Ganar al poder, ¿para qué?
Un hombre público, importante en la vida de Morelia y Michoacán afirma: “lo que busco es servir”. Al mismo tiempo, un líder nacional pide a sus compañeros de la clase política que definan para qué quieren el poder. Parece increíble, los programas de los aspirantes al poder establecen qué quieren hacer, olvidan la finalidad, no saben claramente para qué. Tienen metas supuestas, confusas, indefinidas, en realidad inexistentes. Es evidente en la mayoría, aunque no lo confiesan, que buscan el poder para ser los de arriba, para mandar. Eso no lo pueden disimular, todo mundo lo ve, aunque los discursos afirmen lo contrario. En el fondo, quiere alzarse hasta ahí para hacer dinero y concederse todos los lujos y placeres y ser famosos. En esto, muestran una conducta moral subdesarrollada, muy primitiva. No ha evolucionado hacia las exigencias morales que impulsó Jesucristo. Los que aspiran a puestos públicos necesitan una referencia, un modelo sólido, válido, más que el príncipe de Maquiavelo o los tiranos que están en escena. Sus mañas y engaños son conocidos e imitados por muchos otros jefes, así se presenten como demócratas o de izquierda que buscan el bien de los pobres. Sus palabras por lo general son huecas, no equivalen a nada en la realidad. Para quienes tienen el precioso tesoro de la fe cristiana y reconocen que Cristo es la sabiduría de Dios encarnada, tienen en él un modelo verdadero, seguro, sabio. Cristo tiene una mirada honda sobre el papel del líder, su visión trasciende el mundo de intereses materiales, va más allá de la muerte. El mismo encarna esa visión, busca el bien de su pueblo. Las autoridades corruptas de su nación, sus enemigos, hipócritas y corruptos deciden su muerte. El Hijo del hombre, como se llama a sí mismo, se dirige firme a la cita fatal, en Jerusalén. Su poder, concebido como servicio pasa por la muerte. Obviamente, él tiene, más allá de la muerte un horizonte de eternidad y gloria. En las jornadas camino de Jerusalén lo anuncia con creciente claridad: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de sus enemigos, lo torturarán, lo matarán y al tercer día resucitará. Así establece la manera de ejercer el poder sirviendo. Se convierte en modelo de quienes participan en las carreras al poder. Cristo lleva a su culminación el modelo y cumple plenamente su destino. Benedicto XVI, en Jesús de Nazaret recuerda la afirmación que se lee en San Marcos: “Porque el Hijo del hombre no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida para el rescate de muchos. Hay que rescatarlos del miedo por la violencia del Crimen Organizado, de la angustia por la miseria de dinero y la falta de oportunidades, librarlos de los mentirosos que explotan a su favor la pobreza y la ignorancia. La corriente bíblica de pensamiento sobre Hijo del Hombre se conecta con la del Servidor Sufriente del cántico de Isaías (capítulo 53). Este da su vida para rescate de la nación, por muchos dice Jesucristo, quiere decir por el conjunto del Estado, de la nación. En los textos -escribe Benedicto XVI- “la unidad del sufrimiento y la glorificación, del abajamiento y la majestad se vuelve visible. El servicio es la verdadera forma de gobierno y nos permite mirar dentro una mirada en la manera de Dios de ser Señor, en el señorío de Dios. En el sufrimiento y la muerte, la vida del Hijo del hombre se vuelve pura pro-existencia (existir para los demás). Se convierte en el redentor y dador de salvación para los muchos”, los atemorizados hijos de Israel, por todos los aterrorizados hijos de Dios, por la humanidad”. Esto no es nuevo para nosotros. Un líder creyente José María Morelos, nuestro héroe egregio se identifica con el Servidor Sufriente. Por eso se llama a sí mismo Siervo de la Nación. Sella sus palabras muriendo por la patria que él soñó y que muchos de los que han venido después no han sabido construir. Quienes buscan el poder, deben saber para qué es la autoridad, para servir, entregar su vida. ¿Quién de los suspirantes por el poder tiene la grandeza para hacerlo? Aquí tienes un criterio para cumplir tu deber ciudadano. Conócelos de verdad, discierne quiénes son los auténticos servidores públicos. Sólo ellos merecen tu voto.