En el ojo del huracán
¿Tú que piensas, amigo lector, en una sociedad violenta, desquiciada, sumida en la injusticia y la miseria, ¿podemos vivir con gozo, con seguridad? En un mundo de inseguridad cunde el miedo en la población ante los ataques y amenazas, la incertidumbre ante la falta de recursos estatales, de empleos. El cielo se ensombrece, el aire enrarecido se respira con dificultad. La incomunicación de la ciudad por el secuestro vandálico de autobuses por parte de seudo estudiantes, la falta de miles de millones de pesos por manejos desafortunados del dinero de los michoacanos que agrava el desempleo. Una educación secuestrada por quienes se oponen a la Alianza por una Educación de Calidad. La clase dirigente está ocupada en ganar el poder y manifiesta en descalificaciones y retórica sofista, es decir falsa con apariencias de verdad, ignorando los intereses del pueblo. Es cierto que hay hombres de bien, honestos, capaces de servir que se preocupan por el bien de la nación, como las autoridades que sostienen el operativo contra las organizaciones del crimen. Hay logros notables en materia de economía, de un momento difícil en que las potencias tiemblan. México está clasificado como la séptima potencia mundial. En muchos ciudadanos hay un sentimiento de impotencia, por años no se han dado soluciones creíbles, han terminado en fracaso y han generado la desconfianza. Muchos se sienten rodeados de vacío, alrededor no hay un apoyo sólido de donde agarrarse, muchos no ven ningún camino que nos saquen del caos. Llega un momento de una desesperación agazapada, porque por ningún lado vemos la salida, todas las seguridades humanas fallan, no dan la ayuda que buscamos. Aquí, para quienes creen en Dios, la fe aparece como un regalo de lo alto, de valor incalculable, un apoyo de un orden diferente. La fe es algo tan diferente de lo muchos creen, no consiste en darse golpes de pecho y estar rece y rece. La fe es una confianza en un apoyo superior, inconmovible, de alguien muy rico, bondadoso, fiel. El apoyo se hace cercano, perceptible cuando Dios se hace hombre en Jesucristo, toma la forma humana y nuestra condición terrena de miserias y limitaciones. Los creyentes saben cómo y dónde descubrir su presencia y ver que los milagros se producen: el milagro del amor, el príncipe de Dios ha sido enviado a traer buenas noticias a los pobres, los afligidos, los que desean justicia. En el ojo del huracán social cuando los vientos azotan y los cerros se desploman y nos sepultan aparece la Providencia, presencia de luz que nos tranquiliza: no tengan miedo, nos grita. La tormenta en el mar del evangelio es un símbolo viviente, actual. Cuando van a zozobrar en las olas, los apóstoles ven que alguien se aproxima en las sombras de la madrugada. Gritan de miedo y el Maestro los tranquiliza, le tiende la mano a Pedro que se hunde. Según la gran tradición y creencia judía, sólo Dios camina sobre las aguas. El libro del Exodo de la Biblia que tiene valor de documento fundador para la cultura occidental, tiene esta afirmación tranquilizante: “el pueblo tuvo confianza en Dios así como en Moisés”. La fe no es una actitud, loca, absurda porque tiene como fundamento al único ser necesario en el universo, absolutamente fiel, que no pasa nunca. La existencia de Dios es pieza clave en la historia y el universo. Quienes no creen lo suplen por no sé qué. La fe se apoya, como afirma el genial Pablo de Tarso, en el poder de Dios, un poder absoluto. “hasta la caída del pájaro está arreglada por la providencia, afirma Shakespeare en Hamlet. El creó al mundo por amor y lo dirige con sabiduría. Las multitudes creyentes pueden apoyarse en la roca inconmovible, poner su confianza total en alguien más grande que nuestras broncas y avanzar seguros. La justicia a los pobres empezará brillar como una nueva aurora, los marginados y humildes tendrán comida y bebida en abundancia. Nadie hará mal en la ciudad, el campo, el Estado y el mundo. Quienes tenemos fe hoy podemos luchar para sobrevivir para vencer la corrupción pero con una confianza fundada y una esperanza que no se deja desconcertar. En este día de desórdenes sociales, de falta de recursos de dinero podemos vivir seguros y con el alma serena, porque alguien muy grande y misterioso, va con [email protected]