Diálogo
Hay acontecimientos que se anuncian con mucho ruido, con campañas orquestadas de anuncios y derroche de dinero. Quedan en eso puro ruido y declaraciones ampulosas, triunfalistas. Hacen el estrépito de un árbol que cae.
Hay acontecimientos discretos que tienen una gran riqueza escondida, que tienen repercusión honda en la vida de las personas, como la medicina homeopática que es diminuta y produce grandes cambios. Las grandes obras son calladas muchas veces, como un bosque que crece.
La Iglesia católica que peregrina en la diócesis de Morelia se reúne en asamblea pastoral con representación de sus cerca de 250 parroquias en de Michoacán y de Guanajuato.
La Iglesia que realiza el proyecto de Dios en la historia, porque quiere comunicar a los hombres su vida y sus riquezas, es para los mexicanos, la institución en la que tienen más confianza. El aporte que puede hacer en una sociedad sometida a prueba, sufrimiento, crisis es enorme y trascendente.
Un ejemplo es el aporte que ha hecho el obispo de Apatzingán y los obispos de México a la situación de violencia y estado fallido de la Tierra Caliente en torno a Apatzingán. Simplemente han hecho un llamado a la verdad, la justicia para el bien de todos y la salvaguarda de la dignidad de la persona humana.
El pueblo de Dios de la diócesis de Morelia celebra su asamblea diocesana del 18 al 20 de noviembre, en Morelia. Es un acontecimiento fuera de la común en la vida de las parroquias. La asamblea anterior tuvo lugar hace tres años.
Se trata de un alto, de un momento cumbre en los procesos pastorales para ubicarse en el mundo, asumir las mega tendencias del hombre en la cultura mediática buscando realizar su destino y construir el futuro mejor, digno y próspero para las mayorías de pobres.
Durante tres días se reúnen en Morelia, en las instalaciones del Seminario Diocesano, todos los sacerdotes, los representantes de la vida consagrada, los laicos coordinadores de los Consejos de pastorales y representantes de las comisiones que asumen las tareas prioritarias de la pastoral de la diócesis. Oran al Señor de la salvación, es el quien realiza la obra. Reflexionan sobre los procesos pastorales a la luz del proyecto divino. Analizan la situación que vive la gente para entender sus cuestionamientos y desafíos y comunicarles la salvación. Toman decisiones para relanzar los procesos en las parroquias y en la vida de cada creyente.
La misión de la Iglesia es llevar adelante el plan de amor de Dios, anunciarlo y comunicar los tesoros de la salvación. Lleva así al hombre a realizar de su destino definitivo y su éxito y felicidad plenos: sin ignorancia ni miseria, sin miedo, llanto ni luto, con oportunidades y la ilusión de triunfar y ser feliz.
El mensaje de Cristo permite al hombre encontrarse consigo mismo, comprenderse y orientarse en un mundo caótico, lleno de confusión. Cristo revela al hombre a sí mismo y le da la clave para entender su mundo.
Todos estos conceptos están tomados del Concilio Vaticano II, su sabiduría es profunda y su actualidad sorprendente.
Salvar es librar al hombre de las bajas pasiones que destruyen la persona y su convivencia armoniosa: mentira, egoísmo, soberbia, ambición desmesurada de poder y dinero, prepotencia, desigualdad social e injusticias y asesinatos, intereses mezquinos de las clases dirigentes.
Salvar es construir el mundo de la reconciliación, la fraternidad, la igualdad de sueldos y bienes, la prosperidad.
La salvación implica la renovación de la persona, sobre la base del amor como entrega a los demás hasta dar la vida por ellos, siguiendo el ejemplo del Maestro, Pablo de Tarso afirma: “me amó y se entregó por mí”. Es rescate de los más altos valores del alma humana. Nuestras crisis son fundamental y primeramente de valores.
Así se prepara la utopía, la patria de progreso, riqueza, alegría y gloria que el ser humano desea íntimamente. Llega así el Reino del amor y de la gloria.
El pueblo de Dios, con sus pastores a la cabeza evalúa su servicio y se proyecta al futuro de la humanidad. Su misión histórica es estar al servicio de la sociedad, devolverle los valores, librarla del estado de corrupción, violencia y muerte en que se debate y muere muchas veces. La Iglesia realiza la acción de Dios en el corazón del mundo, busca el bien del mundo. Esto lo entiende el papa Francisco que pide a la Iglesia salir de la sacristía, de sí misma e ir a las periferias de la miseria de valores espirituales y de dinero, de la violencia, de la contingencia educativa, de la injusticia e impunidad y de la muerte.
En los momentos más negros de postración, fracaso, duda, desesperanza la Iglesia es portadora de una gran luz, la esperanza. Tiene para la sociedad un impulso de vida indomable para superar la crisis y conquistar las metas más altas, la tranquilidad y el bienestar.