Libre Expresión…
Equidad…
“La igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ninguno tan pobre que se vea necesitado a venderse”… Jean Jacques Rousseau. (1712 – 1778) Filósofo francés.
A lo largo de la historia de nuestra nación, el reparto inequitativo de la riqueza ha sido uno de sus más graves y añejos problemas. El Pacto por México que logró convocar a las corrientes ideológicas nacionales representadas en partidos políticos, tendrá su oportunidad de alcanzar, en el Congreso de la Unión, una Reforma Hacendaria que intentará equilibrar las diferencias abismales que hoy se viven en nuestro país.
La clase política tendrá una nueva oportunidad de reivindicar un abuso ancestral que tiene postrados en algún nivel de pobreza a más de la mitad de los mexicanos, que se ensaña en el cobro de impuestos con una clase media que se ha venido adelgazando y que de manera contradictoria y retrograda, ha propiciado condiciones para que sea mexicano el más rico de todo el mundo… De ese tamaño la inequidad en el reparto de la riqueza.
Los objetivos de reformar artículos como el 4 y 123 de nuestra Carta Magna, es recaudar más, mejor y de una manera simple, por ello desaparecerán los impuestos Empresarial de Tasa Única y de Depósitos en Efectivo. Se pretende mantener el IVA en 16% y que la Seguridad Social sea universal y se transforme de un Derecho Laboral a uno Humano, que implique un Seguro de Desempleo y una Pensión Universal a mayores de 65 años, por citar un par de ejemplos.
Pretende que crezca la base tributaria, que los informales transiten a la formalidad con una serie de ventajas, para que México pueda recaudar un 1.4 por ciento más del PIB en 2014 y un 3 por ciento más en el 2018, cifra que de lograrse, nos acercaría al promedio de recaudación que tiene América Latina, del 18.4%. Cabe destacar que actualmente se logra un 13.7% del PIB.
La iniciativa advierte también sobre establecer límites al gasto de la burocracia y dotar de transparencia al gasto público.
Tratándose de dinero y cómo se reparte la riqueza de nuestro país, el tema es bastante complejo y ocupa una revisión profunda y comprometida de cada uno de los legisladores federales para tomar las mejores decisiones.
Es el momento de dejar de lado los discursos hipócritas y populistas, es la oportunidad para reivindicarse con todo el pueblo mexicano y dejar de ser los clásicos diputados, senadores y gobiernos que protegen a los “grandes” empresarios, los que cotidianamente con diversas argucias, dejan de pagar impuestos y hasta se los condonan.
Es la oportunidad de provocar que paguen más los que más tienen, de trabajar fundamentados en el deber ser para que por primera vez, se acerquen a un reparto mejor y más equitativo de la riqueza.
El texto de dicha iniciativa de reforma, los discursos que han emanado desde todas las trincheras partidistas, las opiniones con pro y contras de especialistas, organizaciones sociales y patronales, líderes de opinión, etcétera; advierten que hay coincidencias y eso es una buena noticia.
En el comparativo con los esquemas de recaudación y gasto público de México con otros países de América Latina, parece que ya no podemos estar peor y eso lo han destacado varios de los involucrados en la toma de decisiones, así que no resta más que hacer votos porque la famosa reforma estratégica fiscal y hacendaria, planteada desde la era Vicente Fox, pueda ser una realidad, ahora bajo el mandato de Enrique Peña Nieto, que finalmente es lo de menos.
Lo realmente importante, insisto, es que haya una mejor distribución de la riqueza, que se acaben los privilegios de unos cuantos, que ayude a disminuir los índices de riqueza, que crezca la base tributaria, que sea más sencilla y eficiente la recaudación de impuestos.
Veremos pues si los “representantes populares” son capaces de dejar de lado sus intereses, sus extremos, sus deudas con los ricos y poderosos, para hacer lo correcto. Por lo pronto, indudablemente es una buena oportunidad, que de lograrse enfrentará otro problema, su eficiente implementación.
Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.