Educación de adultos: hacia una sociedad del conocimiento
Cuando hablamos de educación en México, por lo regular pensamos en la educación de los 26 millones de niños y adolescentes que cursan primaria y secundaria en el país o bien, pensamos en los 9.5 millones de estudiantes que cursan estudios de bachillerato o licenciatura en el país. Sin embargo, no estamos acostumbrados a pensar en que, independientemente de que un individuo curse formalmente un grado escolar, cualquiera que sea este, todo individuo requiere de educación y capacitación continua, que le permita explotar sus capacidades y aprovechar las oportunidades que se presentan en su entorno. En este sentido, la educación para adultos debe verse más allá de la alfabetización que es la clásica forma en la que ha sido vista en México y América Latina por largo tiempo.
En nuestro país, hay cerca de 32 millones de personas mayores de 15 años con rezago educativo. Esto no quiere decir que no sepan leer o escribir, sino más bien que no han cursado o terminado los grados de educación obligatoria correspondientes a la edad que presentan. Por ello, es importante que en México se avance en materia de educación para adultos, el gran rezago educativo que tenemos posiblemente no podrá revertirse en las aulas bajo los esquemas del actual sistema educativo, lo que hace necesario impulsar formas alternativas de educación y capacitación que les permitan a las personas adultas hacer frente a los desafíos del mundo del trabajo, de la dinámica de la sociedad y del ritmo de la economía.
Bajo este contexto, el Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de Adultos, PIAAC, por sus siglas en inglés, impulsado por la OCDE, es un instrumento diseñado para analizar el nivel, distribución y utilización de las competencias cognitivas de la población adulta en diferentes contextos, mismas que se consideran necesarias para que los individuos participen con éxito en la sociedad, en el mundo del trabajo y, finalmente, para que una economía prospere, lo cual contribuye en su conjunto a construir comunidades más prósperas y con mayor estabilidad y paz sociales. Este programa ayuda a los 24 países que se han incorporado a él a desarrollar, implementar y evaluar políticas que fomenten tanto el desarrollo de las competencias como la optimización del uso de las existentes.
Los principales elementos de la evaluación de competencias de adultos son trece y se conforman en tres grupos diferentes. El primer grupo es el de la Evaluación Directa, en él se evalúan las dimensiones de comprensión de lectura, capacidad de cálculo, componentes de lectura y resolución de problemas en ambientes informatizados. El segundo grupo es el módulo de uso de competencias, en él se evalúan las competencias cognitivas, lectura, escritura, matemáticas y uso de las TICs, las competencias sociales, colaboración, planificación, comunicación, negociación y contacto con la gente, las competencias físicas, uso de destrezas motoras, así como las competencias de aprendizaje tales como aprendizaje formal/informal y actualización de competencias profesionales. Finalmente, el tercer grupo que es el denominado Cuestionario de contexto, evalúa las características demográficas, educación, historial social y lingüístico y la situación laboral y salarial.
México no ha participado en esta prueba, pero una buena idea para nuestro país, a final de cuentas, sería comenzar a pensar verdaderamente en un sistema educativo alternativo para la población adulta, iniciando por evaluarnos en materia de competencias, con la finalidad de tener un diagnóstico del lugar que ocupamos en esta materia y, a partir de ahí, diseñar políticas públicas que contribuyan a abatir el rezago educativo y a preparar una mejor generación de adultos que enfrente con mejores herramientas los desafíos de la denominada sociedad del conocimiento ya presente en el mundo de hoy.