Oscuridad Educativa
Los hechos cometidos por algunos normalistas de Tiripetío, aunados al paro de 72 horas convocado por la CNTE hicieron que Michoacán, en pleno equinoccio, padeciera la sombra de un penoso solsticio educativo, proseguido de un fin de semana largo que deja como saldo a miles de niños y jóvenes michoacanos con muy escasa inercia educativa y una pésima imagen pública de las escuelas normalistas.En contraparte, normalistas y militantes de la CNTE, además de realizar sus tradicionales medidas de exigencia, se volvieron a quejar de que los medios siguieron más a la opinión del pueblo, a miles de destinos modificados por las radicales medidas que vivimos los michoacanos, representados por familias separadas, por dializados y enfermos de cáncer que no recibieron su tratamiento a tiempo, por testimonios de ancianos que se quedaron varados que hicieron palidecer al de por sí desgastado y sempiterno discurso de pobres contra ricos, al que flaco favor le hacen cuando demuestran en los hechos que no tienen conciencia plena de que los intereses de la colectividad están por encima de los de unos cuantos.A pesar de ello, hay quienes desde la trinchera de Tiripetío piden que se conozca la difícil situación de las normales, pero olvidando en la táctica que desde toda lucha social congruente es indestructible el vínculo entre los medios y los fines, denotando ante la ciudadanía maquiavelismo en una atropellada y beligerante persecución de los recursos y el poder.Sin embargo, es sumamente negativo que se difunda una mala imagen de todos los normalistas, los futuros maestros, quienes en un momento llegarán con un aura de impunidad ante nuestros hijos a impartirles clases -lo cual es casi un hecho consumado-, por lo cual no serán precisamente bien recibidos por los padres de familia y alumnos. En ese instante estaremos hablando de violencia y encono del pueblo contra el mismo pueblo.Eso llama a toda la sociedad michoacana a retomar urgentemente la teleología del normalismo, acabando con exigencias de oropel (fiestas de graduación y seis como mínimo aprobatorio, diesel para traslados e incrementar irreflexivamente la matrícula sin importar si se requieren o no profesores) y a partir de ahí mostrar otra cara, más digna (exigir carreterilmente dinero, blandiendo simultáneamente alcancías y piedras en absoluto es digno), más humana (que se corresponsabilicen con el desarrollo de las comunidades más marginadas con proyectos productivos que a su vez les dejen utilidades para sostener sus causas) y más transparente, en particular con las minutas y recursos que se manejan en torno al normalismo. La exigencia de rendición de cuentas no debería de ofender jamás a la verdadera lucha social.Partiendo del consenso sobre el hecho de que la represión, ya sea con la fuerza pública o adueñándose de autobuses ajenos es una salida totalmente falsa, debemos de abordar un complejo problema, en el que hay que enaltecer el legado de la Escuela Rural Mexicana, consustancial a los noventa años de normalismo, que debe de ser dimensionado, conocido y reivindicado.Al respecto, durante la lectura de la narración de hechos suscitados en la última semana, quedó más que demostrado que para la opinión pública, funcionarios, sindicatos e incluso los propios normalistas, no hay suficiente información disponible sobre las normales michoacanas.Ante el problema de falta de recursos de Michoacán para brindar plazas y la responsabilidad que yace sobre los hombros de los normalistas de preservar la herencia de la Escuela Rural Mexicana, hablar de Ayotzinapa, de “la maestra”, de empresarios y de una conspiración global contra el normalismo es desvirtuar el debate, máxime que en su propio discurso ideológico generaron y alimentan una nube confusa de peticiones, demandas y exigencias que a ellos mismos les cuesta mucho trabajo articular. Por ello, ante un cuestionamiento puntual, cuando tratan de contra argumentar brincan de una a otra de sus causas para justificar sus accionesA pesar del desgaste y lejanía congruente entre discurso y acciones, hay que reconocer que en Michoacán -en particular en el sistema educativo estatal -hay muchas necesidades insatisfechas. Las condiciones mínimas para realizar la labor docente no se encuentran presentes