¿Inmadurez democrática?
La mayoría de los mexicanos no pertenece a ningún partido sino a la Nación. Deben estar por encima de los colores partidistas para velar por su país. Finalmente, el bien que buscamos no puede ser diferente según las ideologías, los intereses partidistas. El bien verdadero de todos los mexicanos es uno. Así, este comentario es una modesta contribución buscando construir el bien de la familia mexicana, por encima de intereses facciosos. Se trata de velar por la persona para que realice su destino definitivo en un estado de derecho donde se aplica la justicia. La sabiduría de Jesucristo aporta también el amor, sin él los valores se pervierten. Sumum ius, summa injustia, dice el refrán latino, sin amor, el sumo derecho se vuelve suma injusticia. ¿Sabemos los mexicanos convivir en sociedad, cumpliendo nuestros deberes y exigiendo nuestros derechos? ¿Hemos madurado para vivir en democracia? La Revolución ¿nos enseñó la democracia y nos entrenó para superar viejas prácticas de autoritarismo y manipulación de las masas? La lección de los pasados comicios son una triste constatación: cuánto nos falta para vivir en democracia. Se hace mención de conductas anormales, delictivas, de formas burdas para comprar votos, abusando de la sencillez de las multitudes, de su necesidad para sobrevivir por efecto mismo del sistema, de su ignorancia para comprar al hermano por una despensa, por material de construcción o simplemente por promesas. El hecho está ahí, en décadas de vida revolucionaria y republicana no hemos sido educados para participación crítica y responsable en democracia. Ni siquiera votaron dos quintas partes de los electores, un poco menos de la mitad. ¿Cómo en una democracia madura se puede seguir a líderes que ya demostraron lo que son, que ya dieron sus frutos y que era obvio que iban a repetir conductas del pasado, como se podía leer entre líneas en sus discursos? Es inexplicable cuando se tiene sentido común democrático y un poco de madurez humana crítica. Para nadie es un secreto que se ha descuidado la educación cívica y la educación en general que en México y particularmente en Michoacán pasa por una grave crisis. Ni siquiera se cumplen los programas escolares de contenidos mentales. Hay muchos profesores que no cumplen su más mínimo deber en las aulas y otros que jamás son profesores. Cuántos sólo exigen sus derechos pero no cumplen sus deberes. Es un reto que se plantea al nuevo gobierno, un compromiso que no fue firmado ante notario ni siguiera apareció: ¿Cómo se va a educar a todos los ciudadanos para ser demócratas verdaderos, cumpliendo con grandes sus deberes y exigiendo sus derechos? Dicha educación no se da por generación espontánea, de manera automática. Se necesita que la sociedad encabezada por su gobierno asuma una tarea compleja y fundamental, la de educar para la convivencia democrática. La doctrina social de la Iglesia, con experiencia de milenios sostiene que: La democracia “requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación de los verdaderos ideales, así como de la “subjetividad” de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad” (compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 406). Sin esta educación, los ciudadanos de a pie y los jefes estamos expuestos a cometer graves irregularidades como las que se anuncian en los noticieros. Podemos asumir posiciones irreductibles a la democracia como la de no aceptar la derrota en las urnas. “Una auténtica democracia no es sólo el resultado del respeto formal de las reglas sino la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona humana, sus derechos humanos, el bien común como fin y criterio regulador de la cultura política. Si no estamos todos de acuerdo con estos valores la democracia se corrompe hasta desnaturalizarse como en el caso de la república hermana de Venezuela. Siempre le queda a cada ciudadano la parte primera y más importante. No hay que esperar del gobierno algo que, sospecho, no va a venir. La educación democrática debe venir también de abajo, de las instituciones intermedias, organizaciones no gubernamentales escuelas, iglesia y del compromiso de las personas. La formación para ser ciudadanos demócratas debe venir de cada uno de nosotros, podemos empezar hoy nuestra superación democrática, a ser ciudadanos de excelencia, honestos, comprometidos en la búsqueda del Bien Común. Sin este cambio de la persona soberana ningún cambio va a venir, seguiremos repitiendo el pasado, las promesas seguirán siendo promesas incumplidas y la marcha del pueblo con sus jefes será más de lo mismo. El México nuevo que deseamos empieza en ti, en cada uno de [email protected]