Perfiles
SINDICALISO, FORTALEZA Y DEBILIDADES. Por definición, los sindicatos tienen la función de evitar abusos de los patrones, mejorar ingresos económicos, obtener y fortalecer prestaciones de carácter social en favor de sus agremiados y familias, resultando de esto “el equilibrio” entre los factores de la producción. En el terreno sindicalista este puerto se ha ganado a pulso un reconocimiento nacional. Nadie podrá negar que en la ex paraestatal Sicartsa y el Sindicato Minero fueron ejemplo, uno como patrón, y del otro lado como forjador de un sindicalismo libre, democrático y “luchista”. Su ejemplo se convirtió en influencias fuera de esa empresa trasladándose a los sindicatos regionales, y en varios puntos del país. También gremios de la industria y de servicios locales se han “inspirado” en las conquistas de los mineros, con sus debidas proporciones. Varios de los gremios regionales se formaron y se fortalecieron con ex mineros con su experiencia sindicalista. Así se reflejó en las desaparecidas PMT y NKS, y luego con la nueva Fertinal, que a la fecha, el Sindicato Minero detenta el Contrato Colectivo con la Sección 274. En el mismo ejemplo se observa en las instituciones como el Ayuntamiento y Capalac. Los sindicalistas más destacados de estos gremios, pasados y actuales, fueron mineros. Con esa vasta experiencia estos dirigentes han logrado sumar para sus representados jugosas prestaciones bastante similares a las de los mineros. ¿Esto es bueno? Por supuesto que sí. Pero no sería malo reflexionar sobre los alcances económicos diferenciando entre una industria que genera recursos en base a la producción, con otras cuya misión son los servicios públicos y cuyos ingresos son los impuestos de la sociedad, como son el Ayuntamiento y Capalac. En sus principios y propósitos, no hay diferencias entre el sindicalismo de la industria con el de servicios. Las dirigencias de ambos tienen la misión de evitar trato abusivo por parte del “patrón”. Pero también es obligación de los líderes cuidar la fuente de trabajo, considerada esta como fuente “única” de la existencia misma del sindicato y por ende de sus representados. En esto estriba la fortaleza del gremio. Ni el “patrón” ni el sindicato se pueden proponer la desaparición de la otra parte. De lo contrario, la fortaleza se convierte en la principal debilidad. De nuevo los mineros son ejemplo: en agosto pasado, en plena revisión salarial, su líder Napoleón Gómez Urrutia tuvo que reprender a sus representados ante la advertencia del patrón de reajustar trabajadores si se perdía el equilibrio entre los factores de la producción. Es decir, la fuerza del sindicato se estaba revirtiendo. El dirigente puso la disyuntiva: cumplir con su misión en las áreas de trabajo o vendrían otros “eventuales” a ocupar el puesto. La amenaza de la empresa llegó para quedarse y está vigente. Aún están a la vista las consecuencias de la privatización de la ex Sicartsa en 1991. De 5,200 sindicalizados la plantilla quedó casi a la mitad. En esa ocasión no hubo alterativa para los trabajadores. La mano de obra desplazada fue contratada por “prestadores de servicios”, pero sin los derechos contractuales. Y así están a la fecha. ¿Y a qué todo esto? Que los dirigentes no deben mal utilizar la fuerza sindical. Entre los sindicatos del Ayuntamiento y del Capalac se aprecian diferencias. Mientras que el de Capalac lucha por la sobrevivencia común, es decir, por la permanencia de la empresa, en el sindicato del Ayuntamiento se aprecian debilidades que podrían confundirse con supuesta fortaleza sindical. Veamos: Autoridad y sindicato se han venido enfrascando en desentendidos nada convenientes para la responsabilidad pública que ostentan. Han dejado de lado la sapiencia y paciencia causando daño a quienes deben servir. Dardos con veneno van y vienen. No se dan cuenta que sus desencuentros están provocando muchas voces que ya exigen como solución la privatización de algunos servicios tanto preventivos como operativos de la administración. La actual o cualquier otra autoridad municipal, y del nivel que sea, están buscando reducir costos operativos. Lo estamos viendo en el estado y en todo el país. No es cierto tampoco que las prestaciones de los trabajadores son el motivo del quebrando de los recursos municipales. Pero si innegable que son factor que influye en los costos operativos. De lo que no hay duda en este embrollo, es que las dos partes deben actuar con la cordura y mesura que amerita el caso. ¿El Ayuntamiento tiene o no facultad legal para descontar impuestos a sus trabajadores? ¿Los trabajadores están obligados a pagar el impuesto sobre su trabajo? ¿Es indispensable reajustar la plantilla de sindicalizados? Si no hay acuerdo común es muy sencillo: acudir a los tribunales. Pero ni la autoridad debe actuar con soberbia, ni los dirigentes deben cerrarse a conocer la problemática financiera del gobierno. Motivar “tortuguismo”, parar labores, hacer marchas y plantones son desde luego una demostración de la fuerza gremial. Pero acciones como esas no abonan a la solución del problema. En lugar de usar esas herramientas de presión, las partes deben agotar la obligación que la ley les impone y no es otra cosa que la comunicación abierta y sin medias tintas. Puedo estar en el error, pero estimo que las dos partes-Ayuntamiento y dirigentes sindicales-, están asumiendo posturas político-partidistas fuera de la lógica “relación obrero-patronal”. Tengan por seguro que la sociedad, como parte principal afectada, está atenta de la actitud de las dos partes porque están en juego lo único que los ciudadanos deben recibir de la autoridad y sus trabajadores: servicios públicos de calidad y a tiempo. HASTA LA VISTA