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Las crisis que padece Michoacán en materia de seguridad, financiera y educativa, deberían ser elementos suficientes para que todas las fuerzas políticas decidieran agruparse para tratar de encontrarle la cuadratura al círculo.
Sin embargo, en lugar de ello, las voces opositoras, especialmente del PAN y PRD, insisten en manifestar que urgen elecciones en el estado, para que quien asuma como gobernador, lo haga con el respaldo del voto ciudadano.
Inevitablemente resultan sorprendentes semejantes peticiones, cuando se trata de un gobierno que apenas durará poco más de 3 años y 7 meses, de los que ya ha transcurrido un año y medio. Pero no sólo eso, lo legisladores que han tocado el tema, hacen como que ignoran que la licencia de Fausto Vallejo es temporal, de tal manera que sólo eso, imposibilita el escenario que plantean legisladores federales.
Primero, Vallejo Figueroa tendría que RENUNCIAR por CAUSA GRAVE, como lo estipula el artículo 55 de la Constitución Política del Estado de Michoacán de Ocampo.
Y en todo caso, ante lo oneroso de una elección que costaría no menos de 300 millones de pesos a las arcas estatales y de 3 a 6 meses de preparativos, campañas, golpes bajos, trapitos al sol y un largo etcétera, el costo sería gravoso, para que haya un ganador que “gobierne” si acaso un 18 meses, siempre y cuando, dicho trámite empiece ya.
Bajo semejante perspectiva y gracias a las ambigüedades que en la materia estipula nuestra Constitución estatal, así como a las ineptitudes de nuestros “representantes populares”, en el supuesto de que Fausto Vallejo decidiera por motivos de salud renunciar al Solio de Ocampo, el mejor escenario a la vista es que el Congreso michoacano eligiera al gobernador substituto.
Actualmente prevalece una polémica por la ya mencionada ambigüedad constitucional, que estipula en su artículo 57 que “en caso de falta absoluta del Gobernador del Estado, ocurrida en los DOS PRIMEROS años del período respectivo, el Congreso concurriendo cuando menos las 2 terceras partes del número total de sus miembros, designará en escrutinio secreto y por mayoría de voto, un Gobernador interino”, quien deberá convocar a elecciones.
El mismo artículo señala también que “cuando la falta del Gobernador ocurriere en los últimos CUATRO AÑOS del período para el cual fue electo, el Congreso del Estado… designará en escrutinio secreto y por mayoría calificada de votos, al Gobernador substituto que deberá concluir el período respectivo”.
Como usted puede apreciar, estimado lector, nuestros diputados de la 69 legislatura, raro en ellos, cometieron ante las circunstancias actuales, un grave error. Porque en el ánimo de amarrar la concurrencia electoral, no corrigieron el artículo en mención, donde por sentido común, sería mejor que hablara de porcentajes de tiempo de gobierno y no en estricto sentido sólo de años.
Así que la ambigüedad en mención permite que si Vallejo Figueroa, decide renunciar para atender su salud, así sea mañana mismo, la situación de esta administración es que califica en ambas circunstancias de tiempo, es decir, está en los 2 primeros años y en los 4 últimos años de gobierno.
Bajo semejante contexto, la peor de las decisiones es promover elecciones. Los partidos políticos incluido el PRI, tendrían que hacer un esfuerzo por alcanzar ese famoso pacto michoacano que hasta ahora ha quedado en discurso, para tratar de sacar a flote al estado.
Especialmente porque entre la clase política estatal no hay monedita de oro, así que si a Jesús Reyna le toca llevar la batuta 6 meses o lo que resta de la administración, el mejor de los escenarios es que se le apoye. Empezando por los de casa, la propia Federación y los partidos opositores.
Una vez más los políticos de todos los colores, tienen frente a sí la oportunidad de fijar su tamaño, por ello vale recordarles que desde una oposición responsable, propositiva y vigilante, también se ganan votos… no sólo con la crítica constante por todo y nada.
Esta vez a Michoacán le urge que los partidos políticos dejen de pensar sólo en colores, negocios personales y urnas, podría ser la última llamada antes de que el estado toque fondo.
Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.