Estado ficto
Especulaciones nada más
Seguro ha escuchado usted hablar del tejido social. Esa quimera que podría tomarnos volúmenes enteros teorizar, delimitar y examinar. Claro está, la sociedad tiene diversos componentes y es a través de la interacción entre estos que existe un tejido social.
En una democracia moderna uno de esos componentes es la ciudadanía, ese cuerpo heterogéneo de personas que sienta las bases del estado. De esa ciudadanía y para esa ciudadanía se instituye un sistema de gobierno. Ya los tiempos en que los gobernantes lo eran por gracia divina están lejos en tiempo, y lejanos en espacio en uno que otro estado allende nuestras fronteras.
Como en un organismo vivo los componentes del tejido social asumen funciones diferenciadas. Todas ellas encaminadas a promover la vida en sociedad. Y de igual manera el tejido social puede sufrir afecciones de diversa índole que le enferman, incapacitan y hasta pueden destruir.
La ley juega un rol preponderante en todo esto pues ella es quien amalgama los componentes del tejido social. La omisión de la misma es quizá el mayor mal de una sociedad. Peor aun si está omisión es sistémica e indiosincrática: como en el caso mexicano.
Pero no sólo la omisión de la ley enferma al tejido social, también la dislocación voluntaria de su ciudadanía: esa distancia e indiferencia hacia la cosa pública por parte del ciudadano promedio. Incapacitándole para tomar parte en los trabajos por el bien común.
Esos dos, entre otros, son los males que aquejan al tejido social. Sin atenderlos no hay acto político o administrativo que valga.
Por cierto ¿es usted de los que piensa que PEMEX es de los mexicanos? Le tengo buenas nuevas: según el primer dictamen del nuevo régimen fiscal aprobado por comisiones en la cámara de diputados los pasivos laborales de PEMEX y de pilón los de la CFE también le pertenecen a los mexicanos; esto al proponer dichos pasivos se conviertan en deuda pública.