Diálogo/¿Te leo la suerte para el Año Nuevo?
¿Te leo la suerte para el Año Nuevo?
Quieres que te auguren riqueza y buena fortuna. Hay muchos charlatanes. Yo te puedo augurar un futuro de seguridad y éxito cerca del Señor de la historia.
El año nuevo te enfrenta al enigma del tiempo. El futuro parece tener una fuerza misteriosa que te amenaza desde lo desconocido, te causa miedo.
Lo sientes como una fuerza superior, que no puedes manejar, que puede aplastarte y precipitarte en el abismo sin fondo de la muerte, en la desgracia eterna del infierno.
Hay quienes presumen de magia y poderes ocultos para protegerte.
Tal vez, con el apoyo de Satanás que tiene cierto poder sobrenatural, los adivinos y brujos logren resultados asombrosos. Pero también se tienen efectos concomitantes, indeseados.
Otros muchos son sólo charlatanes y juegan con tu capacidad de sugestión, por dinero.
El hombre experimenta su condición humana de desamparo, precariedad, impotencia, limitaciones. En el inconsciente y el consciente se siente confrontado a la muerte, es el vértigo de vacío y destrucción.
Las seguridades humanas caen, el hombre experimenta su condición de finitud, impotencia e indefensión. Siente que no es dios sino una simple criatura mortal.
Son muchas las personas que buscan un refugio en la lectura de las cartas en los amuletos, dotados supuestamente de poderes sobrenaturales de protección.
Son muchos los que visitan a los brujos buscando fuerzas ocultas para resolver los problemas: limpias, pociones.
Regularmente están clavados en bienes materiales de este mundo perecedero: buena fortuna, riqueza, viajes, amor, considerado como amor carnal, placentero, barato, de aventura.
¿Podemos orientar nuestro futuro y avanzar seguros hacia las metas y bienes que queremos? ¿Podemos enfrentarnos al destino y sus fuerzas más grandes que nosotros?
La respuesta es categórica, sin vacilaciones: sí.
Ciertamente, no es por la vía de poderes mágicos, diabólicos, por la influencia de elementos naturales o de los astros. Por esa vía, no podemos dotarnos de poderes sobrenaturales para cambiar nuestra condición humana de criaturas y sentirnos seguros.
Hay una manera de auxiliar nuestra condición humana, mortal, terriblemente limitada: aliarnos con una fuerza superior, todopoderosa, buena, protectora, amor eterno.
Hay que alzarse a la esfera superior del ser humano, espiritual, de trascendencia, de apertura a lo infinito.
Entramos en el dominio de la fe natural que es capaz de creer, aunque sea sin evidencias naturales, sin experimentos sensibles. Hay que acceder, para quienes tienen ese regalo celestial a la fe divina, hay que apoyarse en la fe de la revelación y de Jesucristo.
Es la luz de la razón que se hermana con la luz que Dios proyecta sobre el destino del hombre.
Esa fe se manifiesta en experiencias que trascienden, que superan el dominio de lo sensible: manifestación de la acción providente de Dios y obras milagrosas que pueden palpar los sentidos.
Hay que ir en alianza con Dios-
El es Señor del tiempo y del espacio, tiene el poder sobre el mundo. Concede a los demonios algún poder por el que conocen el futuro y pueden realizar obras grandiosas, sobrenaturales a través de brujos y adivinos.
Es Señor de la historia, tiene un plan eterno para el hombre, respetando el juego de su libertad, busca su felicidad.
Es un Dios fiel que guió a los Patriarcas de Israel, liberó a su pueblo de Egipto, tierra de exilio y esclavitud. Entregó a su hijo a la muerte trágica para liberar al esclavo que es el hombre.
Es un Dios providente. Hamlet afirma: "ni hablar, hasta la caída del pájaro está arreglada por la providencia”.
Hay tips para realizar su destino definitivo y triunfar definitivamente.
Hay que entrar en el plan de Dios, sabio, basado en el amor, que tiene una visión total de la realidad, que conoce el futuro y desemboca en la eternidad. No podemos imponer nuestros pobres planes miopes, terrenales y materialistas, basados en el buen olfato y en el capricho sin perspectivas de plenitud, infinitud y eternidad.
Hay que dejarse guiar por la sabiduría y el amor de Dios. Es necesario vivir una gran amistad cercana con él, como Abraham, Moisés, Jesucristo, los santos como Juan Pablo II o Juan Diego. El contacto es a través de la Palabra viva y revelada, el diálogo de la oración, la obediencia de las buenas obras.
Hay que colaborar con su plan sabio, siguiendo sus mandatos con conciencia recta. Hay que construir con él un mundo sin corrupción, violencia, polarización, crimen ni asesinatos, despojo de los pobres, miseria y sufrimiento.
Con él, el paso por el tiempo, concretamente por el año nuevo, es seguro. Nada podrá temer el amigo de Dios, ni los criminales ni el asesinato. Todo está orientado al bien de la criatura que Dios ama tiernamente con amor eterno e infinito.