La misericordia de Dios para el hombre pecador
En tu vida. En el mundo de pecados, alejado de Dios, se pierden los católicos. En el mar de placeres y negocios turbios malgastan los dones de Dios, la salud y la vida. No entienden, no quieren corregirse. Una persona vivía en adulterio y me reclamaba que tenía que aceptarla a la comunión con Dios sin dejar su vida de adulterio. Es que Dios es amor, me decía neciamente.Dios habla. Dios es el papá que reparte sus riquezas a los hombres y los deja libres en el mundo, los pone ante el bien y ante el mal. Los hombres hacen mal uso de los regalos de Dios y los aprovechan para darle la espalda y alejarse de él, para vivir a su antojo, en placeres y negocios de pecado, que les hacen un daño terrible, a veces definitivo. ¿Por qué hay tanto mal en el mundo, tantas desgracias y sufrimientos? Hay hombres malvados que matan, roban, acumulan grandes fortunas. Hay otros que buscan el placer que esclaviza, irresponsable, irracional: adictos a la pornografía, lujuriosos, infieles a su pareja. Hay egoístas que mienten y utilizan a los demás sin respeto. ¿Por qué Dios permite eso? Porque es un papá paciente y bondadoso que respeta la libertad de sus hijos. Porque los hombres son malvados o débiles y cometen el mal. La causa de la corrupción, impunidad, injusticia que sufrimos son los pecados. El papá deja que el hijo junte sus cosas y se vaya al Norte a gastar todas las riquezas que le dio su papá, perdiendo su dinero, salud y dignidad. No recapacitamos hasta que nos va mal, hasta que no podemos más. Cuando nos va bien no nos acordamos de Dios, como los jóvenes. Es el dolor, el sufrimiento, la incapacidad de salir la que nos hace voltear hacia Dios. Hay que reconocer el propio pecado, ver el mal con sabiduría. Entender que es por estar lejos de papá que tiene la vida y la verdadera riqueza en abundancia. Muchos no reconocen su pecado y quieren manipular a Dios. Quieren que Dios les ayude sin renunciar al lodazal de su pecado. Como a Pablo, Dios me hizo a mí ministro de la reconciliación. Por mi medio es Dios mismo quien los exhorta a dejarse tocar por Dios para reconocer sus pecados, arrepentirse, querer trabajar con él, volver a casa. Es Dios mismo quien nos reconcilia por Cristo “a quien hizo pecado por nosotros para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos buenos y justos”, afirma Pablo. El papá espera con nostalgia la vuelta del hijo, escucha la confesión del hijo: pequé… ya no merezco llamarme hijo, recíbeme como a un trabajador. Dios responde generosamente a la humildad del hijo. Le devuelve su dignidad y todos los regalos que había perdido: el traje, los zapatos. Algo inesperado, le organiza una gran fiesta, con derroche de comida, vinos, adornos música. Dios es infinitamente misericordioso y espléndido con los pecadores. Cuaresma es el tiempo propicio para arrepentirse y volver al Papá del cielo. Por eso pedimos humildemente en la oración del principio: “Dios que has reconciliado contigo a la humanidad entera por Cristo”, concédenos prepararnos con fe viva y entrega generosa a celebrar la semana santa y la resurrección.Vive plenamente. Oren en familia, pidan a Dios que les conceda conocer los pecados individuales y familiares y arrepentirte de ellos, para ser una criatura nueva, superando la vieja situación de pecado.Cristo con nosotros. El nos reúne aquí para reconciliarnos con el Padre y llevarnos a la fiesta de su cuerpo y de su sangre.Para platicar en familia. ¿Qué puede hacer la familia para reflexionar sobre sus pecados, arrepentirse y reconciliarse con el Padre, a través de los sacramentos?