en la gran mayoría de los planteles de educación pública básica de la entidad. Aunque ha habido logros, nuestro tránsito como nación ha sido lento en temas de combate a la pobreza, distribución del ingreso y de desarrollo humano de acuerdo con las proyecciones que podamos realizar. Cito en particular el recientemente difundido estudio sobre el Índice de Desarrollo Humano estatal, en el cual en los últimos dos años los michoacanos avanzamos 80 diezmilésimas en la cifra absoluta, manteniéndonos estancados en el 29° lugar nacional, lastrados fundamentalmente por el bajo puntaje en el ámbito educativo. Es evidente que el enemigo común de los michoacanos es el subdesarrollo, producto entre otros factores, de la inequidad en la repartición de la riqueza y la ignorancia. Sobre de él deberían de enfocarse las propuestas en torno al debate político, ideológico y en particular, educativo. En particular, sobre temas transversales, tan complejos como los relacionados con las normales deben de tocar forzosamente múltiples aristas y aclarar en qué beneficiarían o perjudicarían a los niños michoacanos. Si no hay argumentos sustentados en la investigación y análisis, difícilmente se podrá elevar el nivel del diálogo y menos aún, lograr los consensos necesarios para tomar decisiones trascendentales para el futuro de la entidad.El atavismo es lacerante: en Michoacán habitan 305,178 analfabetas, subsumidos entre los más de un millón y medio de personas en rezago educativo, es decir, michoacanos que tienen 15 años o más y no han concluido la secundaria aún, que como cifra nos ubican en antepenúltimo lugar nacional, muy poco glorioso escalón que para colmo de nuestros males está seriamente amenazado por las políticas públicas agresivas que están emprendiendo Oaxaca y Chiapas para revertir su situación; es decir, nuestra tendencia de abatimiento del rezago educativo nos hace proclives a fondear en el indicador en el mediano plazo si no realizamos un esfuerzo sistémico serio. Combatir al analfabetismo requiere del accionar de auténticos educadores en Michoacán.El tema de la nómina en la SEE, en la que el fantasma del aviadurismo, nómina distraída hacia comisiones sindicales y partidistas, promesas laborales sin sustento jurídico y personal eventual, hacen que una aún indefinida cantidad de personal de la SEE flote en la irregularidad administrativa. Sin concluir hasta sus últimas consecuencias el Padrón Estatal de Trabajadores de la Educación y su respectiva difusión, no se podrá entrar en un debate serio respecto a cuántos profesores deben incorporarse cada año al servicio público. La opinión pública no puede permanecer engañada más tiempo.Mientras tanto, es claro que las necesidades educativas en Michoacán rebasan por mucho a los recursos existentes. Sí, es un tema de eficiencia en el aprovechamiento de recursos, pero también de relevo generacional y de incorporación de cuadros educadores innovadores, frescos y dinámicos. Por ello, es innegable que para revertir esta tendencia, una de las fortalezas con las que contamos como estado es que hay en la entidad 17 escuelas normales que cuentan con 6,185 estudiantes, 8 de las cuales son oficiales, dos ubicadas en Arteaga, una en Tiripetío, otra en Cherán y cuatro en Morelia: la de Educación Física, la de Educadoras, la Superior y la Urbana Federal, que sumadas cuentan con una matrícula aproximada de 4,400 estudiantes y las cuales reciben 900 plazas automáticas para sus egresados. Relevante resulta darse cuenta de que recientemente el Centro de Actualización del Magisterio en Michoacán (CAMM) ha sido añadido como una escuela normal más en el portal web oficial de la SEE.A pesar de que no contamos como sociedad civil con mayor información financiera ni en materia de recursos humanos, nómina ni apoyos que reciben, las actividades educativas realizadas en los planteles normalistas se reflejan en el Sistema Nacional de Indicadores Educativos (SNIE), a donde la Secretaría de Educación en el Estado está obligada a reportar información anualmente.Gracias a ello, sabemos que la tasa de absorción en escuelas normales nos coloca en décimo lugar nacional, mientras que en el promedio de la absorción en el nivel licenciatura nos ubicamos en el 25° lugar nacional. En cuanto a