Los medios hoy (el peridismo que a veces acierta)
No todo lo que aparece bajo el título de ENCUESTA es una encuesta. El problema con los estudios de opinión es que se han usado sistemáticamente como toscos elementos propagandísticos y no como confiables herramientas que nos permitan un acercamiento hacia la opinión pública.
Actualmente, los estudios de opinión son tan complicados y los partidos políticos le tienen tanto miedo, que su publicación está prohibida unos cuantos días antes de la jornada electoral. También, la norma establece que no solo se debe publicar la encuesta, sino también su metodología, pero, aún con este requerimiento, no todas son dignas de llamarse encuestas.
La inquietud por señalar algunos tips para leer las encuestas nació a partir de un “estudio de opinión” que el medio “Morelia Global” emitió recientemente para destacar a los “servidores públicos más productivos de Michoacán en 2014”. Los resultados no los voy a reproducir para obviar espacio, pero esta encuesta, que muchos “servidores públicos” replicaron en sus perfiles de redes sociales para presumir su “productividad” no tiene validez por algunas razones:
PRIMERA: el universo de encuestados sólo se limitó a “50 funcionarios”. O sea, esa fue la muestra representativa, una especie de autocalificación entre compañeros del mismo gobierno, lo cual, nos brinda un torpe resultado.
SEGUNDA: la encuesta califica un año de trabajo en una sola entrevista; lo que nos lleva a un resultado parcial. Se pudo haber hecho una encuesta cada mes, por ejemplo.
TERCERA: no se detalla el cuestionario. No se sabe qué se preguntó.
CUARTA: el análisis del resultado resulta pobre ente la falta de metodología.
En pocas palabras, una encuesta realizada requiere de una metodología planificada. La encuesta, dicen los que saben, debe considerar al menos cinco elementos básicos para su debida aplicación:
EL PRIMERO. ¿Qué tipo de encuesta vamos a emplear? hay muchos tipos de encuesta, como la telefónica, cara a cara, por correo, etcétera, y cada una requiere una elaboración distinta. Una encuesta telefónica, por ejemplo, es confiable, pero nos limita a un determinado estrato social y excluye a la población marginada, la que no tiene teléfono. La encuesta por correo es también confiable y brinda respuestas más francas porque no se tiene la presión del entrevistador, pero es poco atractiva para el encuestado por el esfuerzo de retroalimentar. Por otra parte, la encuesta “cara a cara” es la que mayor valor representa aunque su elaboración es costosa. Su levantamiento requiere mucha ingeniería social pues no se puede elaborar así nomás, no se puede preguntar lo que sea a la primera persona que se ve en la calle. Esta encuesta requiere incluso azar en la definición del universo a encuestar, es por eso que…
LAS ENCUESTAS DE REDES SOCIALES NO SIRVEN
¿Y por qué una encuesta en redes sociales no sirve? Porque se limita a un estrato social que posee acceso a internet, computadoras y cuenta de redes, además de que no hay control para evitar la participación múltiple. Desgraciadamente, muchos medios de comunicación escritos caen en este tipo de error.
SEGUNDO. Se refiere al tiempo y espacio, es decir ¿es encuesta para presidente municipal o para gobernador? Aunque también podría ser para diputado, lo cual requeriría hacer un estudio de opinión en un distrito. El otro elemento, el espacial, debe detallar el día o los días en que se levantó el estudio, y es aquí donde la marrana tuerce el rabo porque muchos políticos, periodistas y público en general, piensan que la encuesta llevada a cabo la semana pasada todavía sirve ¡Y NO ES ASÍ! La encuesta, amigos míos, solo sirve para el lugar y momento en que se realizó, y esto tiene una explicación simple: lo que la gente opina hoy, no necesariamente será igual que mañana debido al cambiante contexto social.
TERCERO. Se refiere al universo, tipo de gente y cuánta gente. Regularmente se realiza con unos mil posibles votantes que poseen credencial para votar y mayores de 18 años, aunque también podría ser una encuesta para mujeres, para jóvenes, para hombres, para desempleados, para ricos, pobres o determinados sectores de la población, y todo eso se debe especificar en la metodología.
CUARTO. Cuestionario ¿Qué vamos a preguntar? No se pregunta cualquier cosa, no es lo mismo preguntar: Por quién va a votar, que…¿por quién cree que va a votar la gente? Se debe tener especial cuidado con el tipo de preguntas porque luego son muy mañosas, por ejemplo, en la pasada contienda electoral, Luisa María Calderón dio a conocer una encuesta en la que reconocía que no tenía muchos simpatizantes, pero… (y aquí viene el pero) se diseñó una pregunta especial para contrarrestar la poca aceptación entre los votantes: “¿Estaría usted dispuesto a ser gobernado por una mujer?” ¿Checan la maña? O sea, okey, una gran cantidad de personas no votarían por mi pero… “más del 90 por ciento de los michoacanos estarían dispuestos a ser gobernados por una mujer”, ¡¡Woooow!!… ¿pero qué clase de persona estaría en contra de ser gobernado por una mujer?
QUINTO. ¿Ahora qué hago con la información? El resultado de la encuesta también requiere una debida interpretación y análisis. El resultado es como un estudio médico que no cualquiera puede interpretar. En el resultado se puede apreciar el tipo de personas que no nos apoyan, o que sí nos apoyan; también qué sectores no votarían o qué lugares de la geografía son más renuentes para emitir el sufragio. El resultado entonces es la guía por la que los políticos se pueden dirigir; es también un claro indicador para darse cuenta si se está en la jugada o de plano es mejor cortar por lo sano y reconocer que la gente simplemente no los quiere.
¿Por qué un partido o candidato estaría interesado en publicar una encuesta que le favorece? Quiero pensar que es para incentivar el voto a su favor, como una forma de decir: “ya no te desgastes apoyando a X o Y candidato, pues la gente me prefiere a mí”. Es pues una especie de moralizador para los simpatizantes de algún candidato.
Una buena encuesta, de una buena casa encuestadora o medio de comunicación puede ser confiable, pero, si está mal hecha, a ojos de su servidora, es solo una buena vacilada hecha para… digamos que echar cotorreo.
Para los apasionados de la opinión pública, no pueden dejar de leer a Elisabeth Noelle-Neumann y su libro “La espiral del silencio” ¡Es una chingonaza!
¡¡Buen viernes ronero para todoooooooos!!