Democracia en Hong Kong, ¿viable para Beijing?
Un País, Dos Sistemas. Así reza el manifiesto que desde 1997 regula políticamente a Hong Kong, desde Beijing, la Capital del Norte China. Salvo en Defensa y Diplomacia, todo es diametralmente distinto en Hong Kong respecto a China continental tanto cultural como socialmente. Tan cerca y tan lejos, que ni siquiera la ciudad “Puente” Shenzhen, construida en la base de una aldea de pescadores y diseñada específicamente para competir con la sofisticación y plataforma económica de Hong Kong, atenúa el impacto incluso cultural que provoca cruzar la frontera entre ambos universos. Definitivamente son dos universos. Mientras que en Hong Kong hay modales y buenos hábitos urbanos, en China hay escupitajos, invasión del espacio personal y nulo respeto por las filas. Hong Kong es China, porque el Gobierno es Chino, pero tiene su propia moneda (Dólar de Hong Kong), se conduce por la izquierda, tiene su propio esquema tributario, su regulación financiera especial y mecanismos regulatorios que permiten abrir una empresa en un solo día y con un capital social de $1 dólar norteamericano, todo ello con el fin de que fluyan los negocios globales, fungiendo como nodo financiero mundial, concentrándose en Asia como punto de partida. Existe libertad de expresión, a diferencia de China que mantiene censura en sitios web tan globales como Google, Youtube, Facebook y Twitter. Se habla cantonés en lugar de mandarín y el inglés es dominado por gran parte de la población, a diferencia incluso de Shanghai, donde la población residente no habla inglés.
En términos generales, la influencia occidental de gobernabilidad en Hong Kong ha ido permeando de tal forma en años recientes en su población, principalmente la población juvenil con formación académica, que ideas como democracia y participación social han encontrado un terreno fértil y han alcanzado un punto de ebullición esta semana, dando como resultado manifestaciones pro-democracia, que se contraponen totalmente al férreo control social que China continental ejerce sobre sus ciudadanos. Lo que nos lleva al siguiente cuestionamiento: ¿Quién es más ciudadano Chino? ¿El Sr. Wang Xiao Fei, de Beijing o el Sr. Lei Tsang Lee, de Hong Kong? Si nos apegamos a las disposiciones gubernamentales, por ley ambos serían ciudadanos chinos, ambos son raza Han, ambos comparten un nivel cultural similar, sin embargo, el Sr. Lei ha experimentado la libertad que confiere el saber que debería de ser gobernado por un ciudadano elegido por él, por la población de Hong Kong. El Sr. Wang, en tanto, apenas concibe el desarrollo económico chino y está feliz con ello, pero ni siquiera ha pensado en ideales occidentales como libertad de expresión y democracia, no tiene porqué.
China se encuentra ante el mayor desafío social desde su fundación hace 65 años. Ni siquiera las violentas manifestaciones Uigures o el permanente conflicto con el Tibet y su líder, representan tal impacto internacional respecto a las recientes manifestaciones en Hong Kong. El por qué radica en que son manifestaciones multitudinarias, no-violentas, propositivas, logística impecablemente organizada, abarca amplios sectores de la población y difundida por todo el mundo. Es un planteamiento hasta cierto punto lógico: “Queremos democracia, no una revolución” gritan en las calles de zona de Central, Hong Kong. Ni siquiera la censura de Beijing, impide que el mundo se entere de que algo está pasando en esa ciudad y que impacta los mercados financieros y sobre todo la forma de concebir los alcances de la hegemonía unipartidista y control gubernamental desde Beijing.
Pareciera ser que más que un grito desesperado por participar de las decisiones trascendentales, el grito de los jóvenes hongkoneses busca encontrar ecos de identidad. Se saben distintos, civilizados, educados, económicamente solventes pero tampoco les interesa ser independientes. Ser chino les confiere status: China está de moda y Hong Kong es la alfombra roja de la entrada.
Beijing habrá de modificar paradigmas para atenuar el impacto de estas manifestaciones. ¿Será acaso la primera muestra de flexibilidad del Partido Comunista Chino en torno a gobernabilidad, en pro de los nuevos tiempos? Mientras tanto, la población de Hong Kong ya ganó el debate de la opinión internacional. No ha habido violencia, hasta el momento, y el gobierno central tendrá que poner en la balanza que implica menor costo político, finalmente, el aspecto económico marca la pauta en el país socialista más capitalista del mundo.