Pemex, un mito genial
Una vez más está de moda el tema: “reformar a PEMEX para hacerla más competitiva, a pesar del discurso de algunos partidos y actores políticos que exigen no privatizarla, pues la empresa es patrimonio de todos los mexicanos”, dicen. ¿Patrimonio de todos? Me parece una hipótesis muy subjetiva, no creíble e inclusive, provocadora. ¿Qué beneficios particulares me da PEMEX, se preguntan muchos? En realidad la respuesta no es difícil de explicar, pero quienes hablan de un PEMEX “de todos los mexicanos”, no lo saben comunicar.No es tan complejo explicar que: a) Esta empresa genera riqueza suficiente, “para pagar buena parte del gasto corriente del gobierno federal (sueldos, salarios, subsidios y pensiones), mismo que en 20 años (1990-2010) se elevó significativamente de 9.5% a 14.9% del PIB. Solo entre 2000 y 2010, el gasto corriente creció a una tasa promedio anual de 5.86%, en contraste con la economía que lo hizo a una tasa de 2.29%” (Luis C. Ugalde); b) La riqueza que genera PEMEX, se utiliza para financiar “subsidios” a los mexicanos, y muchos sirven para focalizar y combatir la pobreza. El problema surge cuando estos subsidios se utilizan para crear clientelas políticas y electorales; c) La riqueza de PEMEX, se utiliza para entregar “excedentes” económicos a los gobiernos estatales y municipales, los cuales deben ser utilizados para generar mayor riqueza, bienestar y desarrollo social, aunque hay que considerar lo siguiente: “en los últimos 12 años, PEMEX entregó a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, más de 7 billones de pesos vía impuestos, derechos y aprovechamientos, por ello, sus rendimientos netos, después de descontar los impuestos, derechos y aprovechamientos, le han permitido –en los últimos 20 años-, invertir solo 9.6 dólares por cada 100 de ingresos, mientras que la empresa brasileña PETROBRAS puede invertir 33 dólares por cada 100 que obtiene de sus ingresos totales” (Carlos Huerta D.).Entonces, si alguien me preguntara ¿yo que gano con tener un PEMEX más eficiente? mi respuesta sería, “porque su riqueza debe alcanzar para financiar parte del desarrollo de todas las regiones del país en las cuales tú vives”. Desde luego, sugiero no esperar un cheque personalizado de esta empresa. ¿Y todo esto sucede en realidad? Tampoco lo creo, pero aún así, la respuesta es clara, y el “deber ser” tendría que ser más evidenciado e impulsado para convertirlo en “realidad”.Bien, y ahora ¿qué hacemos con PEMEX y con los políticos que aprovechan la historia de México y desempolvan ese discurso electorero de Buenos contra Malos, asegurando que los actuales inquilinos del gobierno federal quieren vender la patria? Lo primero, es reconocer que México necesita una reforma energética expansiva y transversal, que va más allá de reformar a PEMEX. Lo segundo, es reconocer que una reforma integral, expansiva y transversal en materia energética, no será posible si no se toma en serio una reforma profusa a PEMEX, sobre todo, reorientar el objetivo y el destino de la riqueza que genera. Tercero, repensar e impulsar, desde el espacio público, el valor real y efectivo que deben tener las instituciones en México, por ejemplo, abrazar la idea de que “la importancia de las instituciones estriba en que son la fuente auténtica de la realidad política, y en las cuales necesariamente se deben apoyar los cambios sociales, ya que sin ellas no es posible lograr una identidad nacional, la unión de todas las fuerzas reales de poder, los objetivos de nuestro nacionalismo apoyado en la Constitución, entre los que destaca la democracia institucional y una justa distribución de la riqueza pública” (Andrés Serra R.).En conclusión, no creo que PEMEX esté agonizando; mas bien esto me parece un mito genial que alguien ha creado para justificar su “modernización”. Entonces, ¿PEMEX necesita cambiar o no? Yo creo que sí y de manera urgente, pero también, la visión y los intereses de la clase política gobernante.Blog: http://christiangutierrezalonso.wordpress.com/.