deserción en escuelas normales, nos encontramos en 7° lugar, mientras que con el promedio general de la educación superior michoacana estamos en 12° lugar. En cobertura para normales en estudiantes de 18 a 22 años de edad, nos encontramos en 13° lugar nacional, mientras que en licenciatura descendemos hasta el 27° lugar, cifras idénticas en cuanto a la cobertura vista en el segmento etario de 19 a 23 años.De ello, inferimos que la educación normalista en Michoacán está mejor que el promedio de la educación superior en cuanto a absorción y deserción, lo cual es fácilmente explicable debido a las plazas automáticas, primero, ante la falta de empleos en la entidad, el ingresar a las escuelas normales es garantía de estabilidad económica y en el caso de los estudiantes provenientes de hogares pobres es materia de movilidad social, debido al salario percibido. Respecto a la deserción escolar la pregunta es evidente: ¿quién en su sano juicio deserta de las normales cuando desde los 18 años cuentas con plaza automática y vitalicia?En cuanto a la cobertura, el número de normales habla por sí mismo, más aun si tomamos en cuenta que las cifras del SNIE nos dicen que la matrícula de las normales el 7.11% de la educación superior y el 7.99% de la de licenciatura en la entidad. Es decir, uno de cada ocho estudiantes de licenciatura michoacanos están estudiando en las normales. En ellas cursan sus estudios el 6.32% de los varones y el 7.90% de las mujeres, en educación superior y el 7.03% de los hombres, así como el 8.97% de las féminas que estudian licenciatura. Casi una de cada once estudiantes de licenciatura en la entidad son normalistas. En cuanto a los docentes en educación superior, están participando el 6.17% de educación superior en la entidad y el 7.62% del nivel licenciatura. Uno de cada 14 profesores universitarios es normalista. Se requiere mayor información respecto a ellos sin duda, tal y como el máximo grado de estudios, su porcentaje de titulación, salarios percibidos, investigaciones realizadas, etcétera.Una cifra muy relevante es que en Michoacán, en cuanto a la oferta educativa, el 7.91% de las escuelas de educación superior son normalistas y el 12.69% de las de nivel licenciatura. Es decir, uno de cada 7.8 estudiantes de licenciatura es normalista. La cifra no es menor en absoluto, mucho menos si la comparamos respecto a facultades saturadas de la UMSNH como Medicina, Contaduría y Ciencias Administrativas o Derecho.En cuanto a recursos públicos invertidos en las normales estatales, aunque no hay datos públicos exactos debidamente requisitados, en entrevistas recientes, funcionarios de la SEE han declarado que la inversión anual en las normales de Michoacán ronda los 250 millones de pesos, cifra que dividida entre sus 900 egresados brinda como sumatoria del proceso que ¡cada egresado normalista tiene un costo de casi $270,000 pesos!Como conclusión de esta semblanza, respecto a la oferta pública de licenciatura en Michoacán, el normalismo cuenta con condiciones, recursos y apoyos extraordinarios. En este momento histórico de nuestra entidad, la gobernabilidad educativa depende crucialmente del diálogo sobre la concepción y futuro del normalismo, que debe darse con el gabinete completo de la Secretaría de Educación en el Estado, con los actores sindicales de todas las vertientes, con los estudiantes normalistas, con la sociedad civil organizada y con los medios masivos de comunicación presentes. Debe realizarse un análisis financiero para evitar boquetes presupuestales impresionantes como el de casi siete mil millones que representó en 2011 la SEE. También se requiere realizar un gran pacto político en el cual se acuerde nunca más volver a utilizar a la educación por parte de los liderazgos partidistas. Es perentorio que los actores sindicales equilibren sus causas con las necesidades educativas del pueblo, que dejen de seguir imponiéndose por la fuerza, decidiendo quiénes acudirán a dar clases, quiénes serán comisionados, en qué escuelas se trabaja y en cuales no, quiénes tienen plaza automática y a quienes les corresponde tiempo completo. ¡Ya basta de convertir los espacios de servicio educativo público en curules sindicalistas vitalicias!Comentarios: [email protected], Twitter:@erik_aviles