Aquí todo sigue igual
En resumidas cuentas, ¿él qué culpa tiene? Nadie escoge cómo nace, en dónde nace, cuándo nace, de quiénes nace, por eso defiendo a Jaime, él no tiene culpa de que su padre haya sido un alto funcionario de gobierno.Vehemente, el joven de secundaria oficial ubicada en la colonia Chapultepec, se enfrenta a grito abierto a un grupo de su propio salón, que minutos antes, se burlaran de Jaime, “si su padre es tan rico y tuvo un puesto tan importante, no debería estudiar en esta escuela, que lo manden a la más cara de Morelia” eran las frases cargadas de ironía.El ganador de decenas de contratos en el comité de adquisiciones, el poseedor de permisos de exportación y constructor de miles de kilómetros que “comunican todos los rumbos de Michoacán” que le significó acumular millones y millones de pesos, no podía tener a un hijo en esa escuela, de medio pelo…bueno, por lo menos a uno legitimo.Tal era el comentario insidioso, la platica colectiva de padres y alumnos a la salida del colegio y con el que se distraían y herían a Jaime, que justificaba “casi no viene mi papá, ya que trabaja mucho, sirviendo al País”. Realmente inexplicable, resulta que hombre tan poderoso que “hasta playas compró en la pasada administración y que compro inmensas extensiones compradas a centavos, antes de iniciar la carretera, con lo que elevaría su precio hasta diez mil veces de lo que había adquirido”, tuviera viviendo en modesto departamento rentado a Jaime y su mamá; la conseja popular decía “de perdida en Las Américas, sino los quiso llevar a Tres Marías o Altozano”.“Dicen que el señor no trata bien a Jaime, que tiene mujeres por todas partes y que la mamá, que es joven y guapa, es sólo una más” lanzaban los chiquillos al defensor del pobre Jaime, que a esta altura huía despavorido.¿Les gustaría que hablara de sus madres en esa forma? Argumento casi desesperado el amigo defensor, logrando que un silencio reinara por algunos minutos.¡Alí Babá y los cuarenta ladrones! Soltó entre risas el más “aplicado” de ellos, dicen en mi casa, que se robaron hasta lo que no había y que nos endeudaron por los próximos treinta años.La anécdota puede ser adecuada a cualquier momento de nuestra historia, un mes de solicitar la restructuración de la deuda y: Aquí…todo sigue igual.