y armoniosa mediante el Bien Común.Quienes conocen la fe católica saben que Dios hizo al hombre inteligente, es decir capaz de conocer la verdad. Lo hizo libre, es decir, capaz conformar su comportamiento a la verdad para convivir armónicamente en sociedad. De esta manera es capaz de construir la democracia, como vía granítica hacia el progreso y el bienestar. Así cada persona puede realizar su destino divino y ser total y definitivamente [email protected]