La madre de las crisis y el futuro
El año nuevo nos pone frente al misterio del tiempo, con su paso inexorable. Se presenta como una fuerza enorme, desconocida, como una amenaza fatal que no se deja controlar.
La ola del tiempo nos envuelve y arrastra. Somos arrastrados en la ola de las crisis, que le pegan con todo al mexicano pobre y desamparado. Amenaza la muerte, el duelo, las venganzas, la impunidad reina con su secuela de inseguridad. El mal domina en el corazón de muchos que condenan a muerte y ejecutan, que ganan mucho dinero con el que compran armas, poder, placer brutal, desalmado.
La crisis, como la medusa, tiene una cabeza, hay una crisis que sustenta las demás crisis, está en su fondo, las alimenta y envenena. Es la crisis de Dios, el vacío de Diosvacío es un como un VIH que se lleva todas las defensas de conducta y precipita en el aniquilamiento del individuo y del cuerpo social.
¿Se puede hacer algo efectivo, que enderece el curso de las cosas? Se necesitan medidas serias que cambien la situación y remedien realmente los males. En el discurso oficial, el mundo está perfecto y las acciones del gobierno son lo mejor, algo nunca visto. La crisis socio económica y de credibilidad de las instituciones desmiente las afirmaciones de los gobernantes.
Urge reaccionar, aunque a las clases del poder y del dinero, a las élites, no les guste. Urge la reacción del gran pueblo de México, del DEMOS, del cuerpo democrático, aunque las clases dirigentes no eduquen para la responsabilidad y participación.
La reforma fundamental está ausente de las reformas del gobierno no encontramos actitudes renovadas ni avanzamos. La primera reforma es la del hombre. Con chatarra no se puede construir el acto del futuro que compita con las mejores escuderías.
La cirugía es general, de todo el ser, va hasta lo más profundo del ser dotado de alma que piensa y decide, hasta el corazón humano de donde procede la maldad, las decisiones perversas, energía mortal que mata y arrebata la seguridad y todos los bienes.
Hay que morir al hombre viejo, de pecados, mañas, proyectos arbitrarios, sin contacto con la realidad, intereses facciosos, de espalda al bien común, mezquinos. Hay que superar las dependencias del dinero, el placer brutal, irracional.
Es una operación compleja, dolorosa, delicada, imposible para el hombre sólo.
Las revoluciones y reformas en México vuelven a las mismas mañas, perversiones, fracasos. Hay progreso pero parece insignificante en la marcha histórica porque el ser humano, con su proyección, social no se ha sanado.
Siguen los mismos vicios que castigan de un sexenio al otro, desde hace décadas y siglos: la desigualdad social, la prepotencia, avaricia, soberbia de las clases política y empresarial, el derroche, sueldos escándalos, por un lado.
Por el otro, la miseria material de millones y millones de mexicanos, la miseria moral: una pésima educación, ineficaz e inoportuna atención médica oficial del sector público, apatía e irresponsabilidad, la inmadurez de la gente que da como resultado: corrupción, injusticia, ,postración que esbaja autoestima, desmotivación para impulsar al país a productividad, progreso, reconciliación paz, con honestidad y verdad.
Urge atender al hombre integral, cargando las tintas en su vida espiritual. Hay que atender la parte de ángel. Se atiende caso sólo la parte de la bestia, del cuerpo en una sociedad de ciencias exactas, de racionalidad, productividad, consumo, negocio.
Hay que renovar el espíritu, rescatando los valores universales, formando la recta conciencia con principios y leyes, educar ciudadanos honestos, sinceros, puros, generosos, serviciales, heroicos como piezas fundamentales de un orden nuevo de un país, que detiene su carrera al caos y empieza a construir tiempos mejores, hacia la utopía, el ideal de vida plena y digna para todos.
Hay una vía rápida y corta: hay que subir hasta la fuente de la vida en plenitud, a Dios, fundamento inconmovible de la vida social.El es el sostén del universo y del orden como profesan quienes tienen el tesoro de la fe de Jesucristo.
La solución es simple, hay que vivir un encuentro con él. Cuando él toca transforma al hombre, renueva su corazón, lo dispone al bien a la virtud, pone la ley en su corazón. Crea un giro de 180 grados en la conducta del criminal. Todos llevamos una parte de criminal en el fondo.
El camino es cumplir su voluntad, sus mandamientos que no prescriben, que hacen al hombre sabio y honesto, dejarse guiar, tomar de la fuente de energías limpias, construir un mundo sin corrupción ni mentira, sin impunidad ni violencia, el mundo de la verdad, del progreso.
Con Dios, se entienden a fondo los problemas, se asumen en la verdad, se resuelven para bien de todos, sin maldad ni intereses bastardos y partidistas. Se alivia la angustia de las multitudes que creen en sus gobernantes.