La crisis que viene
Me dirás: la crisis ya está aquí. Es cierto pero viene con nuevos vientos de redoblada virulencia. ¿Qué nos espera: movilizaciones, tomas de la ciudad y de sus habitantes como rehenes por los profesores democráticos que no quieren rescatar la educación de su emergencia? En este espacio tratamos de entender una situación intrincada y caótica y que no tiene visos de una salida inmediata. Hay elementos que nos ayudan a entender el embrollo y a ubicarnos. Desaparece el sentido de la Ley absoluta, de los valores y principios. Todo esto es superior al individuo, es universal, no prescribe, no se suprime ni se negocia. En las protestas y manifestaciones vemos actitudes irracionales, situaciones increíbles en profesionistas de la educación, absurdas, indignantes, no creemos a nuestros ojos. En nombre de qué se oponen a valores universales, comunes a personas que están en su sano juicio: la Constitución, la calidad en la educación y el desempeño responsable de los mentores, la lucha contra los vicios del sistema para sacar la educación de su atraso y postración.Hay foco del contagio en el estado vecino de Guerrero y en Oaxaca. Los profesores democráticos de Michoacán se están como pastizal seco para el incendio. Los argumentos de los grupos que protestan no se sostienen sino en los discursos sofistas y falaces. Los líderes deforman la realidad ante los agremiados y la sociedad. En sus manifestaciones y presión social, hay un divorcio entre las causas que abanderan y los verdaderos móviles, una esquizofrenia. Todo mundo lo percibe, no se puede tapar el sol con un dedo. Si la interacción de la familia humana no se apoya en los grandes valores y principios cae en el voladero de las crisis endémicas, arraigadas y viene la descomposición social con sus secuelas de corrupción, inestabilidad, impunidad, sufrimiento y muerte, atraso, deterioro en la calidad de vida. Los obispos de México lo señalan con profundidad en su documento sobre la emergencia educativa: “la decadencia de una cultura coincide siempre con la falta de claridad en el camino hacia la verdad y el bien”, la belleza y Dios, se puede añadir. Si los grupos que protestan no defienden los verdaderos valores universales, respeto a la persona de lo educandos, al derecho de terceros, se auto degradan, pierden la dignidad de educadores para convertirse en vándalos. Al abandonar, en los hechos, la educación de sus alumnos, al declinar defender una educación de calidad mediante pruebas muy normales, al defender sus intereses grupales, egoístas y bastardos, conveniencias de dinero y ventajas materiales pierden toda la razón de ser de su lucha y de sus sindicatos. Se inhabilitan para defender las grandes causas sociales del momento. Están agarrados de su discurso hueco, engañoso, viven en su realidad ficticia, sin contacto con la realidad, como la realidad virtual de los chavos. Han traicionado su misión. Mucho tiempo la redujeron a transmisión de conocimientos sin buscar la formación integral, para asimilar la cultura y formar personalidades equilibradas, armoniosas, excelentes. Son ejemplares de una sociedad de barbarie, perversión, de demolición de valores. Ahora simplemente no educan, no son profesores y, por lo tanto, nos tienen ninguna representatividad para defender causas ni de los profesores, alumnos ni padres de familia. Presento sólo algunos ejemplos. Atentan contra el derecho a la educación cuando no trabajan los días mandados, no llenan los programas, pasan de año a los chicos sin los conocimientos debidos, deforman a los niños al tenerlos perdiendo el tiempo, sin hacer nada, sin ninguna disciplina de orden y trabajo. Les dan una clara enseñanza de ociosidad, irresponsabilidad, apatía. Son ejemplos de sofistas y malabaristas de la palabra, de retóricos de la demagogia. Enarbolan causas que en verdad no defienden, tergiversan la realidad. Pretenden ser buenos profesores y luchadores sociales cuando en realidad sólo se mueven por conveniencias oportunistas, por intereses materiales y bastardos. No tienen sentido de la justicia cuando cobran buenos sueldos sin trabajar. Esto va contra la más elemental justicia. No estamos al abrigo del desorden, desquiciamiento de las ciudades, contaminación de estos individuos que no se comportan como el cuerpo de educadores sino como hordas de vándalos. No digo “salvajes” por respeto a ese grupo, más primitivo pero más sano socialmente. ¿Cuál es la actitud de la sociedad democrática, civilizada? ¿Va a defender el avance educativo, a defender la educación de sus hijos? ¿Va a dejar que pisoteen sus derechos, a quedarse con los brazos cruzados en su apatía y falta de dignidad? ¿Cuándo vamos a despertar como pueblo, DEMOS democrático? ¿Cuándo vamos a mostrarnos grandes para ver con claridad nuestros derechos, defenderlos con decisión y romper la opresión de un grupo minoritario que nos ata como rehenes? Somos un gigante adormilado o aniñado, inerme ante una minoría mínima que desquicia la vida social con bloqueos, marchas, con discursos falaces y vanos.