Extraña enfermedad de la vista
¿Sabemos juzgar los acontecimientos y las personas? ¿Tenemos un criterio bien formado, podemos hacer crítica serena, objetiva para tener los pies bien puestos en la tierra y saber a dónde queremos ir? Así no nos dejaremos arrear como un rebaño o como un atajo. Hay entre nosotros una epidemia de una enfermedad muy peculiar. EL mal se localiza en la mirada interior, es una enfermedad de la persona integral. Observamos en los ciudadanos de los partidos, sindicatos y otros grupos una especie de daltonismo: sólo ven los buenos resultados de su propio partido, en cambio de los de enfrente sólo ven los fracasos, con aumento, como con lupa. Paralelamente, no ven los propios fracasos y en el adversario no ven los buenos resultados. Tienen una visión distorsionada de la realidad, su mundo es irreal. Así en el sexenio que termina los mencionados enfermos no ven su responsabilidad en los resultados de la gestión pública, en los pobres logros, la baja productividad, el estancamiento de las reformas estructurales, la falta de transparencia, el rezago educativo, la corrupción generalizada…. El resultado es obra de todos pero ellos no quieren ver su parte de culpa. Olvidan que los resultados del sexenio se deben a todos, al partido en el poder y a la oposición, al poder ejecutivo, legislativo y judicial, del pueblo democrático que en sus dos quintas partes, cerca de la mitad ni siquiera vota. En los militantes de la oposición, en su zona de influencia, de manera visceral y por lo demás superficial se condena sistemáticamente a Felipe Calderón, se resaltan las limitaciones y la cortedad de resultados, se le calumnia. Es un visión parcial, ideologizada. Se manipulan los datos, se deforma la realidad, así se le achacan los muertos que han hecho los hijos del crimen organizado en la guerra de cárteles. Se menosprecian y olvidan las cualidades de un presidente que no es un político populista, vanidoso, retórico, corrupto. Él no ha ocultado sus principios morales y religiosos y se ha guiado por ellos, ha tenido una línea clara, firme en la conducción del país, se ha apoyado en los grandes valores que sustentan la convivencia social. En una visión honesta de las cosas hay que aceptar sus defectos y errores inherentes a la condición humana, también a los militantes de la oposición y a los críticos del poder. Pero también hay que valorar los logros, por ejemplo, en economía sana y sólida en una situación caótica mundial, en la recesión de grandes potencias como China, en la debacle de los países del primer mundo, Estados Unidos, España, Grecia. No podemos olvidar las devaluaciones de un pasado reciente. Hay que valorar su decisión y valentía para enfrentar al crimen organizado, que es cruel y vengativo, que se esconde en la policía y muchos sectores sociales. Los adversarios hipercríticos del régimen guardan silencio ante los resultados del operativo anti narco, de la eliminación de capos grandemente nefastos, como la de Heriberto Lazcano, la Ardilla y otros muchos. El momento en que suceden las detenciones o abatimientos pone en claro que no se han realizado por un móvil político, para preservar un caudal político. Aquí los críticos también guardan silencio. En lo pasado, cuántos convivieron con el nido de víboras, entregando al pueblo a su merced. Las instituciones internacionales tienen una sana distancia para percibir la verdad de la situación en México. Ellos ven con claridad meridiana lo que está oculto a los ojos de las multitudes mexicanas. Recuerden la ovación a Felipe en el congreso de Estados Unidos y los premios internacionales, el peso de sus ideas en foros mundiales le hacen justicia. Con una sana distancia en el tiempo, la historia permitirá aquilatar la gestión presidencial y juzgar al presidente con verdad, objetividad. La verdad aparecerá y se le hará justicia. No podemos progresar en tecnología y retroceder en calidad humana. Debemos rescatar la sabiduría y la prudencia, bien enraizadas en nuestra cultura, que nos abre el sentido de la vida y nos permite conocer a las personas y valorar sus obras. Es un tesoro que está sobre todos las cuentas bancarias, los carros de lujo y los diamantes. La sabiduría da sentido a nuestra vida y nos ubica en los acontecimientos para seguir hacia las metas definitivas y la plenitud. Los mexicanos necesitamos ser personas maduras, de consciencia rectamente formada, según los valores universales, que perciben la realidad objetivamente y la valoran. Necesitamos ser personas críticas para percibir los acontecimientos y las cosas con objetividad. Hemos de ser personas de criterio por encima del vaivén de opiniones amañadas, viscerales, interesadas. Debemos percibir lo que sirve a la persona humana y la lleva al Bien común, al progreso al bienestar, a la vida digna y feliz. Debemos ser críticos ante la gestión de los conductores de la sociedad y ante las actitudes de todos los ciudadanos en la sociedad democrática. Debemos también ser críticos de nuestra participación responsable o irresponsable en la construcción del México de la abundancia y transparencia, libre de corrupción, mentira e injusticia que demandamos, del México que avanza hacia metas más altas. Aquel que nos creó con amor nos dio la sabiduría, para dirigirnos con criterio bien formado hacia nuestro destino definitivo y feliz. El mundo tiene necesidad de sabios.