La imposible resurrección
La vida es una paradoja. No es un como un cristal de roca, simple y transparente. Nos depara enigmas, aparentes contradicciones. Con frecuencia nos dejar desconcertados. Tiene actores que no entran en la lógica de la verdad en el pensamiento, del bien en la acción, de la coherencia siempre. La maldad, la perversión del hombre siembran el caos y la muerte en la naturaleza, la casa de la familia humana. Así nos encontramos abocados a la descomposición social, que siempre genera muerte de la persona y destrucción del medio ambiente. Debiéramos servir al progreso y al cuidado del medio ambiente, pues estamos hechos para la vida, el orden. La agonía de los lagos, Pátzcuaro, Cuitzeo, la Bahía de Zihuatanejo están muriendo por envenenamiento e inmundicia, convertidos en aguas negras nauseabundas. La epidemia ha tocado Zirahuén, el lago más puro de México uno de los más bellos del mundo, al lado del lago de Ginebra en Suiza y al Titicaca de Perú, el Mihaupi, el de Bariloche en Argentina. Zirahuén ahora vomita espuma amarilla con sabor a cobre de Santa Clara, además de que se encoge lastimosamente ante la los moradores de las orillas que se cruzan de brazos. Un diagnóstico hondo y doloroso después de millones de años de vida pura y cristalina, con un juego fantástico de colores, de comunión con la gente y los seres vivos como agua potable. Quien siente su mal no deja de cimbrarse de dolor. El arroyo que baja desde Casas Blancas, Opopeo y Santa Clara le arroja las aguas negras y las residuales de los talleres del cobre, con sus deshechos químicos. Es patético, escalofriante ver la muerte del precioso lago, un hábitat de tantos animales y plantas, ahora que se ha convertido en un santuario de aves migratorias. Es el dinamismo que imponen los hombres, llevados por el afán de dinero y fines irracionales e irresponsables. Es el descuido de quienes deben velar por los problemas del país, por oficio. Pero su irresponsabilidad grave nos empuja en una secuencia o lógica de muerte. Estamos empujando la naturaleza hacia el holocausto, la sequía, la erosión y el ensolve y se manifiesta en temporadas de sequía, manantiales secos, lluvias escasas y los calores insoportables del cambio climático y la desaparición de todo encanto y belleza en el entorno natural del hombre. En el discurso de los políticos todo va bien, llegó al poder una raza de mesías que por decreto o compromiso resuelven todos problemas. Parecen dar la espalda al verdadero problema global. El problema de la vida de la raza humana en el medio ambiente no tiene el lugar que merece en sus agendas. En ese rango no les preocupa darle a México y a la multitud de mexicanos el lugar que se merece. El panorama se ve negro, sin salida. Pero cuando las fuerzas humanas llegan al límite surge una luz de lo alto. Cuando fallan los cálculos y las seguridades humanas Dios interviene para salvar al hombre. El es inmensamente superior a los problemas humanos. Es Dios, tiene el poder absoluto, es capaz de hacer mundos nuevos y de resucitar muertos. En la resurrección de Cristo, Dios intervino y transtornó el curso de las cosas. En la resurrección de Cristo, las fuerzas del mal y de la muerte fueron derrotadas, la maquinaria del mal se derrumbó estrepitosamente. Las leyes naturales perdieron su fuerza absoluta. El Mesías, ajusticiado, al tercer día aparece vivo, triunfador, en una condición celeste. El hombre abandonado a sus fuerzas, se siente impotente y se llena de angustia. Los problemas nos agobian y desbordan y sentimos que vamos al aniquilamiento, a la desaparición. Si va en alianza con Dios, es capaz de vencer todos los obstáculos para tomar en mano su vida y la de la creación para llegar a realizar su destino eterno y definitivo, pleno. El que tiene el tesoro de la fe, vive de la convicción de que Dios conduce el universo con sabiduría y amor. La acción de Dios llega hasta lo más íntimo del ser. Todo está arreglado por la providencia hasta la caída del pájaro y el movimiento de la hoja en el árbol. Todo contribuye al bien de los que aman a Dios, afirma la Palabra Revelada. La situación es preocupante, imposible, pero con Dios podemos esperar que vamos a vencer, nos vamos a realizar plenamente, alcanzaremos la gloria eterna en el cielo nuevo y la tierra nueva de la resurrección.