Gobernar ¿para quién?
¿De qué partido es el presidente Enrique Peña? Como militante está inscrito en un partido, Como presidente está por encima de los partidos, se debe a todos los mexicanos. El egoísmo colectivo en la cosa pública se llama partidocentrismo. El egoísmo es el pecado capital de los servidores públicos, es uno de los males más arraigados y generalizado que hay que vencer. Sin embargo, ningún candidato lo señaló en campaña ni en la victoria ni firmó compromiso ante notario para solucionarlo. Para entender la gestión pública, es necesario tener una visión objetiva del ser humano, desde una sana antropología. No es un semidiós perfecto, que todo lo hace bien, que no se equivoca ni es malvado. No puede hacer todo lo que le guste o se le antoje, no todo lo que hace es moral ni lógicamente correcto, como pretenden algunos psicólogos, por ejemplo, en el terreno de satisfacción sexual, no puede proceder contra los principios universales, sólo por instinto, así se use el condón. El ser humano necesita cambiar, renovarse en su “yo” íntimo, en la fuente de su ser, en su corazón de donde procede la maldad según el Maestro. Debe curar su ser resquebrajado, egoísta y convertirse en un ser equilibrado, capaz de amar y de servir gratuitamente actuando en conciencia bien formada. El cambio es radical, es un cambio de 180 grados, el hombre deja de buscar su seguridad en la acumulación de riquezas, deja de contemplarse vanidosamente, buscar la satisfacción de sus caprichos y fantasías del cuerpo para tender a metas más altas de su ser integral como el amor, el heroísmo. Hay que ir hasta el fondo, ser capaz de entregarse a sí mismo hasta la muerte, por la nación, por su realización más alta. Es el modelo que estableció el Maestro, el más grande líder de todos los tiempos. Así lo han mostrado mexicanos de valor probado, el más grande de los michoacanos, el sublime Morelos quien entregó su vida para dar nacimiento a México, cumpliendo su palabra célebre: “Morir es nada cuando por la patria se muere”. El hombre sencillo y menos el dirigente se pueden conceder todo lo que les exige su egoísmo porque llegan a actitudes absurdas, que chocan contra los intereses y derechos fundamentales de los demás. Nadie nace enseñada, como es necesario aprender a caminar, a leer, es necesario aprender a amar, es necesario ser entrenado para romper los lazos del egoísmo y volverse hacia los demás buscando el bien del otro y el bien de todos, el Bien Común. Aquí la doctrina y ejemplo del Maestro es clara y esencial. En las primeras etapas, el niño es egoísta y caprichoso. Los mexicanos muchas veces, en lo moral, se han quedado ahí, son niños caprichosos, el país está poblado de chabelos. Mayor exigencia de madurar tienen las autoridades por el alcance de su acción en la realización de la persona humana. Deben, antes de ser servidores públicos despojarse de su egoísmo anacrónico, patológico. Deben ser capaces de ver más allá de su grupo, el bien de todos. Es un esfuerzo tremendo, hay que ir a contra corriente de un mundo centrado en sí mismo, que no es capaz de dar nada. Que ha perdido el sentido de la gratuidad, que está bloqueado en la pequeña cápsula de sus intereses mezquinos y caprichos. El despojo de sí mismo para centrarse en el otro, darle lo mejor de sí y buscar su bien, es el aporte precioso del Redentor que entregó su vida para rescatar a la multitud, es decir a la nación, a todos. El que tenga oídos para oír… La gente percibe el valor de la madurez, el don de sí mismo a los demás y lo valora, lo exalta. Pero queda prisionero en el pequeño mundo de los discursos, en su “realidad política”, equivalente a la “realidad virtual” de los chavos. Así en los discursos de campaña y de victoria prometen pomposamente que van a gobernar para todos. No hay coherencia entre la afirmación y los hechos, no hay verdad, valor universal. En su primera salida el presidente electo visita Durango. Razones se pueden dar muchas, la verdadera es que es el estado más priista de México, ahí fue donde recogieron más votos a su favor. En la realidad objetiva, México necesita con urgencia un presidente que gobierne para todos, para las multitudes de pobres, aunque no sean de su partido ni hayan votado por él. ¿Qué puede hacer el ciudadano común y corriente en un país donde aún siguen vigentes los teúles, con mentalidad [email protected]