Estado ficto
El México colonial no era menos kafkiano de lo que conocemos ahora. Y como buen determinista que soy, acuso que el bizarro espíritu nacional tiene sus raíces enclavadas en aquella época (perdónenme por repetirlo tanto).
La conquista del país no fue precisamente una empresa de la Corona española, por el contrario lo fue de una camarilla de españoles que nada tenían que perder en venir a estas tierras; en las cuales se avecindaron gracias a la mano de obra gratuita que representaban los indígenas y a la gran fuente de riquezas mineras del país.
Una vez que la Corona tomó el control del gobierno de la Nueva España sus leyes proteccionistas no hicieron mucho en favor de la economía y tampoco hicieron mucho en favor de la administración pública, ni de sus vasallos indígenas.
En cuanto del plano económico, mientras en Europa ya había una marcada transición hacía una economía de mercado, en la Nueva España se mantuvo un sistema semi-feudal que mucho hizo en detrimento del desarrollo técnico habiendo incluso trabas para el libre desarrollo de la fabricación de bienes.
En tanto de lo administrativo; la administración colonial era una verdadera maraña de atribuciones y puestos burocráticos. Siendo estos encomendados mediante el compadrazgo o mediante la venta de puestos por el plazo de una vida. Alguien acusaba en aquella época que la autoridad virreinal sólo era respetada a unas cuantas leguas de la capital. De ahí en fuera la ley era letra muerta.
Por cuanto corresponde a los indígenas, aunque por bula papal fueron reconocidos como seres racionales y aunque constantemente la Corona intentara, mediante medidas tutelares, protegerlos de la mano española, lo cierto es que eran y siempre fueron tratados incluso peor que bestias de arado.
De lo mencionado anteriormente podemos retomar estos puntos: las trabas hacía la innovación tecnológica, el compadrazgo y la venta de puestos, la inaplicación de la ley y las medidas tutelares en favor de una mayoría en miseria.
Cualquier parecido con la actualidad en mera coincidencia.
A modo de inconclusión.
Ya nuestro amado líder ha presentado la ley secundaria para reglamentar lo que vendría siendo la Fiscalía General de la República, que sustituirá (si otra acción legislativa no se interpone en el camino) a la PGR. Es loable el acto, pues este supone desencajar los actos de la procuración de justicia de la voluntad política en turno y es además congruente con el nuevo sistema penal. Sólo queda esperar.