Jóvenes excluidos
México tiene un serio problema en materia educativa del nivel superior, en promedio 7 de cada 10 jóvenes que aspiran a ingresar a alguna universidad pública no son aceptados y año tras año la historia se repite para cientos de miles de jóvenes en nuestro país. En la actualidad, además de ser un problema de acceso a un servicio público, fundamental para la persona y el país en su conjunto, se está convirtiendo también en un problema de índole política porque los jóvenes ya se manifiestan de manera organizada y exigen la solución a esta situación.Habrá que decir que éste no es un problema de reciente creación, más bien es un problema crónico que se viene arrastrando desde los últimos 25 años. Los esfuerzos que hemos hecho han sido algunos catastróficos y otros insuficientes. Catastróficos porque los gobiernos de nuestro país en la década de los noventa renunciaron a incrementar la inversión en la educación superior pública esperando que la educación superior privada fuera la que absorbiera la creciente demanda por este tipo de servicios educativos y los resultados aún los lamentamos: baja calidad en la educación que se imparte en un importante segmento de universidades privadas, además de que se ha comprobado que la oferta privada no puede absorber la enorme demanda de este nivel educativo. Insuficientes porque si bien es cierto que a partir del año 2000 la política cambió y la inversión pública en educación superior creció sostenidamente y se crearon cientos de nuevas universidades e institutos tecnológicos, también es cierto que este esfuerzo no es suficiente y aún queda bastante por hacer para resolver este problema.A final de este año, en México la tasa de cobertura en educación superior rondará el 33 por ciento, cifra aún muy lejana al 60 por ciento de Argentina, al 45 de Chile y Panamá, o al 40 de Uruguay. Un problema se encuentra en que al interior del país existe una gran diferencia en la cobertura entre las entidades federativas ya que mientras que hay algunas entidades que registran coberturas aceptables mayores al 45 por ciento, existen otras que registran coberturas menores al 20 por ciento, como es el caso de Guerrero 19 por ciento; Oaxaca, 18; o Chiapas y Quintana Roo con 16 por ciento.Lo que es un hecho es que las universidades de nuestro país en la actualidad no tienen la capacidad de atender y poder permitir el ingreso a todos los jóvenes que deseen ingresar a ellas. En el mejor de los casos por cada joven que ingresa hay otro que queda fuera, sin embargo, en casos como el de la UNAM, por cada joven que ingresa a esta institución hay nueve que quedaron fuera de ella.Como problema añejo sus fuentes son diversas, por ejemplo, una vertiente del problema se encuentra en la forma en que se gestionan y administran los recursos ya que la mayor parte del gasto educativo para este nivel educativo se destina a cubrir el gasto corriente de las universidades y no para la creación de nuevas plazas o para la inversión en infraestructura, y si a ello le sumamos la precariedad en que se encuentran los fondos de pensiones de la mayoría de las universidades públicas del país, el resultado no puede ser el mejor o el más eficiente.Por otra parte, el problema también se encuentra en la forma en que se estructura el gasto general en educación de nuestro país ya que mientras que la pirámide poblacional comienza a ser menor en los segmentos de edad infantil y comienza a ensancharse rápidamente en los segmentos de edad juveniles, la inversión pública en educación tienen una dinámica diferente ya que continúa creciendo aceleradamente la inversión pública para el nivel básico mientras que para el nivel superior se mantiene estancada o a penas crece. Lo que se ve es que pesa más el poder político del sindicato magisterial sobre la urgencia de dar más alternativas y oportunidades a los jóvenes en la actualidad.Así las cosas, el problema de la falta de acceso a la educación para la población joven de nuestro país es un problema al que hay que darle solución, no en el largo ni en el mediano plazo, en lo inmediato.