Debate y Deporte
El próximo domingo a las 20:00 horas están programados simultáneamente tanto el debate entre los candidatos a la Presidencia de México como el encuentro de vuelta del Monarcas Morelia contra los Tigres. Ambas transmisiones, magnificadas por la extraordinaria publicidad recibida hasta el momento.Recordemos que “al pueblo, pan y circo”, decía el poeta latino Juvenal. Partiendo de tal axioma, ni el debate político ni el espectáculo deportivo significan directamente el otorgamiento de pan para la gran mayoría de los mexicanos. Estamos hablando en ambos casos de entretenimiento.El debate, aún con su supuesta importancia, difícilmente moverá un par de puntos porcentuales las tendencias electorales. Las posibilidades de interlocución con los candidatos son prácticamente nulas. Ni qué decir de pensar en patear un balón para ganarle un encuentro a los regiomontanos. Somos en ambos casos, espectadores, entes pasivos, consumidores de golosinas visuales.La insostenible partidocracia y sus reiterados abusos de poder, aunados a los niveles inauditos de obesidad y sedentarismo en la nación empañan la legitimidad de la programación dominical. Sin embargo, la medición de ratings será interesante.La utilidad de ejercer nuestro derecho a ver alguna de las alternativas televisivas palidece ante cuestiones más productivas que se pueden realizar: por ejemplo, salir a hacer ejercicio, a rencontrarnos en la cancha con nuestros amigos, realizar política vecinal para acondicionar la unidad deportiva más cercana a nuestros hogares, etcétera. Las opciones para evadir el destino teledirigido están a nuestro alcance.En particular, en cuanto al debate hay que señalar que el tema del deporte no parece que vaya a correr mejor suerte que en muchas otras ediciones anteriores. Es un tema reiteradamente olvidado e incluso soslayado. Desde esa perspectiva, el castigo al rating del debate que impondrá Ricardo Salinas Pliego, quien tiene el poder para interpelar al mismo IFE, es ya inminente. Esta fuerte competencia a la audiencia podría ser leída como una réplica a la desatención con la que los formuladores de las políticas públicas que rigen nuestros destinos han tenido con el deporte. Es decir, ¿por qué la transmisión de un espectáculo del deporte profesional habría de tener consideración alguna para prestarles atención a quienes en rarísima ocasión la tienen con los deportistas?Esperemos nuestro próximo Presidente de México asimile esta enorme lección y preste mayor atención a un sector desatendido y ancestralmente utilizado electoreramente como es el deporte. Asimismo, veamos quién se digna a proponer políticas públicas de calidad para el deporte mexicano.Comentarios: [email protected] y Twitter: @erik_aviles