Estado ficto/Adrián Flores
No ha comenzado la carrera presidencial y de nueva cuenta el señor Obrador ya se agarró a dimes y diretes con el dirigente de un partido. En este caso Beltrones. Lo interesante de todo esto es que aun faltan tres años para la próxima elección presidencial y ya estamos discutiendo a los posibles. Obvio no podemos omitir al eterno candidato, ni a aquellos gobernadores que están en campaña desde que tomaron posesión, y tampoco a la esposa del ex-preciso Calderón.
¿Pero cuál es la prisa por encontrarle sustituto al presente? Recordemos que este agarrón entre Obrador y Beltrones ocurre justo en la semana en que el país fue sacudido por el #calcetagate.
La marca Peña Nieto ya se agotó. Tres años en la presidencia, el escándalo de la casa blanca, los 43 y la fuga del Chapo terminaron por hundir al preciso. Y a que costo. De sólo ver su rostro y compararlo con el jovial Peña Nieto de 2012 siento pena.
El mexicano, chinga-quedito como es, en su afán por ridiculizar al gerente de este congal encontró motivo de mofa hasta en las calcetas de éste y por primera vez en tres años, con pruebas de su inocencia en las manos, nos respondió.
No, el hombre no aclaró ni Tlatlaya, ni Iguala, ni la fuga y ni la subida del dólar. Aclaró la cosa más banal, el escándalo más idiota desde que se tenga recuerdo. Me inclinó a pensar que eso es una muestra del verdadero nivel de nuestro presidente, que si responde sobre esto y no sobre otras cosas es porque sólo de esto es capaz de dar respuesta. Lo demás probablemente ni le interesa. Pero también me inclino a pensar que su respuesta es muestra de que por fin abrimos canal de comunicación con él, que por primera vez estamos sintonizados: sea por que ese sea su verdadero nivel intelectual o, lo que es más triste y más posible, porque ese es también nuestro nivel intelectual.
Pero su respuesta es también una petición de resignación. Resígnense, llegó para regentear la república hasta el 2018 y no hay nada que puedan hacer para evitarlo. Todo lo que puedan decir o hacer le produce al preciso el mismo efecto que el viento a Juárez.
Supongo que ahí yace la premura por discutir a los posibles y a los futuros. Pero con esta clase ciudadana los políticos me tienen sin cuidado.